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Esta será la revolución mejor vestida de la historia

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Hablamos con Fashion Revolution, promotores de diversas acciones a favor del consumo responsable de ropa

Ignacio Pato

14 Mayo 2015 06:00

Acabo de mirarme la etiqueta de los vaqueros. Están hechos en Pakistán.

A mi lado tengo a 5 personas. Una lleva una blusa hecha en Bangladesh. Otra, zapatillas de China. Sumémosle una camiseta camboyana y otra hecha por bangladesíes. ¡Ah! y un par de zapatillas que alguien hizo en Tailandia.

Ninguno aquí sabemos en qué condiciones ha sido fabricado lo que nos hemos puesto esta mañana. Y somos la generación más informada de la Historia.... pero no sobre la ropa.


¿Qué sabemos sobre nuestra ropa?



Es de las primeras cosas que hacemos cada mañana. No hay día que no lo hagamos. Vestirnos. Eduardo Croissier sabe que esta puede ser la próxima revolución. Junto a cientos de activistas forma parte de la organización española de Fashion Revolution. Su última acción es simple y directa: una máquina en la calle que vende camisetas a 2 euros. Cuando la gente mete el dinero para comprar una, un vídeo le muestra quién y cómo ha hecho esa prenda.

Claro: el 80% ya no la quería.

"El 80% de las personas, una vez que saben quién ha fabricado una prenda de 2 euros, deciden donar ese importe para ayudar a esa persona", dice Eduardo. Con él, le vamos a poner nombre a esta gran injusticia: fast-fashion.

La fast-fashion, una ropa que no respeta derechos laborales ni medioambientales básicos, se explica con un ejemplo muy gráfico, ocurrido hace unos días. Con motivo del Fashion Revolution Day, este colectivo hizo un sencillo llamamiento a los internautas: fotografiar la etiqueta de una prenda de ropa y mencionar en Twitter a la marca que la vendió, con una simple pregunta: "¿quién hizo mi ropa?". La respuesta fue masiva.

La respuesta de los internautas, claro. Porque la de las marcas brilló por su ausencia. Solo Zara respondió a Sonia, una chica de Barcelona. Su chaqueta con capucha había sido hecha por 2 subcontratas ubicadas en Turquía. Eso son muchos contratos para una chaqueta, con o sin capucha.


"Esto es una realidad en la industria de la moda, que tiene que sacar una producción a tan gran volumen. Pensemos que muchas de estas tiendas venden prendas a 9 €, a 19 €, que se agotan en cuestión de días y hay que reponerlas", reflexiona Eduardo. "Además, esto genera una toxicidad tremenda en los países en los que se producen estas cantidades industriales de ropa".

La fast-fashion es insostenible porque estas prendas se hacen con unos márgenes muy estudiados y con unos costes de producción ridículos. Ese es el secreto para que esas prendas puedan dar beneficios aun vendiéndolas con descuentos de hasta el 70%. En cualquier otro sector, nadie puede asumir unos descuentos tan agresivos y seguir ganando dinero.

Un corazoncito por WhatsApp

Conforme hablo con Eduardo, se me está formando en la cabeza una pregunta:

¿Le mandaríamos un emoticono de corazoncito por WhatsApp a una persona que no deja de hacer putadas?

Pues algo así es lo que hacemos cada vez que compramos sin informarnos. "Con cada compra que hacemos estamos mandando un mensaje a la industria. Tenemos que tener la opción de decirle a una marca 'oye, me encantan tus productos pero en estas condiciones no los quiero comprar'". La información es poder.


Me encantan tus productos pero no los quiero comprar



Pienso en mis vaqueros pakistaníes. No sé cómo están hechos, pero intuyo que no por alguien que haya tenido las mismas oportunidades que yo. "Ser coherente no es fácil. A veces, por no querer más problemas o porque ya tenemos bastantes preocupaciones encima, bajamos la cabeza y nos hacemos los locos. Eso es inseguridad, miedo, egoísmo… Eso es humano", me confirma Eduardo Croissier.

Pero gestos pequeños repetidos muchas veces pueden llegar a ser un cambio significativo. Y la revolución ya sabemos que no será televisada. Para Eduardo, "estamos en un ciclo muy viciado. Es un cambio lento. La industria de la moda es muy poderosa y mueve mucho dinero. Luchamos contra hábitos y costumbres de décadas".


Lo que estás sintiendo leyendo esto es normal



En definitiva, todo lo que importa requiere esfuerzo. Aunque el poder se ha equivocado convirtiéndonos en meros consumidores.

Vivimos en un momento en el que puedes tener más influencia pensándote qué hacer con una camiseta en la mano que con una papeleta de voto. Según Eduardo, "si apoyamos el consumo local y a las pequeñas marcas que desarrollan proyectos sostenibles, sin duda, mandaríamos un mensaje alto y claro. Al final las empresas tendrán que adaptarse o morir".

Sigo pensando en mis vaqueros de 20 euros. Son increíblemente baratos. "No es que la ropa sostenible sea cara, es que la ropa fast-fashion es muy barata. Se fabrica pagando salarios de 13 céntimos al día por jornadas laborales de entre 12 y 16 horas. Eso es inhumano. Así es cómo se ofrecen prendas a 19,90 € con una campaña de publicidad tremenda, contratando modelos y famosos", zanja Eduardo.

Hablando con Eduardo me viene a la cabeza aquel documental en el que un tipo se ponía nosecuantotiempo a comer únicamente en McDonald's. El tipo del docu se sentía muy mal físicamente, las digestiones eran casi inexistentes. Y comer en McDonald's es algo que, por cierto, dejé de hacer ni me acuerdo cuándo. Ya no puedo dejar de ver la fast-fashion como la fast-food que llevamos puesta cada día.

No voy a dejar de ponerme estos vaqueros, pero sí sé que en unos meses tendré que tirarlos. Estarán destrozados.

Con la ropa fast-fashion sucede algo que todos sabemos: no dura nada. Y la ropa debe durar. "Siempre he oído a mis padres y mis abuelos, decir que antes todo duraba más. Si cuidabas algo, podías tener algo que durase décadas", dice Eduardo.

Como decía la punk Vivienne Westwood, "compra menos, elige bien y haz que dure". Y ella diseña y vende ropa.


Compra menos, elige bien y haz que dure



Y sí. Claro. Claro que sí. La ropa es importantísima. Empezar a preguntarnos sobre la ropa que usamos no significa que vayamos a vestir "peor". Este argumento es el gran aliado de las empresas que no quieren que nada cambie. Estaríamos siendo hipócritas si no hablásemos de ropa con criterios estéticos. La ropa puede ayudarte a sentir mejor.

La ropa implica un estado emocional, se compra impulsivamente. Eduardo lo tiene claro: "Hay que unir sostenibilidad, valores y diseño, dentro de los códigos de la moda".

Así que no, no vamos a renunciar a vestir bien. De hecho, vamos a vestir mejor.

Será la revolución con mejor aspecto de la Historia.


Cambia el mundo cada mañana



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