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Fetish Fitness: las parafilias sexuales cobran vida en el gimnasio

Los juegos de dominación se confunden con la preparación física en las singulares clases de fitness de Mistress Anna, la dominatrix entrenadora

Mantenerse en forma puede ser un martirio. Y todo por culpa de esta vida lacia de oficina, silla y pantalla que llevamos. Al final del día, la actividad física natural de muchos de nosotros se reduce a poco más que caminar unos cientos de metros, subir unos cuantos peldaños, empujar unas cuantas puertas y, con suerte, darle alegría a la pelvis con la pareja o el tinderazo de turno. Fuera de ahí, la mayoría lo confía todo al trabajo en el gimnasio, el gran salón de las torturas (voluntarias) de nuestro tiempo.

Machacarse en el gimnasio puede ser sinónimo de sufrir y sentir dolor. También de sumisión, en la medida en que, al menos al principio, reconocemos la autoridad del monitor, confiamos en sus recomendaciones y aceptamos sin rechistar el plan de entrenamiento que nos prepara; si él dice treinta repeticiones, vamos a intentar llegar a las treinta, aunque los brazos o las piernas empiecen a doler como muelas rotas después de la quinta subida. En ese sentido, se podría entender que el preparador dosifica nuestro castigo físico, nos educa en una disciplina que va a llevarnos a situaciones de dolor muscular, y en ese camino nos hace sentir, aunque no sea esa su intención, culpables por nuestra falta de voluntad y nuestros pequeños excesos de cada día. Es una situación que aceptamos con gusto. Y eso, según se mire, tiene algo de gesto masoquista. Partiendo de esa idea, basta cambiar al preparador fisico de turno por una dominatrix profesional y, voilá, tenemos “fitness fetichista”.

Ese es el filón que ha decidido explotar Mistress Anna en las clases de su Forced Fitness Fetish Boot Camp. O la preparación física para aquellos que encuentran placer y excitación sexual en la dominación, la humillación y el dolor.

La propia dominatrix, que también es preparadora física titulada, explica aquí su aventura en primera persona. “Había visto online que había entrenadores que ofrecían clases personalizadas a gente aficionada a la cultura BDSM, pero nadie había creado un gimnasio. Creo que entre mucha de la gente que no se ejercita existe la suposición de que los lugares de entrenamiento son generalmente bastante sádicos. No creo que el Forced Fitness Fetish Boot Camp sea una drástica progresión a ese respecto".

Máscaras de cuero, cross-dressing, pañales, pinzas para pezones y máquinas de ejercicios conviven en extraña armonía en estas sesiones. Los ejercicios son fundamentalmente los mismos que los de una clase de fitness normal, sólo que aquí hay añadidos específicos como, por ejemplo, colgar un disco de peso de los genitales del sumiso que se ejercita.

“Al comienzo de la sesión se arrodillan mientras les coloco sus collares y les pregunto sobre sus faltas. Durante las clases fuerzo sus límites y demando de ellos que trabajen más duro. Hago que besen mis botas mientras hacen flexiones de brazos, me siento en su regazo cuando trabajan los triceps o me siento sobre ellos cuando están en postura en tabla, y golpeo sus traseros con una pala si su rendimiento no cumple con mis expectativas ”.

No sabemos si Mistress Anna cobrará el doble ahora que se desdobla como preparadora física, pero desde luego sus clientes matan dos pájaros de un tiro gracias a ella.

Ya nada escapa al culto a la eficiencia y la gestión eficaz del tiempo. Ni las parafilias sexuales.

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