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"Se dijo que el arroz dorado supliría unas carencias. Pero solo era un negocio"

Greenpeace habla con PlayGround sobre las duras críticas vertidas contra ellos, las últimas novedades del TTIP y la prórroga del glifosato

La Comisión Europea acaba de dar una prórroga de 18 meses de autorización a uno de los pesticidas más controvertidos del mundo: el glifosato. Para los ecologistas parecerá una mala noticia, pero no lo es.

Este pesticida ya fue denunciado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, es uno de los más usados en la agricultura industrial, sobre todo practicada en Estados Unidos. Esta agricultura se caracteriza por cultivos genéticamente modificados, más conocidos como transgénicos o GMO por sus siglas en inglés. Los GMO han sido diseñados para tener mayor tolerancia a este tipo de pesticidas. De hecho han contribuido a su proliferación.

La lucha de las grandes multinacionales agrícolas se centra ahora en contrarrestar la declaración de la OMS para que el glifosato sea un pesticida que se use sin restricciones. En todo el mundo y, por supuesto en Europa. En este sentido, la industria tuvo motivos para sonreír cuando la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria estableció que el glifosato no representaba ningún riesgo para la salud. Las cosas, sin embargo, no iban a ser tan fáciles.

La declaración de la OMS todavía pesa y, por eso, las autoridades europeas han dado una prórroga de 18 meses para que un tercer organismo decida finalmente sobre la viabilidad de este pesticida y sus consecuencias para la salud. Ese organismo será la Agencia Europea de Sustancias Químicas. En este plazo de 18 meses tendrá que dar el veredicto que afectará a los alimentos (y productos de jardinería) que consumen los ciudadanos de la Unión Europea.

‬Este pesticida ya fue denunciado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, es uno de los más usados en la agricultura industrial, sobre todo practicada en Estados Unidos.‪

Lejos de considerar esta prórroga como una derrota, Luis Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España, lo ve así:

“Normalmente, cuando la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria da luz verde a un producto, la autorización suele ser de 15 años, cuando se vuelve a revisar. Sin embargo, la controversia que ha generado el glifosato en la opinión pública por la declaración de la OMS y la presión de entidades sociales y ONG ecologistas ha hecho que la Comisión haya reducido la autorización al glifosato de 15 años a 18 meses. El objetivo es que en este plazo se pronuncie la Agencia Europea de Sustancias Químicas, que podría determinar si el glifosato queda excluido permanentemente como elemento tóxico o, si por el contrario se queda, como un elemento sin riesgo para la salud”.

La prórroga de 18 meses la ha adoptado la Comisión Europea de manera unilateral, ante la falta de pronunciamientos sobre el tema de los Estados miembros. Cuando se conocieron los informes contradictorios de la OMS y de la Autoridad de Europea de Seguridad Alimentaria, se pidió a los países que tomaran una postura —a favor o en contra del glifosato—. También se les pidió qué regulaciones iban a aplicar para el pesticida. Algunos países lo hicieron dentro del plazo, pero otros, como Francia y Alemania no han dicho nada. Ferreirim lo atribuye a la controversia que ha generado este pesticida en la opinión pública, y porque también es uno de los elementos clave de la negociación del tratado de libre comercio (TTIP) que Europa espera firmar con EEUU.

Las relaciones peligrosas entre el TTIP y el glifosato

De manera sospechosamente coincidente, la misma semana que la Comisión ha ampliado el plazo para la autorización del glifosato, la comisaria de Comercio Cecilia Mälstrom ha declarado que espera que se aceleren las negociaciones del TTIP con Estados Unidos. La siguiente ronda de negociaciones del tratado se producirá en los primeros días de julio y la funcionaria quiere que las conversaciones se aceleren de manera que, para finales de año, se hagan las concesiones necesarias para que el tratado tenga vigencia.

El glifosato y otros pesticidas similares son uno de los principales puntos que separa a la UE y EEUU en las negociaciones del tratado. EEUU quiere rebajar las regulaciones de seguridad alimentaria que actualmente tiene Europa. Lo hace en representación de sus multinacionales agrícolas como Monsanto, propietaria de la primera marca de glifosato en el mundo ( Roundup) y responsable de la mayoría de agricultura transgénica. Esto permitiría a las empresas estadounidenses exportar productos agrícolas transgénicos sin pasar las evaluaciones de riesgo europeas. Por ende, podrían también exportar más cultivos que han sido tratados con glifosato.

Si la Agencia Europea de Sustancias Químicas se decantase por el camino de la OMS, la legislación europea pondría serias trabas a las exportaciones agrícolas de EEUU hacia Europa. Esto, obviamente, ha enfadado al grupo estadounidense que negocia el cierre del tratado. El plazo de 18 meses en lugar de la autorización de 15 años ha supuesto un revés en las negociaciones.

Sin embargo, el riesgo que existe ahora mismo es que las negociaciones del TTIP se cierren antes del plazo que Europa tiene para decidirse sobre la toxicidad del glifosato. Si las cláusulas del TTIP indican que el glifosato tiene que ser autorizado, el trabajo de la Agencia Europea de Sustancias Químicas podría quedar paralizado. Por otro lado, también podría ocurrir que el TTIP se retrasase hasta que la UE diese un veredicto sobre el glifosato. O que una resolución contraria al glifosato, posterior a la firma del tratado, modificase los términos del TTIP en esta parte.

