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Facebook quiere saber por qué nos auto-censuramos

La red social sabe lo que publicas... y también lo que te callas

Vertimos muchas opiniones en Facebook, pero nos auto-censuramos muchas más. ¿Qué estás pensando justo ahora? Hasta las pelotas de la gente que... Y paras. Aprietas la tecla retroceso y te dices que quizá no valga la pena. ¿Qué vas a sacar de cagarte en el gusto musical de ese compañero de universidad o de confesarle a tu prima que su bebé es más bien feo? Por el bien de nuestra vida social, es mejor que ciertos pensamientos sigan siendo privados.

En realidad, no lo son. Tal y como revela un reciente estudio a cargo del estudiante de doctorado Sauvik Das y el científico de datos Adam Kramer, presentando en la International Conference on Weblogs and Social Media, Facebook sabe todo lo que has escrito en su plataforma, aunque hayas decidido al final no publicarlo. Para recolectar esta información “oculta” Facebook manda un código a tu browser. Este código analiza todo lo que tecleas, ya sean actualizaciones de estado o comentarios en posts de amigos, y automáticamente envía metadatos de vuelta a Facebook. Es una tecnología similar a la que utiliza Gmail para almacenar los borradores de los correos que no mandamos. Claro que Gmail lo hace para ayudarnos. Facebook no sólo lo hace sin el consentimiento de sus usuarios, sino que estos no obtienen ningún beneficio de ello.

¿Pero para qué quiere Facebook saber aquello que no publicamos?

El principal activo de Facebook es el contenido. Gracias a nuestras actualizaciones de estado, las fotos que compartimos y las páginas que nos gustan la red social puede ofrecernos publicidad a medida. Facebook analiza aquella información que decidimos no compartir para entender por qué no la compartimos y, así, poder modificar su funcionamiento para que esta auto-censura sea cada vez menor. Cuanto más contenido generemos, más valor tendrá Facebook de cara a sus anunciantes. Por eso, según el baremo moral la compañía, cada vez que decidimos no compartir algo estamos siendo egoistas, actuando de forma injusta para con la comunidad, porque siempre puede haber alguien al otro lado que encuentre de interés aquello que estuvimos a punto de soltar. Su interés (el de Facebook) en los contenidos que tú (no) generas es de otro tipo, claro. Monetarizar es la consigna.

Hasta el momento, habíamos asumido que todo lo que hacíamos y decíamos online podía ser monitorizado. Parece que ahora debemos aceptar que también quede constancia de aquello que no hagamos o que preferimos callarnos. Suena a ciencia-ficción distópica pero es una realidad. Ahora, ¿alguien sigue creyendo que esa carta abierta al Congreso para protestar contra el espionaje era realmente para defender a los usuarios?

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