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Erotismo cotidiano, o cómo enamorarse de un mueble

Parafilias que son arte, arte que es amor

Convertirse en mueble, dejar que nuestra carne se parezca a la madera, que nuestros músculos sean como cajones, que los demás nos toquen el cuerpo como esperando encontrar el cuero de un sofá, la frialdad de una encimera, la rigidez de una pata de una mesa cualquiera.

Convertirse en silla, en estantería, en cama. El sentimiento de placer se extiende cuando el papel pintado de la habitación nos hace desaparecer, casi camaleónicos, casi recreados en una hermosa parte de nuestra casa.

Existe esta parafilia, sí: la de encontrar erotismo en lo más cotidiano. La de querer devenir un trozo de tela o un trozo de plástico o un trozo de cualquier material aparentemente no viviente pero completamente excitante para nuestros huesos.

Fornifilia es la palabra con la que definiremos esta obsesión que recorre las fotografías eróticas de Polly Penrose, una artista que ha dado vida a los espacios y a los objetos más sosos de los hogares, dotándoles de una belleza femenina que a veces asusta y que a veces, también, excita.

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