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“Don’t ask, don’t tell”: así son las víctimas homosexuales del ejército de EEUU

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El fotógrafo Vincent Cianni publica “Gays in the Military”, un retrato de los mártires del ejército más poderoso del mundo

Alba Muñoz

31 Marzo 2014 08:40

Hasta el 2011, en EEUU, ser un soldado gay o lesbiana era motivo de exclusión inmediata del cuerpo, y sin honores. Con 1,5 millones de soldados, el ejército norteamericano arrastra un largo historial de abusos de los derechos humanos que ahora afloran con más fuerza que nunca.

En diciembre de 2010 Barack Obama aprobó una ley que revoca la prohibición a los homosexuales de servir “abiertamente” en las fuerzas armadas del país, una medida que ha estado en vigor durante 17 años y que ha significado la expulsión de 13.000 efectivos.

Vincent Cianni, un veterano fotógrafo y antimilitarista, ha pasado los últimos cuatro años buscando las historias de las personas damnificadas por esta medida. El fotoensayo “Gays in the military” es un recorrido por la herida que comparten miles de militares “castigados injustamente” dos años y medio después de la reforma. A través de las 250 páginas del libro, el lector puede conocer los castigos, acosos y arbitrariedades sufridas en los cuarteles y misiones en el extranjero.

Uno de los hechos que más impactó a Cianni, que también es homosexual, es la forma en la que la mayoría de los entrevistados mantuvieron el silencio sobre sus preferencias sexuales, ya que lo contrario significaba el paro y la deshonra. Algunos, como Joseph Rocha, tuvieron que ponerlo por escrito. Maestro armero en la marina entre 2004 y 2007, asegura que le hicieron la vida imposible en la academia naval: “Me dijeron que debía asegurar por escrito que no era gay para poder quedarme. Era la única manera: negar lo que soy. Tuve que hacerlo pero fue doloroso: estoy tan preparado como cualquiera para ser jefe de hombres y mujeres, estoy listo para ir a la guerra, estoy dispuesto a morir”.

En esta obra, llamada a ser un monumento a la memoria y a la concienciación social, se mezclan casos de soldados jóvenes y militares de alto rango. Zachary Werth, nacido en 1987, fue miembro de la Guardia Nacional de reservistas voluntarios de los EEUU entre 2007 y 2010 y fue apartado del cuerpo alegando falsos motivos de salud. Muchos de los retratados recibieron medallas y condecoraciones al valor, como el teniente coronel de Aviación Victor Fehrenbach, con 400 horas de combata en Iraq, que se vió en la necesidad de pleitear contra el Ejército tras aparecer en un programa de televisión revelando su homosexualidad.

Obama no es un héroe

“Don’t ask, don’t tell”: así son las víctimas homosexuales del ejército de EEUU

Gran parte de los logros en la defensa de los derechos de gays y lesbianas en Estados Unidos ha sido producto del trabajo que hicieron los activistas entre los años 1970 y 1980. Ellos y ellas situaron el tema ante el ojo público a través de la difusión de despidos de militares gays, con el del sargento Leonard Matlovich, que apareció en la portada de la revista Time en 1975, como un caso que marcaría un antes y un después en la lucha. En 1982, el Departamento de defensa hizo pública una declaración en la que se especificaba que la homosexualidad era “incompatible con el servicio militar” y apeló a los soldados a “mantener la disciplina, el buen orden y la moral”.

En 1988, y en respuesta a una campaña en contra de las lesbianas en la base de la marina Parris Island Depot, en Carolina del Sur, los activistas lanzaron la Gay and Lesbian Freedom Project Militar (MFP) para luchar por el fin de la exclusión de gays y lesbianas de las fuerzas armadas. Poco a poco los acontecimientos, y la presión social, fueron ablandando los prejuicios homófobos por parte de las instituciones. Pero fue el asesinato del suboficial de la marina Allen R. Schindler Jr. el 27 de octubre de 1992 lo que supuso una enorme presión para la administración Clinton, que fue la que instauró la política del silencio: “Don't ask, don't tell” (“no preguntes, no lo cuentes”). Hasta ese momento el Pentágono podía expulsar a los homosexuales por el mero hecho de serlo. Con la ley de Clinton, ser soldado y ser gay era compatible solo cuando las tropas mantuvieran silencio al respecto.

Los norteamericanos cambian de opinión

Como la cadena de noticias CBS News informó en mayo de 2010, “más de seis de cada diez estadounidenses tienen un amigo íntimo, compañero de trabajo o un pariente que es gay o lesbiana”. Desde principios de los noventa, la comunidad homosexual se ha vuelto cada vez más visible en la sociedad estadounidense. La proporción de ciudadanos que afirman conocer a un gay o una lesbiana ha pasado de un 42% en 1992 al 77% en 2010.

Hoy, a diferencia de 1993, más de la mitad de los estadounidenses apoyan el derecho de los hombres y mujeres homosexuales de elegir su estilo de vida, y los mismos derechos laborales. También se ha registrado un aumento entre aquellos que se muestran favorables a que gays y lesbianas puedan servir abiertamente en las fuerzas armadas, (se pasó del 37% al 44%).

Según las estadísticas, de los 1,2 millones de militares en activo, unos 26.000 hombres y 21.000 mujeres podrían identificarse como gays, lesbianas o bisexuales. A pesar de que la ley de Obama acompañe un cambio social (y electoral) evidente, trabajos como el de Cianni son necesarios. Es de justicia mirar hacia atrás, hacia los que pagaron con sus vidas truncadas, y recordar que la homofobia sigue siendo algo presente en las calles. El discurso oficial a merced de las tendencias sociales, y éstas se miden en estadísticas. Todo mucho más etéreo que ciertas mentalidades.

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