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Feminismo en verso: cuando la poesía se vuelve un afilado cuchillo

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Cuatro jóvenes autoras que hablan de género, de feminismo y de libertad

Luna Miguel

31 Octubre 2014 17:46

Aleksandra Waliszewska

Hay entrañas blandas: esas que son cursis y que esconden sentimientos manidos. Pero luego hay entrañas afiladas, que al contrario que las primeras, se parecen a un cuchillo capaz de hacernos mucho daño, y de abrir en canal el mundo para explorarlo desde dentro. Cuando aquí decimos entrañas, en realidad, nos estamos refiriendo a poesía. Porque ninguna otra palabra podría ser mejor sinónimo que esta, y porque ningún otro color podría definir mejor el rojísimo rastro que los versos de algunas nuevas autoras deja sobre nuestras manos al sostener sus libros.

La menstruación, la homosexualidad, el maltrato, lo transgénero, la reivindicación, la maternidad, la depresión, la bulimia, el homenaje a esas mujeres que estuvieron antes que nosotras y también el constante cuestionamiento sobre quiénes somos, cuál es nuestro papel en el mundo y qué hemos de hacer ahora que estamos aquí, con las manos y los cerebros preparados para luchar. Esos son algunos de los temas que rondan los poemas de una nueva generación de poetas que desde distintos lugares del mundo han decidido utilizar la poesía como un su mejor arma política.

A pesar de tener una guerra común, las cuatro autoras que presentamos a continuación tienen estéticas bien distintas. Si la poesía de Sara Torres o Laia López Manrique tiene algo que oscila entre lo lírico y lo filosófico, los de Joshua Jennifer Espinoza y Bunny Rogers están fuertemente relacionadas con el vómito de la nueva ola estadounidense. En todas ellas, sin embargo, existe un rasgo común, y es que todas parten de experiencias personales para narrarnos el mundo. Esas experiencias que nos hacen sentirnos fuertemente apegadas a su voz. Esas con las que componen estos cuatro libros necesarios:

1. La otra genealogía, de Sara Torres (Torremozas)

A principios de 2014 la joven poeta Sara Torres ganó el premio Gloria Fuertes de poesía gracias a este libro, que desde hace unas semanas podemos reservar en nuestras librerías. La otra genealogía es su primer poemario, aunque también podríamos decir que es su primer tratado filosófico, su primer libro de historia, su primera enciclopedia de sentimientos perfectamente perfilados. El amor de la mujer y el amor por la mujer son los temas que aquí encontramos latentes. A veces parecen cantos paganos, y otras veces hechizos de una de esas hermosas brujas que antaño habrían sido llevadas a la hoguera pero que hoy, sin embargo, son nuestras mejores maestras. Amo a la mujer /de los siete océanos /los dos de sus ojos /los dos de su pecho /el vientre /el sexo /y la memoria /Nuestro amor es bendecido.


2. My Apologies Accepted, de Bunny Rogers (Civil Coping Mechanisms)

Mi arte da asco, dice el primer poema que abre el nuevo libro de Bunny Rogers. Un libro que no da asco, pero que sí enamora desde la misma portada. Lo que sus páginas esconden es un conjunto de brevísimos poemas que casi recuerdan a tuits, o a pequeñas pinceladas que recogen experiencias brutales (hola Bunny soy papá / ¿estás bien? te he escuchado vomitar); que cuentan cuentos de hadas tristes (la seguridad es dañina /en la cama a la que pertenezco); que recuerdan cuánto dolor causan los hombres (nada de ti me falta/ arruinaste mi vida); o que buscan desesperadamente un final feliz (soñé que era una soñadora). La poesía de Rogers nos invita a querer abrazar. Como ocurre con los mejores libros: nos obliga a querer ser sus amigos para siempre.

3. I’m alive It hurts I love it, de Joshua Jennifer Espinoza (Boost House)


El segundo libro de la editorial del activista Steve Roggenbuck no podía ser otro que el de Joshua Jennifer Espinoza, probablemente una de las autoras más atrevidas, sinceras e interesantes del panorama estadounidense actual. Espinoza ha escrito un poemario muy breve que contiene poemas delgados en los que se habla de qué significa nacer en un cuerpo con el que no se identifica. La suya es una poesía que plantea preguntas pero que encuentra soluciones desde el mismo título: estoy viva, duele, me gusta. Una poesía que habla de transformación y de aceptación de uno mismo. Una poesía que desde la depresión que la sobrevuela consigue encontrar la confianza suficiente como para hacer que queramos seguir así de vivos (aunque duela).

4. La mujer cíclica, de Laia López Manrique (La Garúa)

Mi cuerpo es la razón/ la única razón /que me ocupa /y me basta, escribe Laia López Manrique, aunque en su libro La mujer cíclica hay más de un cuerpo latiendo con la intensidad que el suyo promete. En estas páginas la poeta da vida a otras tantas escritoras y mitos femeninos que no quiere que caigan en el olvido. Porque no hay que dejar a un lado a quiénes estuvieron aquí antes que nosotras. Su leche ácida es lo que hoy corre por las venas de las nuevas creadoras. Sus palabras punzantes son las que hoy ayudan a hablar a las nuevas poetas. Sus vidas tristísimas son las que hoy inspiran para que la máquina no se detenga. Porque como dice López Manrique, escribir es levantar una casa, una techumbre.

Y en este hogar de poetas tan salvaje y caliente ¿cómo no querer refugiarse?

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