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Disciplina militar para curar la adicción a internet

En la actualidad existen más de 250 centros para el tratamiento de adictos a internet en China. Más que clínicas o centros terapéuticos, parecen cuarteles

En la actualidad, la ciberadicción o trastorno de adicción a Internet (IAD) sigue sin estar contemplada en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, considerado el manual de referencia a nivel internacional en lo que se refiere a la clasificación y el diagnóstico de trastornos psiquiátricos, y tampoco ha sido aceptada como desorden por la Asociación Americana de Psicología, que prefiere hablar de “uso problemático” y no de adicción. Sin embargo, numerosos estudios evidencian que la IAD es una realidad que va en aumento en casi todo el mundo.

En el caso particular de China, un trabajo publicado el pasado marzo en la revista Addictive Behaviors sitúa el ratio de prevalencia de la adicción a internet en el 6.0% entre los usuarios adolescentes de ciertas zonas del país, y la respuesta de las familias y las autoridades ante lo que consideran un grave problema para la juventud en el marco de una sociedad crecientemente competitiva está siendo mucho más contundente que en otras partes del mundo. Puede que demasiado contundente...

El pasado enero, un vídeo de The New York Times nos acercaba a la realidad de los centros para adictos a Internet en China de la mano de Shosh Shlam y Hilla Medalia, directoras de Web Junkies, un documental que relata la experiencia de una serie de adolescentes en The Internet Addiction Treatment Center, un campamento situado en Daxing, un suburbio de Pekín. Más que una clínica al uso, las instalaciones de Daxing son un cruce entre un centro de internamiento y un campamento militar. Allí se va a sufrir.

Un modelo en expansión

Por terrible que parezca, la realidad que describe Web Junkies se está imponiendo por todo el país. El primer programa de tratamiento para adictos a internet en China abrió sus puertas en 2004 en un hospital militar en Pekín. Según Reuters, en la actualidad existen más de 250 campos para el tratamiento de ciberadictos en todo el país. Y no pocos comparten los métodos del centro de Daxing: los pacientes viven recluídos, encerrados en barracones y celdas, reciben medicación, entrenamiento físico y terapia psicológica y participan en tareas colectivas como fregar o cocinar. En algunos casos a los internos también se les ofrece la posibilidad de acudir a clases de música o de baile. En otros son sometidos a tratamientos de electroterapia contra su voluntad. Todas las actividades están regidas por una férrea disciplina castrense que apenas deja espacio para la expresión del interno.

“Los chicos adictos a internet están en una condición psicológica muy pobre”, comenta Mr Xing Liming, un oficial del Qide Education Center de Beijing, a Reuters. “La educación que les damos y vivir en un entorno militar les hace más disciplinados y restablece su habilidad para llevar una vida normal. El entrenamiento les ayuda a mejorar su fuerza física y les ayuda a desarrollar buenos hábitos de vida”.

En el último lustro se han reportado al menos dos muertes sucedidas en este tipo de centros. En 2009, el joven Deng Senshan, de 15 años, falleció a consecuencia de los golpes que recibió en su primer día en el Qihang Salvation Training Camp de Nanning. Un año después, otro joven murió apaleado en la Beiteng School de Changsha, en la provincia de Hunan. Ambas muertes llevaron al Ministerio de Salud chino a intervenir y establecer unas líneas de actuación para estos centros de internamiento en las que se prohibe el uso del castigo físico, la cirugía destructiva y el encierro forzoso.

Al contrario de lo que sucede en Estados Unidos y Europa, donde aún no existe un consenso claro sobre la mejor manera de tratar la IAD, en China parece haber acuerdo sobre la utilidad de estos “boot camps”. ¿Pero son realmente efectivos esta clase de tratamientos? La opinión pública china parece estar a favor, aunque no todos son clientes convencidos: la pieza de Reuters señala el caso de un campo de educación de Pekín que ha sido recientemente demandado por la madre de una interna que asegura que la adicción de su hija empeoró tras someterse a uno de sus “cursos”.

Teniendo en cuenta la ubicuidad creciente de internet, la “ley seca” que propugnan estos campos de internamiento no parece la mejor manera de fomentar un uso equilibrado de la red. Aparta a un niño de esos dulces que tanto le gustan de un día para otro, y a la primera oportunidad que tenga se dará un atracón. Y luego, otro.

Estas fotos de Kim Kyung-Hoon para Reuters retratan algunas de las escenas que se dan a diario en el Qide Education Center de Beijing. Ropas de camuflaje, instructores, pastillas, flexiones y caras largas.

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