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Apolline, una FEMEN en viñetas

Un hombre occidental, caucásico y heterosexual firma una oda al femenismo en una historia del colectivo más polémico de la actualidad

Apolline sufre lo que acostumbramos a llamar micromachismo. En la calle, en el trabajo y hasta con su familia, esta joven publicista de París ve cómo su vida depende, en exclusiva, de su cuerpo.

Pero Apolline ha llegado a su límite. Está harta de que desconocidos la acosen y de tener que desabrocharse el botón de su camisa para vender más. Además, ha visto por la televisión unas activistas que se dedican a denunciar el machismo intrínseco en cada rincón.

Ahora, Apolline lo tiene claro: va a unirse a FEMEN.

Diario de una FEMEN es una historia ficticia que esconde una verdad traspasable a cualquiera de sus activistas

En 122 páginas, el autor Michel Dufranne relata lo que ha vivido, durante cuatro años, en una organización tan reivindicativa como polémica. Él es un hombre occidental, caucásico y heterosexual. No tiene nada que ver con este colectivo y, sin embargo, explica con pelos y señales la realidad de FEMEN a través de una historia ficticia que esconde una verdad traspasable a cualquiera de sus activistas.

"A menudo, encuentro todo eso pueril. Pero ellas tienen los cojones de hacerlo y, queramos o no, les dan donde más les duele"

En Diario de una FEMEN vemos una defensa clara contra todas las críticas que la organización ha recibido desde su fundación.

¿Su discurso es simple? Sí, por supuesto. Pero alguien tiene que hacerlo. "A menudo, encuentro todo eso pueril. Pero ellas tienen los cojones de hacerlo y, queramos o no, ellas les dan donde más les duele y consiguen que algunos desvelen cómo son en realidad", argumenta uno de los mejores amigos de Apolline.

¿Odian a los hombres? No. Odian a los machistas. Dufranne acierta en retratar a varios hombres junto a las activistas de FEMEN. Porque no es necesario ser mujer para ayudar a una causa feminista. Y en Diario de una FEMEN queda claro.

¿Sus objetivos son demasiado pretenciosos? Claro. "La dictadura, la religión y la industria del sexo", como especifica una de sus líderes en París, son los tres pilares contra los que luchan a través de cuerpos pintados, eslóganes directos y miradas fruncidas. Son objetivos prácticamente imposibles de derrocar, pero no cabe duda de que, como mínimo, han generado un debate sustancial que estaba totalmente chapado.

La única crítica es la típica a FEMEN: ¿Por qué todas "están buenas"?

Quizás la única crítica que no consigue desvelar es la que más suelen hacer al grupo: ¿Por qué todas "están buenas"?

Apolline y sus compañeras no están fuera de los estándares de belleza impuestos en la sociedad actual. Más bien, están muy dentro. En un momento de la historia, una de ellas explica que no podría ser una activista por su “mal cuerpo”:

"¡Eres superfotogénica, Sophie! ¡Desde ya estarás en todos los shootings!"

Uno de los mejores detalles de Diario de una FEMEN es que gran parte de los actos machistas provienen de mujeres

Este diario no es apto solo para mujeres. Ni siquiera para feministas. La obra de Dufranne es un jarro de agua fría para todos los que hacen o hacemos un poco más difícil la vida de quienes nos rodean por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino. Es un llamamiento a pasar del hartazgo a la revolución. Enseñar las tetas es lo de menos. Ser una FEMEN es solo una opción más para acabar con esta realidad oculta que se manifiesta en pancartas o vines.

Apolline ya no sabe vivir con la boca cerrada. Porque “desde que me levanto, hay una pequeña voz en mi cabeza que todas las mañanas me dice otra vez preocupada: no eres más que una mujer, así que deja de sonreír, ten miedo y alégrate de vivir en Francia con la boca cerrada... ¡He decidido decir basta!”.

Diario de una FEMEN es un llamamiento a pasar del hartazgo a la revolución donde enseñar las tetas es lo de menos

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