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Este documental interactivo te lleva al corazón de un campo de refugiados

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Domiz: bienvenidos a la República de los Refugiados

Margaryta Yakovenko

21 Marzo 2016 20:35

Afuera está amaneciendo y se oye un silencio absoluto. Dentro de nada, los gritos de los niños y las sirenas rasgarán el aire, pero mientras disfruto de unos pocos minutos de paz.

Despierto a los niños para que vayan a la escuela y a mi marido. Mientras ellos se visten, les preparo un desayuno a base de avena hervida en agua. No hay leche, ayer se acabó demasiado pronto en las tiendas.

Los cinco desayunamos tranquilos sentados sobre la alfombra que conseguimos llevarnos de nuestra casa. Antes de abandonar Damasco. Cuando la guerra se hizo tan insoportable que la única solución para nosotros fue huir.

Aún recuerdo nuestro hogar, una bonita casa al estilo francés en uno de los mejores barrios de la capital de Siria. Teníamos un baño decorado con azulejos de cerámica y molduras.

Cuatro habitaciones, una para cada uno de mis hijos y otra para mi marido y para mí. Recuerdo mi jardín, lleno de rosales y palmeras, la hierba...

Mi marido me da un beso devolviendome a la realidad, se va a trabajar a la obra y yo debo acompañar a los niños hasta la puerta del colegio.

El resto del día lo pasaré ordenando la tienda de campaña. Antes teníamos un jardín lleno de rosales. Ahora vivimos los 5 en una tienda de 30 metros cuadrados.

Cuando todos se van de casa, bajo por la calle principal de las tiendas, hay niños dando patadas a un balón en chanclas.

Otro día más, me dispongo a hacer cola en las tiendas para conseguir cambiar los cupones de racionamiento por pan y algo de carne. Antes regentaba un salón de belleza y mi marido trabajaba en un banco. Lo teníamos todo, dinero, fiestas, vida...

Ahora vivimos en medio de la nada, en ningún sitio, sobre la tierra marrón bajo el sol abrasador, sin árboles y sin sombra.

En un país que no es el nuestro.

Llevo ya 4 años aquí, soñando con volver. Otros acaban de llegar y tampoco pierden la esperanza. Pero me doy cuenta de que esto se está alargando demasiado.

El campo de refugiados ya se ha convertido en una pequeña ciudad. Y sigue creciendo.

Esta es nuestra nueva vida construida por culpa de la guerra.

Bienvenidos a la República de los Refugiados.




El campo de refugiados de Domiz (Irak) está situado a casi 900 kilómetros de Damasco, la capital Siria, y a 500 kilómetros de Bagdad, capital iraquí.

Fue creado inicialmente en 2012 para acoger a 38.000 sirios, pero ahora mismo ya viven en él 64.000 personas, 58.000 legalmente. Por si sirve como referencia, Domiz tiene más habitantes que Ávila.

Una página web creada por varios artistas holandeses nos ayuda a comprender cómo es la vida en este campo a través de un documental interactivo que nos guía por sus calles, sus tiendas y las casas de los refugiados.



Hacinados en tiendas de campaña con el logo de UNHCR sobreviven los supervivientes de la guerra de Siria que no han huido a Europa. En un lugar ruidoso y caótico.

Las tiendas repartidas entre los refugiados están hechas para durar 6 meses. Cuando este tiempo expira, las familias empiezan a convertir las tiendas en casas, primero con tablones de madera y luego con ladrillo y cemento.



Lo que en teoría fue creado como un lugar provisional se convierte en residencia permanente. En hogar.

Surgen las tiendas en medio del campo, las escuelas (Domiz cuenta con 7 escuelas en las que trabajan profesores, también refugiados, que cobran 600 dólares mensuales) y las mezquitas construidas con lona y palos.

Las barberías y los centros sociales empiezan a florecer como una forma más de normalización de la vida cotidiana. Hasta se han abierto tiendas de vestidos de novia, porque en Domiz la vida no se ha paralizado.

Hace poco, en las calles del campo aparecieron los primeros Tuk Tuk. Estos pequeños vehículos de 3 ruedas cubiertos empezaron a funcionar como taxis dentro del campo. Domiz ya es tan grande que no siempre puedes ir de una esquina a otra a pie.



Cuando una familia llega al campo, UNHCR le proporciona lo que llaman el Starter Kit. Consiste en una caja de cartón cerrada por tiras de plástico con los utensilios básicos para la vida.

Para abrir la caja necesitas cortar las tiras con un cuchillo.

Por ironías de la vida, el cuchillo está dentro de la caja.

Cuando al fin consigues abrirla, dentro hay un par de ollas y una sartén, cucharas, tenedores, el cuchillo y una tienda de campaña.

Varias mantas de color entre gris y marrón, o quizá los dos colores mezclados, el color plano que representa la nada.

También hay un pequeño calentador de queroseno y un ventilador, una lona de plástico multiusos y dos bidones (uno para el agua y otro para el queroseno) que cada familia tiene que rellenar.



Los que llevan mucho tiempo en el campo, disponen de su propio tanque de agua al lado de la casa.

Hay un aseo por cado 40 habitantes, así que a veces el olor se vuelve insoportable.

Muchos refugiados han conseguido encontrar trabajo en la construcción trabajando para iraquíes pero no es el caso de las mujeres. Ninguna de ellas trabaja y lo único que hacen durante todo el día es cuidar de la casa y hacer cola para conseguir alimentos.

Gran parte de los habitantes de Domiz siguen esperando volver algún día a Siria, a su hogar, si no ha sido destruido por las bombas.

Otros ya se han acostumbrado al día a día de este lugar ruidoso y caótico que ahora es su casa.

Un lugar que tú puedes visitar siguiendo este link.

Pasear por su calles recopilando historias puede ayudarnos a entender por lo que está pasando esta gente.



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