Pero son todo elucubraciones. Como recuerda Ferreirim, “las negociaciones del TTIP se han desarrollado en el secreto más absoluto”.

‬El glifosato es uno de los principales puntos que separa a la UE y EEUU en las negociaciones del TTIP. EEUU quiere rebajar las regulaciones de seguridad alimentaria que actualmente tiene Europa‪

Los gobiernos —y por ende los pueblos a los que representan— no han tomado parte en las negociaciones, que se han dejado en manos de las élites europeas, sobre todo de la comisión. Tampoco lo han hecho los europarlamentarios ni los grupos de interés como Greenpeace que, en este caso defienden los derechos ecologistas y la salud de los consumidores.

Según una filtración de este año sobre las negociaciones secretas del TTIP, se conoció que políticos y lobbistas solo podían acceder a las reuniones bajo unas estrictas medidas de seguridad. Estas tenían que garantizar que la información de las reuniones no trascendería a la opinión pública.

Ferreirim considera importante que se diferencien dos cosas: “la soberanía de la Unión Europea y el libre comercio”. Asegura que el segundo “no puede condicionar las decisiones que internamente se toman para ser aplicadas en suelo europeo”. Es decir, un tratado de libre comercio no debería generar una regulación única para la agricultura en EEUU y Europa. “Si Europa decide rechazar el glifosato y los cultivos transgénicos, EEUU debería respetarlo”, asegura.

Un segundo paso lógico sería que, debido a esa legislación, la UE tampoco aceptase productos con origen transgénico o tratados con pesticidas como el glifosato. Aunque no estuviesen producidos en suelo europeo, obviamente. Y por este punto es por lo que EEUU quiere rebajar las regulaciones europeas, además de por las futuras posibilidades de negocio que esto abriría. Si Europa autoriza permanentemente el glifosato o rebaja los requisitos a los transgénicos, empresas como Monsanto desembarcarían en el continente con muchos millones y nuevos cultivos. El TTIP, además de amenazar a la salud de los consumidores europeos, supondría también el principal enemigo de los agricultores locales.

Por otro lado, el TTIP también ha provocado que en la UE se estén revisando los criterios de evaluación de riesgo de los cultivos transgénicos. En concreto, Ferreirim dice que "se está intentando establecer criterios muy laxos para identificar los disruptores hormonales y que los transgénicos de nueva generación no se sometan a la actual legislación. A más indefinición, más fácil será para los grandes negocios introducirlos”.

Premios Nobel a favor de los transgénicos

De la otra parte, no son pocas las voces que se han alzado para descriminalizar los cultivos transgénicos. Grandes nombres de la ciencia los ven como una oportunidad. Coincidiendo con las declaraciones de Mälstrom y la prórroga de 18 meses al glifosato, un manifiesto de 107 premios Nobel ha declarado “el riesgo cero para la salud de los productos transgénicos”. Esto, en parte, es verdad, porque no se ha demostrado el riesgo de los GMO. Pero tampoco se ha demostrado lo contrario.

A lo que sí apunta Ferreirim es que los transgénicos y los pesticidas a los que han dado lugar (como el glifosato) no son necesarios ni dan ninguna solución a los problemas con los que prometían terminar. Por ejemplo, el hambre en el mundo. El experto de Greenpeace dice que “una de las cosas que han provocado es el aumento de herbicidas que han causado mayores residuos en los alimentos”.

El manifiesto de los Nobel, además, se refiere en concreto a un transgénico conocido como arroz dorado. Este producto no ha alcanzado las expectativas que se depositaron sobre él hace 20 años, cuando comenzó a investigarse.

"‬Los transgnénicos no han dado solución al hambre en el mundo. Solo han provocado aumento de herbicidas y pesticidas que han causado mayores residuos‪"

Los Nobel piden a Greenpeace que dejen de criminalizar este producto pero Ferreirim dice que no ha sido la ONG quien ha logrado detener a este transgénico. “El mismo cultivo no ha prosperado por su propio fracaso. Después de 20 años, ni está disponible y ni se comercializa”, dice Ferreirim.

El experto apunta a que la investigación sobre el arroz dorado y otras de tipo similar solo “paralizan otras investigaciones realmente útiles”. “Según el propio Instituto que lo está desarrollando, no se ha demostrado aún que el arroz dorado pueda hacer frente a la deficiencia de vitamina A, cuando en su origen lo vendieron como la innovación que solucionaría esa carencia. Era solo un negocio más”, asegura Ferreirim.

Los próximos meses en Bruselas son de vital importancia para que el glifosato termine o no en las neveras de los europeos. El TTIP, por parte de EEUU y de las élites europeas interesadas en la firma, es el principal elemento de presión para que se tome como válida la declaración positiva de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, sin esperar a la de la Agencia Europea de Sustancias Químicas.

Esto podría abrir la puerta para que bajase la exigencia del resto de regulaciones alimentarias. Entonces ya no solo sería el glifosato, sino un amplio abanico de productos que forman parte del día a día de la agricultura industrial estadounidense. Por el momento, Europa se ha librado, ¿pero por cuánto tiempo más?

‬“Se dijo que el arroz dorado vino para suplir las carencias de vitamina A en miles de personas pero no han conseguido nada. Era solo un negocio más”

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