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Documentos filtrados implican a Monsanto en el falseamiento de informes científicos sobre el supuesto riesgo cancerígeno del glifosato

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Te explicamos todo lo que tienes que saber sobre los 'Monsanto Papers'

L.M.R.

18 Marzo 2017 12:29

Siempre está bien saber que nos engañan. Está bien confirmar una sospecha. Tener frente a los ojos pruebas que nos reafirman en esa intuición que nos dice que a una gran corporación agroquímica lo que menos le importa es la seguridad sanitaria del ciudadano de a pie. Por encima están los números, las cuentas de resultados, los bonus. Y un dinero que sirve para pagar lo que sea necesario para defender los intereses propios y proteger la imagen pública de la empresa.

La polémica alrededor del glisofato lleva años, sino décadas, flotando en el aire. Y en el centro de esa polémica está la supuesta cualidad cancerígena del químico, que es el ingrediente activo de su producto estrella, el Roundup, el herbicida comercial más utilizado en la agricultura extensiva y en jardinería en todo el mundo.

En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), un organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud, calificó al glifosato como producto "potencialmente cancerígeno". Desde Monsanto y desde la patronal del sector de los pesticidas se puso el grito en el cielo, defendiendo el carácter inocuo del químico. Pero la OMS no se achantó, y a finales de aquel año defendía su clasificación del glifosato como posible cancerígeno.

Desde entonces, organizaciones ecologistas, agrupaciones de consumidores, instituciones públicas y agentes de la industria agroquímica vienen enzarzados en una carrera que tiene por objeto probar (los unos) y desmentir (los otros) los supuestos efectos perjudiciales del glifosato para la salud humana. Peligros que abarcan desde trastornos en el embarazo y problemas reproductivos, hasta enfermedades endocrinas como el cáncer de mama, el cáncer testicular o el de próstata.


La Justicia Federal de Estados Unidos ha desclasificado más de 250 páginas de correspondencia interna de Monsanto que sugieren que la empresa agroquímica actuó como 'ghost writter' de supuestas investigaciones atribuidas a científicos independientes en las que se niega el potencial cancerígeno del glifosato


La realidad es que existen todo tipo de informes y estudios que ofrecen argumentos para defender las posturas de ambos bandos.

Sin ir más lejos, esta misma semana la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) informaba de que no ha hallado evidencias de que el glifosato sea cancerígeno o cause problemas graves de salud. "El Comité de Evaluación de Riesgos de la ECHA ha concluido que las pruebas científicas disponibles no cumplen los criterios para clasificar el glifosato como cancerígeno, mutágeno o tóxico para la reproducción", señaló la agencia europea en un comunicado.

Antes, desde los lobbies del sector de los pesticidas se ha venido aludiendo a estudios de organismos como la EFSA (la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos) o la EPA (la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU) en los que se afirmaba lo mismo: no existen evidencias de que el glifosato sea ni disruptor endocrino ni cancerígeno.

El problema es que, ahora lo sabemos, alguno de esos estudios pudo ser escrito por la mano negra de Monsanto.


Mails que comprometen

En el marco de una acción colectiva contra Monsanto —impulsada por varios cientos de trabajadores agrícolas afectados por el linfoma no Hodgkin, que atribuyen a su contacto prolongado con el glifosato—, la Justicia Federal de Estados Unidos ha desclasificado más de 250 páginas de correspondencia interna de la empresa agroquímica y de la empresa con reguladores federales. Y esa correspondencia pone en evidencia dos cosas fundamentales:

Primero, en varias comunicaciones fechadas en 1999 queda patente la preocupación interna por el potencial mutagénico del glifosato. A tenor de las expresiones utilizadas, la empresa no parece estar del todo convencida de que su producto sea inocuo.

Y segundo, los mails revelan la intención de Monsanto de "encontrar a personas que puedan influir en los reguladores" para "llevar a cabo operaciones de comunicación científica de cara al público en las que se cuestione la genotoxicidad" del glifosato.

La empresa incluso habla de "escribirle una parte del trabajo" a esas personas dispuestas a actuar en connivencia con sus intereses.

Dicho de otro modo, los mails sugieren que Monsanto actuó como 'ghost writter' (autores en la sombra) de supuestas investigaciones atribuidas a científicos independientes. Investigaciones que ha venido usando todos estos años como evidencia para refutar los supuestos riesgos de su compuesto y desacreditar a quienes les acusan de estar vendiendo un producto dañino para la salud.


"Vamos a mantener los costes bajos encargándonos nosotros mismos de la redacción y luego ellos simplemente editarán y firmarán con sus nombres"


En particular, los mails indican que un oficial de la EPA, de nombre Jess Rowland, habría trabajado en confabulación con Monsanto para anular un trabajo de revisión del glifosato que debería haber llevado a cabo el Departamento de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos. "Si consigo detener esto, me deberíais dar una medalla", comenta Dan Jenkins, ejecutivo de Monsanto, que le dijo Mr. Rowland.

Los documentos desclasificados también revelan que dentro de la EPA hubo claros desacuerdos en relación a su evaluación de la seguridad del glifosato. En concreto, dudaban de la robustez y la fiabilidad de la evaluación llevada a cabo por su Oficina de Programas de Pesticidas. En aquel momento, Jess Rowland era oficial senior en aquel departamento.


Lo que tiene que decir Monsanto

Al hilo de estas revelaciones, Monsanto ha emitido un comunicado en el que se reafirma en su postura de que el glifosato no es cancerígeno.

"Las alegaciones de que el glifosato puede causar cáncer en humanos son inconsistentes con décadas de revisiones de seguridad realizadas por las autoridades reguladores líderes en el mundo. Los demandantes han remitido al juez documentos aislados que están siendo interpretados fuera de su contexto".


Los documentos desclasificados revelan que dentro de la EPA hubo desacuerdos en relación a su evaluación de la seguridad del glifosato. También que oficiales de la EPA habrían actuado en connivencia con Monsanto para paralizar investigaciones sobre los supuestos efectos perniciosos del químico


En uno de esos mails "sacados de contexto", William F. Heydens, ejecutivo de Monsanto, escribe lo siguiente a otros compañeros de la empresa: "Vamos a mantener los costes bajos encargándonos nosotros mismos de la redacción y luego ellos simplemente editarán y firmarán con sus nombres".

Heydens hablaba, sí, de contratar a académicos para poner sus nombres en trabajos de investigación redactados dentro de la propia empresa. En el mismo email afirmaba que la compañía ya había hecho eso mismo en el pasado.

En un segundo comunicado, Monsanto afirma que "nuestros científicos no escribieron esos papers", y aprovecha para recordar que todos esos estudios "pasaron por el riguroso proceso de revisión por pares antes de su publicación".

Que las propias industrias financian investigaciones favorables a sus tesis no es ninguna sorpresa. Viene pasando desde siempre, y más de un científico ha visto su reputación en entredicho por aceptar el dinero corporativo. Pero como dice Timothy Litzenburg, uno de los abogados que están llevando el litigio que ha dado lugar a la desclasificación de estos documentos: "Creo que es importante que la gente pida a Monsanto que rinda cuentas cuando públicamente están diciendo una cosa y esa cosa es completamente contradictoria con lo que se deriva de documentos internos muy francos".


[Vía NPR, Le Monde, NYT]

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