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“Esclavismo digital”, o cómo cobrar 0,43 euros por escribir un artículo

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Ofertas laborales que ni siquiera deberían llamarse así

Carmen López

04 Febrero 2015 06:00

Ilustración de Kaiti Hsu

Que el actual mercado laboral es un desastre es un hecho que nadie pone en duda. No hay trabajo y el que hay es un desastre.

Sin embargo, también aquí hay gradaciones.

Malo es que te paguen 800 euros por 40 horas a la semana y con jornada partida pidiéndote experiencia profesional, dominio de varios idiomas y dos másteres de especialización. Peor es que te pidan tener conocimientos de inglés y de informática para ser pastor y esquilador de ovejas (nunca se sabe en qué idioma balarán esos misteriosos animales lanudos). Inconcebible es que tu trabajo valga céntimos. O vales intercambiables por productos. O que ni siquiera estés seguro de ir a cobrarlo.

Ese fue el caso de T.C, un diseñador gráfico con años de experiencia en el sector, que a lo largo de su trayectoria se ha encontrado con ofertas de trabajo que servirían para echarse a reír. O llorar.

Cuenta T.C. que hace unos dos años recibió un mail de una compañía de cine que estaba terminando de hacer una película. Se presentaron y le hablaron de los tiempos difíciles en que vivimos. “Me dijeron que no disponían de mucho dinero para la promoción”. Necesitaban un cartel para la película que iban a presentar en un festival. “A mi me darían la oportunidad de ganar visibilidad”, detalla T.C.

El diseñador insistió en que les tenía que pasar un presupuesto y recibió esta respuesta por parte de la compañía: “Nos puedes hacer el cartel pero queremos tener unos cuantos de otros diseñadores para elegir el que nos guste, no podemos pagar a alguien y que no nos convenza el resultado”. Entre risas, comenta: “Me plantee ir a cenar a 5 restaurantes y pagar el que más me gustase”.

El mundo del trabajador freelance está repleto de ofertas difíciles de creer. Por ejemplo, en esta página llamada trabajofreelance.es se pueden encontrar ofertas como la que sigue:

“Requerimos un redactor serio y responsable para una relación de larga duración. Necesitamos una amplia cantidad de contenidos para las categorías de nuestro portal legal, artículos de 300 palabras en los que la información en esencia no cambia, pero deben estar redactados de manera 100% original cada uno. Por cada encargo semanal de 20 artículos se pagarán 10USD. Los artículos se entregarán en formato word semanalmente cada viernes”.

Si se hace la cuenta, cada artículo sale a 0.50 USD.

Es decir, 0,43 euros.

¿Quién diría que no?

Laura Fernández es periodista especializada en viajes y creadora del blog Meridiano180. Su experiencia también está llena de ofertas de trabajo que ni siquiera pueden ser calificadas de precarias: “Por si las ofertas de eurocolaborador —esas en las que un artículo con foto y SEO vale 1 o 2 euros— no nos parecían poco vejatorias, ahora no es que un artículo valga menos que un café, sino que hemos vuelto a la época del trueque, pero a lo cutre”.

Laura lo explica con una oferta: “Una importante aerolínea low cost me ha ofrecido redactar contenidos para su web a cambio de puntos canjeables en Amazon. Cuantas más visitas tenga el post, más puntos. Una vez llegues al mínimo, ¡premio! Está muy bien, voy a proponérselo también a mi casero, lo mismo prefiere que le pague con tickets regalo”.

T.C. y Laura imaginan lo que supondría trasladar sus ofertas de retribución a otros sectores más tradicionales: sería totalmente inconcebible.

Laura cuenta otra oferta inquietante: “Esta misma semana nos han propuesto trabajar como comerciales para una agencia de viajes nada barata. ¿La remuneración? En función del número de clientes que captes te hacen rebaja en el precio del viaje al que, además, asistirás como guía. Vamos, que ya ni siquiera trabajas gratis, sino que ahora pagas por trabajar. Última tendencia, también irresistible”.

Inteligencia humana detrás de las máquinas y esclavismo digital

En 1769 Wolfgang von Kempelen inventó una farsa llamada El Turco: un robot de madera que jugaba al ajedrez mecánicamente y conseguía vencer a casi cualquiera de sus oponentes de manera automática.

El “muñeco” inteligente de Keplen estaba sentado en una especie de armario y viajaba por todo el mundo ganando a sus contrincantes. Su inventor mostraba al público el funcionamiento del maniquí: abría las puertas del armario y mostraba el mecanismo que le hacía funcionar. Sin embargo, luego se descubrió que en realidad dentro había un señor experto en ajedrez realizaba las jugadas.

De esa idea (y de su nombre) Amazon diseñó en 2005 Mechanical Turk, una plataforma a través de la cual las empresas pueden conseguir trabajadores para realizar tareas que precisen inteligencia humana. Esto incluye, entre otros ejemplos, edición y transcripción de podcasts, rellenar encuestas, escribir posts para blogs o traducir textos de ejecución humana.

Según la propia descripción de Amazon: “Las empresas o los desarrolladores que necesiten que se realicen tareas (denominadas tareas de inteligencia humana o "HIT") pueden utilizar las potentes API de Mechanical Turk para acceder a miles de empleados bajo demanda, de calidad alta, a bajo coste y de todo el mundo y, a continuación, integrar mediante programación los resultados de dicho trabajo directamente en sus procesos y sistemas empresariales. Mechanical Turk permite a los desarrolladores y a las empresas conseguir sus objetivos más rápidamente y a un coste más bajo de lo que antes era posible”.

Al otro lado se encuentran los trabajadores que proporcionan la inteligencia humana. Estos reciben las peticiones de las empresas, a las que pueden responder diversos ‘usuarios’. Cuando un número concreto de usuarios dan la misma respuesta, la HIT se aprueba.

Eso sí, sólo se pagará a los trabajadores que han proporcionado buenos resultados.

¿Y si no? Pues no se cobra. Así de simple.

La propia plataforma lo utiliza como reclamo: “Pague solo por lo que utilice; no hay cuota mínima ni por adelantado”.

Las retribuciones que suelen ofrecer las empresas que trabajan a través de este medio suelen moverse en un ratio de entre 1 y 5 dólares. Para poder cobrar lo que se gana se necesita una cuenta corriente estadounidense o estar presente en Amazon Payment, es decir, una cuenta en el propio Amazon.

Con un poco de suerte, puede que en un año el trabajador se compre un par de libros en la plataforma.

Este tipo de trabajos —tanto el turco de Amazon, como los eurocolaboradores— reciben la denominación de “esclavismo digital” y no respetan ningún tipo de derechos laborales ni están sometidos a ningún control, por lo que, por ejemplo, podría haber menores de edad realizando este tipo de labores.

La cuestión es: ¿puede estar todo permitido en Internet?

Si en “el mundo real” nadie aceptaría cobrar con vales de comida o de descuento, tampoco esto debería existir en Internet.

Y pedirle a un esquilador vasco que se entienda con su oveja en inglés, tampoco.



















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