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Máxima tensión en Brasil: ¿golpe derechista contra Dilma Rousseff?

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La presidenta de Brasil, a un paso de ser apartada del poder. El país vive momentos que recuerdan un oscuro pasado

Ignacio Pato

18 Abril 2016 15:13

El fin de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil puede haber comenzado esta noche. Con 367 votos a favor y 137 en contra, la Cámara de Diputados ha aprobado el inicio de un proceso de su destitución.



La consecuencia concreta de la victoria de sus críticos anoche es que el impeachment irá ahora al Senado, donde a principios de mayo bastará una mayoría simple para que Rousseff sea, como mínimo, apartada 180 días de su cargo, mientras dura el juicio para en torno a su responsabilidad en las maniobras irregulares de su ejecutivo para cerrar los ejercicios económicos de 2014 y 2015 con un menor déficit.

La jornada de ayer, no obstante, esconde mucho más que un gris proceso legal de rendición de cuentas. El país vive momentos de polarización entre quienes creen ilegítimo que Rousseff pueda acabar fuera del Palácio da Alvorada por maquillaje presupuestario y los que desean a toda costa acabar con el gobierno del Partido dos Trabalhadores.



La tensión se retransmitió en directo en las calles de las megalópolis, con grandes pantallas en Avenida Paulista de São Paulo o la playa de Copacabana de Río.

Banderas brasileñas de ordem e progresso para los rivales de Dilma, rojas para sus defensores. Muchos de estos últimos, unidos bajo el lema não vai ter golpe ("no tendréis golpe"), acabaron llorando.



Ayer la Cámara de Diputados brasileña fue un espejo del conflicto que vive su sociedad. Entre gritos y empujones, las cuentas ideológicas pendientes de los rivales de Rousseff golearon a los razonamientos legales a la hora del voto.

Los cronistas que ayer cubrieron la votación se encontraron a congresistas justificando su voto en contra de Rousseff en base a argumentos como:

—"Por mi hijo que cumple años".

—"Por los evangélicos".

—"Por mi nieto Gabriel".

—"Por mi familia y mi Estado".

—"Por los vendedores de seguros de Brasil".

—"Para evitar que los niños aprendan sexo en las escuelas".

Y todo aderezado con diputados que sostenían carteles con el mensaje "Tchau querida".


Gráfico realizado por @galilas, en el que se desgranan los motivos aducidos en el impeachment. Más de la mitad corresponden a "Familia", "Dios" y "Brasil"


El culmen de tan insólita votación llegó con el turno del exmilitar Jair Bolsonaro, diputado del Partido Progressista, que justificó así su voto contra Rousseff:

"Perdieron en 1964 y perderán ahora en 2016. Contra el comunismo, por nuestra libertad (...), por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra (...) mi voto es sí".

Sus palabras traían al presente los momentos más negros de Brasil. Bolsonaro "eligió" muy bien el nombre de Ustra, uno de los torturadores de la propia Rousseff durante el periodo de militancia de esta en la resistencia contra la dictadura militar iniciada en 1964.

El diputado ultraderechista también insultó a Jean Wyllys, diputado del Partido Socialismo e Liberdade. La respuesta de este no se hizo esperar: escupió a la cara a Bolsonaro.



Brasil vive horas inciertas más allá de la supervivencia política de su presidenta. Rousseff ha acusado al vicepresidente Michel Temer y al presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, de ser, respectivamente, "jefe" y "subjefe" del intento de apartarla de la presidencia. De prosperar el proceso, Temer sería nombrado presidente de Brasil.

Rousseff publicó el pasado viernes un vídeo defendiendo su inocencia. En él, etiquetaba esta situación como un "golpe, una palabra que quedará estampada en la cabeza de los traidores de la democracia".

"No cometí crimen de responsabilidad, no hay ninguna denuncia contra mí de corrupción o desvío de dinero público. Jamás impedí investigaciones contra nadie y mi nombre no está en ninguna lista de sobornos", dijo la presidenta, que cumple desde 2014 su segunda legislatura.

De momento, su llamada a frenar el intento de la oposición "de lograr por la fuerza lo que no pudieron en las urnas" no parece gozar de ventaja política.




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