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Falsas acusaciones, torturas y discriminación: las detenciones arbitrarias en México

Les privan de su libertad sin ofrecerles ninguna explicación, sin leerles sus derechos y condenándoles a pasar días, semanas o años en prisión. Allí permanecen a la espera de un juicio por un delito que nunca cometieron

Gabriel Guerrero / Amnistía Internacional

Sin haber cometido ningún delito, José Humberto Márquez fue detenido en el estado de Nuevo León, México, por "parecer sospechoso". Al cabo de unas horas, estaba muerto.

Tenía 25 años y el principio de su final tuvo lugar cuando la policía le llevó, junto a otros arrestados, ante el fiscal general. Durante el trayecto fueron atacados por un grupo armado. Algunos fallecieron, otros terminaron heridos y Márquez salió ileso.

La Secretaría de la Marina acudió al rescate de los supervivientes para trasladarles en helicóptero al Hospital Universitario de Monterrey. Pero él nunca cruzó sus puertas. Al día siguiente apareció asesinado junto a una bolsa con estupefacientes y con marcas en el cuerpo que indicaban que había sido torturado.

Su caso se remonta a 2010. Es un flagrante ejemplo de una realidad que sigue golpeando a México. Así lo ha denunciado hoy Amnistía Internacional en el informe Falsas sospechas, detenciones arbitrarias cometidas por la policía de México, que condena el encarcelamiento a inocentes por conjeturas sin fundamentos.

A estas víctimas les privan de su libertad sin ofrecerles ninguna explicación, sin leerles sus derechos y condenándoles a pasar días, semanas o años en prisión. Allí permanecen a la espera de un juicio por un delito que nunca cometieron.

                                                                                                                                     Gabriel Guerrero / Amnistía Internacional

"México está faltando a sus obligaciones de proteger los derechos humanos al permitir que el cuerpo de policía siga cometiendo de forma cotidiana detenciones arbitrarias. Lo hacen con total impunidad. Y eso solo hace que nuestra justicia sea un simulacro", lamenta a PlayGround un investigador de Amnistía Internacional para México, Carlos Zazueta. También ha sido él quien ha dicho que no hay datos fiables que quantifiquen la magnitud de esta práctica.

A pesar de que estos abusos escapan de cualquier atisbo de razón, la policía encuentra sus sucios motivos para que el infierno irrumpa de forma inesperada en la vida de un inocente.

Pueden detener para demostrar falsamente que son fuerzas efectivas o porque han recibido un soborno de un tercero con sed de venganza. Otros pueden caer en las garras policiales por ser opositores políticos al gobierno, por participar en movimientos sociales o por ser defensores de los derechos humanos. Y también hay ocasiones en las que no hay más razón que querer cerrar un caso para el cual nunca encontraron al verdadero culpable.

"La policía ejecuta detenciones arbitrarias con total impunidad. Y eso solo hace que nuestra justicia sea un simulacro"

Una historia que prueba las motivaciones que hay detrás de esta injusticia es la de José Adrián, de ahora 15 años. El adolescente maya, con una discapacidad que le impide escuchar adecuadamente, fue detenido en 2016 después de que un coche de policía fuera apedreado por otros jóvenes a los que no lograron localizar. Él no había estado en el lugar ni en el momento en el que acontecieron los hechos. Pero fue el único al que vieron. Así que aquello fue suficiente para golpearle, pisotearle el cuello, quitarle los zapatos y la camisa y esposarle privándole de su libertad sin notificarlo a su familia.

Se trata de una imposición de la fuerza que normalmente se perpetra contra el paria y los migrantes que se encuentran en los suburbios más marginales. O, lo que es lo mismo, contra los que no cuentan con nadie que levante la voz en su defensa. Un perfil condenado a sufrir la brutalidad policial.  Sus detenciones se justifican bajo premisas como "estaba en una zona a la que no pertenece", "estaba en la calle por la noche" o "parecía sospechoso".

Aunque desde el punto de vista de Zazueta, la realidad está muy lejos del relato de los agentes. "México acarrea un grave problema histórico de discriminación que incluso repercute en la policía. Suelen ir a por los jóvenes que parecen más pobres, y no toda la sociedad lo ve mal".

                                                                                                                                             Sergio Ortiz / Amnistía Internacional

Las detenciones no solo arrebatan la libertad a aquellos que no han infringido la ley. También les pueden someter a torturas como los abusos sexuales que sufrió Verónica entre rejas, que le acompañarán de por vida. La violencia se suele emplear para arrancar una confesión o una acusación contra otro. "Detienen a varios. Por ejemplo, a cinco. Y así todos terminan culpándose entre ellos. Aunque también hay una normalización de maltratar a los arrestados", denuncia Zazueta.

Para garantizar un mayor respeto de los derechos humanos, en 2016 se empezó a aplicar un nuevo sistema penal con el que se pretendía enmendar las malas prácticas que surgieron con el anterior. Hoy se exige la presencia de un juez en todas las fases del proceso penal, pero la justicia aún es un horizonte casi inalcanzable.

"Hay agentes que no están lo suficiente capacitados en sus funciones, por lo que aún cometen errores. Otros vienen del antiguo sistema y a algunos ni siquiera les preocupa que se sigan cometiendo estas irregularidades. E incluso, en algunas ocasiones, las faltas vienen por parte del juez o del fiscal", denuncia Zazueta.

Dos sistemas judiciales distintos, casos que sucedieron con seis años de diferencia y en lugares diferentes e inocentes entre rejas por la misma razón: detenciones arbitrarias que hoy se siguen cometiendo con total impunidad.

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