Actualidad

Espadas, garfios y vómitos a chorro: cuando la performance extrema baja a la televisión

No están en ningún museo y no son reconocidos como performers, pero la pandilla de artistas extremos de Venice Beach revive como nadie la tradición de la feria ambulante y la cultura outsider

Hoy casi nadie se acuerda de Carnivale, una magnífica serie producida por HBO entre 2003 y 2005. La serie contaba la historia de una feria ambulante muy especial que recorría unos desolados Estados Unidos durante los años de la Gran Depresión. La audiencia no correspondió a la enorme ambición de la serie. Sin embargo, era un producto fenomenal, de factura exquisita, que se alimentaba de la fascinación que sentimos por el freak show, ese mundo de renegados y outsiders, oculto a los ojos de la sociedad bienpensante. Frente al tedio y el miedo del ciudadano de a pie, la suya es una realidad incomprendida y libre de corsés.

Puede que Carnivale fuese un fiasco, pero su versión popular es hoy uno de los últimos éxitos televisivos en EEUU. Su título es Freakshow, se emite en la AMC y su origen está en Venice Beach, donde una pandilla de artistas extremos continúa esa tradición y pone al límite sus capacidades corporales, despertando la misma mezcla de maravilla y repulsión que probablemente podía sentir un aldeano del medievo cuando el carnaval llegaba a la ciudad.

El plantel es el que uno podría esperar: Morgue, el regurgitador que traga sables y vomita líquidos a distancias sobrehumanas; Jessa la mujer barbuda; "La Criatura", un hombre con tantas modificaciones corporales que uno apenas distingue su rostro; y Asia, la chica que escupe fuego. De entre todos, Morgue es el que más llama la atención por lo llamativo y peligroso de sus números. El es quien provoca desmayos y náuseas. Y es el más popular con diferencia. Él lo hace porque "la vida cotidiana es aburrida. Cuando estoy cara a cara con la muerte, me siento vivo". Morgue cuenta con un discurso parecido al de algunos performers extremos de nuestro tiempo. La única diferencia es que él sale en un programa de variedades.

Una y otra vez vemos cómo el espectáculo de los límites humanos nos atrae y nos repele, y lo hace mediante un universo de monstruos de feria que más o menos a todos nos resulta familiar. En él hemos conocido grandes ejemplos en el mundo audiovisual, desde el Freaks de Todd Browning hasta El Hombre Elefante de David Lynch, precisamente porque contiene algo que entendemos de forma casi epidérmica: es el vértigo del cuerpo empujado fuera del cuerpo. Esa picazón que sentimos en el Pasaje del Terror, o cuando conocemos casos de modificaciones corporales extremas u operaciones de cirugía que muchos calificarían como enfermizas. Mujeres que quieren ser como Barbie o Jessica Rabbit, hombres que quieren parecerse a Justin Bieber, fakires, performers, artistas que trabajan mediante rituales con fluidos...

Detrás de todos estos casos puede haber una ambición artística, como la que tenían los teóricos de la "Nueva Carne" en los 80. La ambición de trascender los límites del cuerpo y entrar en nuevos estados de evolución humana. O puede haber sólo un ansia desmedida de notoriedad. Con los años y la espectacularización del mundo, cada vez es más complicado delimitar dónde está la frontera entre arte "elevado", el entretenimiento popular y la simple chaladura, especialmente cuando de lo que se trata es de personas que arriesgan su integridad física. Lo que parece seguro es que mientras siga viendo seres humanos capaces de ello, nosotros seguiremos mirando, intentando tal vez sentir una fracción de lo que siente Morgue cuando se atraviesa la garganta con ganchos de carnicero: la pura excitación de vivir en nuestros frágiles carcasas.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar