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El 'gasolinazo', la causa de la indignación que estremece las calles de México

México arde por la brutal subida del precio de la gasolina

México vive su invierno más caliente desde hace años. Y la gasolina está alimentando el fuego.

Desde el mismo 1 de enero, las protestas, movilizaciones, bloqueos de carreteras y saqueos de tiendas se han sucedido por todo el territorio del país. ¿El culpable? Una subida sin precedentes de hasta el 20% en el precio del combustible.

El conocido como "gasolinazo" ha agujereado los bolsillos de los mexicanos y amargado las navidades para muchos ciudadanos que han visto como la subida del precio hacía imposible que pudieran llenar el depósito. De nuevo, las clases más humildes han sido las más afectadas en un momento en el que el panorama político y económico del país está creando una olla a presión cuyo pitido resuena en la calle cada vez más fuerte.

¿Qué ha provocado el gasolinazo?

El 28 de diciembre el Gobierno de Enrique Peña Nieto hacía público que los precios de la gasolina serían liberados como parte de la Reforma Energética aprobada en 2014. Es decir, el Estado decidía acabar de golpe con el monopolio de la gasolina que Pemex, empresa estatal, lleva disfrutando casi 80 años.

La Reforma Energética se ha llevado por delante el monopolio del que desde hace casi 80 años disfruta la empresa estatal Pemex, provocando una subida drástica del precio de la gasolina

La razón de esta liberalización hay que buscarla en la profunda crisis que ha hecho que Pemex entrara en coma. Los resultados de contabilidad del año 2015 ya revelaron que la enfermedad estaba muy avanzada: según Bloomberg, solo en ese año las pérdidas de Pemex se situaron en los 32.000 millones de dólares, las mayores de su historia.

Las pérdidas acumuladas, junto al estado de las viejas refinerías que trabajan apenas al 50% de su capacidad, crearon una situación insostenible, un agujero negro que el Estado no podía permitirse el lujo de seguir subvencionando. Así que el Gobierno decidió que lo mejor era barrer de una vez por todas con los subsidios.

"México tenía hasta hace poco un sistema donde el precio de la gasolina no iba de acuerdo al mercado sino a lo que dictaba el Gobierno. Eran precios artificialmente bajos y la diferencia con el precio del mercado era un subsidio. Pero el tamaño del subsidio fue aumentando con los años, el precio del petróleo también estuvo muy alto... El caso es que llegamos a estos años con un subsidio a la gasolina mayor en cuantía a lo que el país gasta en programas sociales. Era un absurdo porque además era un subsidio muy regresivo porque se benefician más los que tienen más dinero y empresas que se dedican al transporte", analiza Vidal Romero, jefe del Departamento de Ciencia Política del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Privatizar en el peor momento

Con el fin del subsidio lo que pretende conseguir el Gobierno es la entrada de empresas privadas en el sector petrolero mexicano. "El propósito esencial del aumento de precios es acelerar la transferencia del mercado al sector privado. El coste de la creación de ese jugoso negocio recaerá en la ciudadanía, de manera directa en los consumidores de gasolina y de manera indirecta en toda la población por encarecimiento del transporte, los productos básicos y la mayoría de los bienes y servicios. La gasolina será más cara en los lugares remotos y de difícil acceso donde hay pobreza y marginación y más barata en los barrios ricos de alta demanda", denuncia en un artículo Víctor Rodríguez Padilla, catedrático de UNAM y especialista en economía y política de la energía.

Con el fin del subsidio lo que pretende conseguir el Gobierno es la entrada de empresas privadas en el sector petrolero mexicano.

En este momento, las gasolineras mexicanas son concesiones, es decir, establecimientos privados pero que debían poner los precios a la gasolina que marcaba Pemex. Ahora que se ha liberalizado parte del precio, se espera que gigantes como Shell o Exxon entren en el juego y comiencen a marcar un precio de mercado como ocurre en otras partes del mundo.

Sin embargo, la liberación de los precios se ha producido en el peor momento posible. El estreno de Donald Trump como presidente de los EEUU es inminente y el malestar social que ha supuesto su elección se siente más fuerte que nunca. A las preocupaciones de que Trump cumpla sus amenazas y construya un muro entre México y EEUU se le suma la drástica caída del valor del peso, que alcanzó mínimos récord la semana pasada cuando Trump criticó a Ford y General Motors por fabricar en México.

Las largas raíces del descontento

Los problemas con el vecino engreído, la corrupción, el aumento de las tasas de homicidios, el florecimiento de nuevos cárteles y la debilitación de la economía se han sumado al gasolinazo, creando una bomba que le ha estallado a Peña Nieto en la cara. Los mexicanos están tan enfadados que los índices de aprobación del presidente han caído por debajo del 25%. Y aún le quedan dos años para acabar su mandato.

Los problemas con el vecino engreído, la corrupción, el aumento de las tasas de homicidios, el florecimiento de los cárteles y la debilitación de la economía se han sumado al gasolinazo, creando una bomba que le ha estallado a Peña Nieto en la cara.

El aumento del precio de la gasolina, que también se ha sumado al aumento del precio de la electricidad, ha sacado a la gente a la calle. Desde el mismo día de la subida piden que el gobierno dé marcha atrás.

"Comprendo el enojo que esto provoca en la población pero no hacerlo hubiera supuesto poner en riesgo la estabilidad económica del país", pronunció Peña Nieto la semana pasada en un intento de tranquilizar a la población. Pero sus palabras han tenido el efecto contrario.

A finales del 2016 se conocía que de cara al 2017 los magistrados y jueces federales recibieron un bono de 250 dólares al mes para gastar en gasolina. Un interesante regalo que refleja que mientras a la población se le pide que aguante y apriete el cinturón algunos funcionarios disfrutan de privilegios que están muy lejos de ser acordes a la situación del país.

La impunidad, los privilegios y el abuso que el Gobierno lleva años ejerciendo sobre los ciudadanos ha llenado las calles de indignación. A las manifestaciones pacíficas se han sumado disturbios violentos que ya han dejado 6 muertos, 1.500 detenidos, 400 estaciones de servicio cerradas por vandalismo y cientos de comercios saqueados a modo de repulsa por la medida pero también aprovechando el clima de descontento general.

Según Vidal Romero del ITAM, la medida era necesaria pero se ha hecho de la peor manera y en el peor momento posible. "El problema es que con el aumento tan fuerte, seguramente van a aumentar muchos bienes de consumo básico y las personas con menos ingresos, gran parte o la totalidad de esos ingresos se irá al consumo de esos bienes", asegura. No es noticia que una vez que sube el precio de la gasolina, todos los demás productos, desde el pan hasta los productos de lujo, se encarecen por los costos del transporte.

"El problema es que con el aumento tan fuerte, seguramente van a aumentar muchos bienes de consumo básico y las personas con menos ingresos, gran parte o la totalidad de esos ingresos se irá al consumo de esos bienes".

A pesar del más que obvio malestar ciudadano y de las futuras manifestaciones masiva convocadas para los próximos días, el gobierno no parece que vaya a recular en su decisión. Todas las previsiones auguran que la situación será aún peor a medida que avance el año. Guillermo Abaumrad, director de Estrategias de Mercado de Finamex Casa Bolsa, ha advertido a Forbes México que en febrero los precios volverán a subir.

Quién sabe de lo que será capaz de provocar un segundo gasolinazo.

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