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Explosiones en el cosmos: el día en que la carrera espacial tocó fondo

Major Malfunction es el documental que el New York Times acaba de publicar en Internet sobre la catástrofe del Challenger

¿En qué se parecen la caída de las Torres Gemelas, el derrumbamiento de las bolsas en 2008 y la explosión del transbordador Challenger el 28 de enero de 1986? Los tres sucesos son aporías; desvelan sucesos incomprensibles a la razón y al mismo tiempo arrojan una misma pregunta al mundo entero: ¿cómo es posible?

Major Malfunction: Revisiting Challenger es el documental que el New York Times acaba de publicar en la web. Su tema es la catástrofe de la NASA y en él leemos una historia que Occidente suena especialmente familiar: no hay nada que no sea demasiado grande para caer.

O como dice en el documental Diane Vaughan, autora de The Challenger Launch Decision:

—Nadie esperaba que nada pudiera ir mal.

En pleno esplendor de Reagan, con la Guerra Fría a punto de llegar a su fin y tras haberse erigido flamante ganadora de la carrera espacial, a mediados los ochenta la NASA se había convertido en un orgulloso emblema de Estados Unidos. Y el Challenger, que había sido construido a principios de esa década, era el gran orgullo de la casa.

Pero eso fue hasta que la ambición de la agencia desbordó su propio talento.

—La NASA tenía planes ambiciosos —dice en el documental Allan J. McDonald, de la subcontrata Morton-Thiokol.

Explosiones en el cosmos: el día en que la carrera espacial tocó fondo

Morton-Thiokol era una de firmas responsables de los cohetes aceleradores del transbordador, precisamente cuestionados por los ingenieros de la agencia: en su opinión, los diseños eran potencialmente catastróficos. Sin embargo, los directivos del proyecto desoyeron las advertencias. Por si fuera poco, Morton-Thiokol era una de las subcontratas privadas a las que NASA había tenido que recurrir para llevar a cabo los ambiciosos planes de los que McDonald habla.

Luego pasó lo que todos sabemos: todo fue mal.

Entonces Reagan enunció aquella famosa frase de que la tripulación había “tocado el rostro de Dios”, aunque casi más poética que la suya es la idea que pone punto final al documental del New York Times:

—Muchos de nosotros trabajamos en organizaciones complejas y nunca llegamos a advertir lo mucho que nos ignoran, completamente.

Se refiere, claro, a la negligencia de los responsables del vuelo.

Ahora que empiezan a oírse voces de cómo la carrera espacial pasa a manos de inversores privados, Major Malfunction es un documental de obligatorio visionado.

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