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Sexpic Fail: 5 maneras estúpidas de seducir a tu pareja

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La tele nos ha enseñado muchas cosas, pero entre ellas no está la de avivar la llama del amor

Luna Miguel

17 Septiembre 2014 09:51

De las comedias románticas británicas y de las sitcom ambientadas en pequeños apartamentos neoyorkinos hemos aprendido demasiado sobre el amor… Demasiado mucho y demasiado poco, porque si bien ninguno de esos productos culturales no ha enseñado a sentirnos más amados, lo que sí  han conseguido es que aprendamos a reírnos de todos los contratiempos que la vida en pareja presenta a diario. La peleas estúpidas, los celos estúpidos, las gestiones estúpidas, las etapas estúpidas que sí o sí todo monógamo moderno ha de superar.

De entre todas las pruebas de esta gincana sentimental, una de las más apasionantes es precisamente la que requiere que pongamos sobre la mesa toda nuestra pasión e ingenio: ¿cómo seducir a tu pareja cuando hay mucho estrés, cuando hay mucho trabajo, cuando el amor parece distraído o cuando los dos estáis más que saciados de toquetearos mutuamente porque lleváis demasiados años compartiendo hogar? Porque el amor, como las comedias románticas y las sitcom americanas, está lleno de cosas ridículas, de contradicciones y de altibajos en los que ahora tiene ganas uno y ahora tiene ganas el otro, pero nadie sabe ni cómo ni cuándo terminarán por consumarse todas esas energías.

Aquí, sin embargo, encontramos algunas pistas:

Uno: despertar suavemente con las sábanas enredadas y dejando ver carnecilla tras el pijama

Es por la mañana y la cosa está que arde… en tu cabeza. Aún no ha sonado el despertador y estás a tiempo de quitarte la sábana por aquí, remangarte el pijama por allá e intentar que tu pareja, al abrir los ojos, no pueda resistirse a la erótica suavidad de la mañana. Nada más lejos de la realidad. CLONG CLONG CLONG CLONG, ¿dónde están mis gafas? El gato salta a la cama. CLONG CLONG CLONG, ¿haces el favor de apagar el despertador? El fuego se apaga rápidamente, pero al menos sólo tú (y quizá el gato) te has dado cuenta. Qué triste.

Dos: mensajes subliminales en conversaciones sobre el día de trabajo

Ha sido un día muy LARGO. No te imaginas QUÉ DURO. He estado dejándome EL CULO. Necesito un MASAJE. Necesito GRITAR. No veas QUÉ GANAS DE RELAJARME. Todo el día SACANDO Y METIENDO documentos. Necesito tu APOYO. ¿Me vas a dar tu APOYO o no?

(Claro, cariño)

(Nada, que no lo pilla).

Tres: entre pompones y plumeros mi aspiradora es la más sexy

El domingo es día de lavadoras y de limpieza, y quizá haya llegado el momento de sacar músculo moviendo muebles, o de agacharse mucho para recoger unas cuantas migas. También está el típico movimiento hipnótico del plumero arribabajarribabajo, o la heroicidad de quien al fin pudo cambiar esa bombilla con manos fuertes y sudorosas.

O a la desesperada:

—Qué ganas tengo de probar las sábanas nuevas, mira qué bien huelen a limpio. Deberíamos probarlas, amor.

—Fantástico, pues voy a echar la siesta.

Cuatro: el álbum de fotos de cuando sí

Ya está, este álbum de fotos será infalible. Vuestros primeros retratos en la Universidad, vuestros primeros momentos capturados con una cámara analógica, vuestros primeros viajes, aquellos en los que lo hacíais como animales sin apenas salir del hotel… En cuanto vea todo esto, piensas, no habrá vuelta atrás, porque nada hay mejor que recuperar una pasión del pasado. Abres la carpeta de 2009 y esperas a que tu rostro devuelva ciertos sentimientos aunque la reacción, por desgracia, acaba siendo otra: ¡CÓMO PUEDO HABER ENGORDADO Y ENVEJECIDO TANTO EN ESTOS CINCO AÑOS, GRACIAS POR DEPRIMIRME, ME VOY AL GIMNASIO!

Cinco: el aceite hirviendo no es lo más caliente de esta cocina

La gastronomía puede ser muy persuasiva. Todo depende de qué sabores y de qué colores y de qué ingredientes pongas en juego. El único fruto del amor es la banana, dicen, y por eso un arrocito a la cubana con platanitos y salchichitas y sugerentes montoncitos de arroz podría ser la combinación ganadora. ¿Que te pide pasta? Pues le pones penne. ¿Que te pide verdura? Pues le pones calabacín. ¿Que te pide fruta? Pues melones, o sandías, o melocotones, ya da igual. ¿Que te pide que hoy salgáis a comer fuera? Pues te quedas con las ganas, y además, pagas.

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