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Exjefes de inteligencia sirios vinculan a Assad con el origen del ISIS

Assad habría dejado libertad a las células yihadistas para que desestabilizaran Irak. Al final de la guerra los encarceló, y luego los volvió a soltar para desvirtuar la revolución de la Primavera Árabe

Una de las teorías geopolíticas dominantes es que el ISIS fue un grupo terrorista promovido por monarquías suníes del Golfo Pérsico como Catar y Arabia Saudí con el fin de ganar una guerra regional contra Irán, la principal potencia chií. También existe la sospecha de que la CIA apoyara a sus aliados árabes en la creación del califato, con el objetivo de provocar una guerra civil en Siria contra el presidente chií Bachar al-Assad, que además de ser un aliado de Irán, lo es de Rusia.

Pues bien, The Daily Beast pubica una investigación que cita a exaltos cargos de los servicios de inteligencia sirios. Estos señalan que fue el propio Assad quien estuvo detrás del origen del ISIS.

La teoría parece descabellada (¿Cómo iba alguien a crear una célula que mata a sus propios soldados y que arrasa las ciudades de su país?). Sin embargo, lo que viene a decir es que el tirano sirio necesitaba que la rebelión de la Primavera Árabe de 2011 se militarizara y fuera monopolizada por los yihadistas. Así, podría mostrarse ante el mundo como alguien cuyo país ha sido destruido por los terroristas aliados de EEUU y Arabia Saudí, y legitimarse como presidente.

Autobombardeos e infiltración en las cúpulas del ISIS

Las principales revelaciones de estas fuentes señalan que los servicios de inteligencia sirios, conocidos como mukhabarat, ordenaron bombardeos contra edificios del Gobierno para recrudecer la imagen violenta de la revuelta; dejaron libertad de movimiento a miembros de Al Qaeda en su tránsito hacia Irak, cuando se gestó el ISIS; se inflitraron en las principales cúpulas militares del califato y se han abstenido siempre de entrar en combate directo contra su principal plaza, Raqqa.

Según el relato, todo comenzó en los años posteriores a la Guerra de Irak. Entonces, al Gobierno de Assad le interesaba alimentar la insurgencia en el país vecino. Assad temía que después de la deposición de Saddam Hussein él fuese el próximo tirano en caer, con una invasión militar aliada. Por ello, una guerra larga y de desgaste contra EEUU en Irak abortaría esos planes.

Por ejemplo, de agosto de 2006 a agosto de 2007, al menos 600 muyahidines de Al Qaeda cruzaron la frontera de Siria con Irak. Eran combatientes procedentes de todo el mundo, que encontraron tráfico libre en Siria, según cables de Wikileaks e informes de la inteligencia de EEUU sobre el personal de Al Qaeda.

Aparte de dar combustible a la insurgencia iraquí contra EEUU, la no-colaboración contra el terrorismo de Siria tenía otra finalidad: que EEUU levantase las sanciones económicas contra el país. Si había sanciones, no había detenciones en Siria

Según esa información, la inteligencia siria estaba al corriente de este movimiento y el ejército tenía órdenes de no atacarlos de manera directa. Aparte de dar combustible a la insurgencia iraquí contra EEUU, la no-colaboración contra el terrorismo de Siria tenía otra finalidad: que EEUU levantase las sanciones económicas contra el país. Si había sanciones, no había detenciones en Siria.

Desde el inicio de la guerra de Irak, las fuentes señalan que unos 20.000 combatientes yihadistas cruzaron la frontera con Siria. Aparte de ellos, otros 5.000 eran fanáticos religiosos que darían forma al ISIS. Al terminar la contienda, muchos de los primeros volvieron a Siria. Estaba fichados por los servicios de inteligencia y muchos de ellos terminaron en cárceles del régimen.

Cárceles sirias o semilleros de yihadistas

Según varios opositores de Assad encarcelados con ellos, los miembros de Al Qaeda o excombatientes yihadistas en Irak tenían un trato excepcional. Una de las fuentes explica que la prisión de Sednaya, al norte del país, fue un semillero del actual ISIS y de grupos radicales como Jabhat al-Nusra o Ahrar al-Sham. Varios de sus actuales dirigentes estuvieron en esa cárcel y fueron liberados en el transcurso de la rebelión contra Assad en 2011.

En los inicios de la rebelión, los activistas contrarios a la dictadura de Assad y los miembros de la oposición fueron encarcelados junto a terroristas. Artistas, abogados, estudiantes y políticos fueron mezclados con fundamentalistas para mostrar al mundo que todos ellos eran parte del mismo movimiento.

Los yihadistas liberados estaban controlados por los propios servicios de inteligencia y el objetivo de su liberación fue desatar una guerra intestina entre los sectores de la oposición, como finalmente ocurrió. De esta manera, además, Assad se erigía como el único defensor del orden y podía legitimar sus acciones de guerra contra la población.

Un caso llamativo de esta vinculación de los servicios de inteligencia con las células terroristas se remonta a 2006, con la detención del líder de Al Qaeda Nadim Baloush. El terrorista pidió que le soltaran esgrimiendo como argumento a su favor que trabajaba para Assef Shankat, cuñado de Assad y un alto cargo del Ministerio de Defensa.

Sea cierto o no, el relato de estos desertores de la inteligencia de Assad deja clara una cosa: si el dictador sirio quería desvirtuar la Primavera Árabe en Siria, lo consiguió con creces. Porque ahora la lucha ha quedado reducida al orden de hierro de Assad frente al terror del Estado Islámico.

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