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Distopías hechas realidad: el día que la sociedad del conocimiento superó la ficción de 'Black Mirror'

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La tecnología predictiva pronto será capaz de saber lo que deseas incluso antes de que tú mismo lo sepas

eudald espluga

29 Enero 2014 08:31

Nadie duda de que las mejores antiutopías se escriben en casa de Charlie Brooker. 'Black Mirror' es la obra que mejor ha sabido captar los fantasmas de nuestro tiempo, ya que lo peligroso del abuso de la tecnología 2.0 no es la adicción a internet, ni la pérdida de las viejas formas de hacer amigos o que los adolescentes puedan explorar sin barreras de acceso cosas como, ay, la pornografía. Lo realmente jodido es la reinvención de la sociedad del espectáculo con nosotros como protagonistas.

¿Hasta qué punto estamos exponiendo nuestra persona en la red? Ésta es una de las preguntas a las que nos aboca el primer capítulo de la segunda temporada de 'Black Mirror'. Aunque narrativamente quizá sea el más flojo de la serie, la hipótesis de la que parte es brutal: se especula con la existencia de una aplicación capaz de reconstruir digitalmente la identidad de una persona a partir de sus chats, correos, twits, comentarios en Instagram y un largo etcétera. A través del programa podríamos llegar a interactuar con alguien que ya habría muerto, gracias a que esta nueva tecnología predictiva sería capaz de restaurar el modo de pensar y reaccionar de este individuo.

No se trata del trillado debate sobre la vulnerabilidad de nuestra intimidad en la red. No es sólo que las empresas puedan leer nuestros mails, hacer búsquedas cruzadas, y mandarnos spam sobre Londres (donde teníamos planeado ir) o que en sus recomendaciones de libros acierten más que nuestra pareja. El desarrollo de las tecnología cognitivas, como señalaba IBM en su clásico The five in five, se basa en recaudar toda la información posible sobre la identidad de los usuarios, sirviéndose precisamente de lo que nosotros, consciente o inconscientemente, decidimos revelar en internet.

Tus deseos ya eran órdenes

Black Mirror

Los primeros en aplicar estos conocimientos han sido los de Amazon, que ya han patentado un sistema que enviará los paquetes a los compradores antes de que estos decidan comprarlos.

Sí, se anticiparán a tus deseos.

No es que hayan invertido en el escáner neuronal que, según los biólogos, es capaz de retratar tus intenciones antes incluso de que llegues a tenerlas. El sistema es mucho más perverso, y convertirá el Gran Hermano de Orwell en un juego de niños. ¿Cámaras de vigilancia? ¡Ja! En Amazon incluso podrán cronometrar el tiempo que detienes el ratón encima de cada icono, por no hablar ya de tiempos de lectura, páginas visitadas, cestas de la compra, listas de intereses, favoritos, etcétera.

La verdadera Inteligencia Artificial no será el robot semi-humano que llora por las azoteas sintiéndose más humano que tú. La biotecnología con rostro humano, el sueño húmedo de los ciberfetichistas del mundo entero, se habría transformado en un Big Data hiperconsciente al servicio de las multinacionales. Lo cual tampoco se amolda al imaginario apocalíptico de las huestes de robots sublevados que pretenden acabar con la especie humana. Más bien se acomoda a la lógica de Eichmann el funcionario: pequeños cerebritos digitales que harían muy bien su trabajo, rastreando hasta en el cubo de tu papelera de reciclaje, para poder anticipar tus impulsos consumistas.

La amable dictadura de la domótica

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Todo esto se agudizaría si acaba siendo cierto que en los próximos cinco años aumenta el desarrollo de tecnologías cognitivas que permitan construir cosas como: aulas inteligentes que sepan cuando los niños no presenta atención; policías digitales personalizados que protejan todas tus pertenencias según los conocimientos que les hayas transferido; robots que te observen y aprendan de tu quehacer cotidiano para luego anticiparse a ti y realizar aquellas tareas más o menos rituales para las que no se requiere una gran creatividad, como coger el mando de la tele, meter la compra en una bolsa o ir a abrir la puerta; hasta ciudades inteligentes que se reestructuran en relación al movimiento de la gente, a las condiciones meteorológicas o a los acontecimientos inesperados.

Tal explosión tecnológica nos promete una liberación sin igual. Se trata de elevar a sistema de pensamiento aquello de que 'si nos organizamos, follamos todos': la técnica predictiva nos permitirá romper con las ataduras de la cotidianidad, con la losa de los tiempos muertos y la espera innecesaria, afirman sus defensores. Cuanto más conocimiento personal vertamos en los recipientes digitales, más rápidamente podremos vivir en el mejor de los mundos posibles, nos dicen sus apóstoles.

El peligro es que aquí nos esté pasando como con el psicoanálisis y la revolución sexual: que cuanto más hablemos y hablemos de nosotros, más ligados estaremos a la verdad sobre nosotros mismos. Romper con la discreta represión de nuestra sociedad, a base de llenar los depósitos del conocimiento experto sobre nosotros mismos, encierra un juego muy perverso del que todavía no somos del todo conscientes. Nos hemos tumbado en el diván de la tecnología cognitiva, y corremos el peligro de que las distopias de 'Black mirror' sean más amables que la realidad que nos espera.

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