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Europa, mujer maltratada: 62 millones de motivos para seguir denunciando la violencia machista

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Un estudio de la UE revela cifras alarmantes de incidencia del maltrato en el viejo continente

Alba Muñoz

05 Marzo 2014 12:35

Esta vez no hablamos de un continente masacrado por la guerra y la falta de oportunidades, sometido a las leyes tribales más mortíferas o a inexplicables ataques sexuales en grupo. Hoy hablamos de Europa, de las europeas, y no precisamente de lo que ocurre entre las paredes de sus casas y que permanece protegido tras la cortina de la privacidad.

El informe que hoy sacude todos los medios de comunicación, el mayor de la historia en este ámbito, elaborado por la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA), transmite la idea de que el concepto “violencia doméstica” se queda corto para definir el maltrato sistemático que sufre la mitad femenina de habitantes del continente. Deberíamos hablar de violencia cotidiana, de la violencia nuestra de todos los días: 62 millones de mujeres han sufrido violencia machista; una de cada tres ha experimentado agresiones físicas o sexuales y más de 9 millones han sido víctimas de violación.

Víctimas de todas las clases

Uno de los puntos más interesantes del informe de la FRA es que descarta estereotipos sobre las víctimas de la violencia machista. En los países nórdicos, considerados pioneros en bienestar social, la incidencia es altísima: la mitad de las mujeres de lugares como Dinamarca (52%), Finlandia (47%) o Suecia (46%) aseguran haber sufrido violencia física o sexual desde los 15 años por parte de una pareja actual o pasada. El orgullo español por el porcentaje atribuido (22%) debería aplacarse, pues no existe aquí la misma conciencia y cauces para la sensibilización y denuncia.

Se desmiente también que este tipo de “vida turbulenta” se de entre las mujeres sin recursos y menos formadas: más de un tercio de las víctimas aseguraron haber sufrido agresiones en el ambiente laboral, por parte de jefes, compañeros o clientes. Además, cuanto mayor es la responsabilidad profesional y el grado de formación académica, mayor es el riesgo de ser objeto de ese tipo de ofensas sexuales, asegura la FRA. El problema, pues, no es de clases, sino que atraviesa la sociedad de forma transversal.

El iceberg callado

violencia machista

Sería interesante conocer las reacciones femeninas y masculinas ante los resultados de esta encuesta realizada a 42.000 mujeres de los 28 países de la Unión. ¿Se sorprenden ellos? ¿Nos sorprendemos nosotras?

Parece imposible cuestionar la vigencia del patriarcado y las múltiples formas que tiene de manifestarse: desde los micromachismos tolerados, revestidos de humor y naturalidad, hasta el sexismo en los medios o la publicidad. La punta del iceberg está representada por agresión sexual visible, escandalosa, ante la que los gobiernos emiten campañas de “tolerancia cero”, pero la base se compone de una inercia social abrumadora y que atañe a ambos sexos.

Sólo una de cada tres víctimas denuncia las agresiones."Muchas mujeres no denuncian sus experiencias de abuso a las autoridades, así que la mayoría de la violencia contra las mujeres sigue oculta y, por tanto, los delincuentes no son confrontados", ha señalado el director de la FRA, Mortem Kjaerum. Apenas el 14% de las víctimas de violencia de género denuncia a la policía la agresión más grave sufrida.

Para las mujeres, advierte el estudio, aún supone un estigma admitir que han sido agredidas, digerir que las libertades y derechos acumulados en la ciudadanía europea no son suficientes para frenar la aparición del sometimiento o las relaciones de poder; para otras, socializadas en la dominación, es más práctica la aceptación, aprender convivir con ello y no enredarse con tanto trapo sucio.

La alarma que ha generado este estudio tiene más que ver con las cifras exorbitantes que con el trasfondo. Sin embargo, lo preocupante es el silencio colectivo, diario, latente: Todo lo que impide que valga la pena alzar la voz, tanto en casos graves como en conversaciones entre amigos o familiares, tan llenas de presiones sutiles y métodos de exclusión. Los hilos invisibles que acaban sellando labios. Lo perturbador es que se haya tenido que hacer una encuesta para revelar algo que experimentan 62 millones de mujeres en Europa.

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