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Diccionario básico para entender una revista femenina

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Contradicciones, florituras y palabras vacías. Lo que sea por evitar llamar a las cosas por su nombre

Paula Benjamín

11 Septiembre 2014 14:12

Reconocerá a cierto sector de aficionados a la moda porque habla en spanglish: dirá “total white” cuando alguien va de blanco, “Lbd” para referirse a los vestidos negros, “Stiletto” en lugar de tacones, “trendy” si aluden a una persona que sigue al pie de la letra las tendencias o llaman “insiders” a los que trabajan profesionalmente en el sector. También utilizan expresiones como “ideal”, les gusta referirse a la industria como “el mundillo de la moda”, se llaman a sí mismos “fashionistas” y, cuando algo les encanta, escriben en Twitter esa odiosa expresión que reza: “no puede gustar más”

Tranquilo, la mayor parte de las veces no hace falta que los entienda. En realidad, no se entienden ni ellos mismos.

El efecto de la moda llega hasta el propio lenguaje. Y son muchos los que consideran que expresándose en clave se distinguirán del resto y conformarán un grupo extrañamente elitista. Otra cosa son las revistas, supuestamente informativas, y cuya misión a priori es divulgar sus conocimientos sobre la estética femenina y la actualidad de la industria.

De un tiempo a esta parte casi todas hablan de los mismo porque, en realidad, no hay mucho de lo que hablar. Gran parte de ellas lo hacen, además, utilizando el mismo enfoque: una idea preconcebida de una supuesta mujer utópica que poco o nada tiene que ver con sus lectoras. Tampoco importa demasiado. Al fin y al cabo hay que fomentar la aspiración, el deseo y el consumo. Y nadie es tan tonto para creerse a pies juntillas el retrato que subyace a cada una de ellas.

El problema viene cuando hay que impedir que decaiga esa euforia con la que narran cualquier hecho, por banal que sea. Y para ello recurren a frases hechas y eufemismos que esconden significados no tan optimistas. Muchos hemos acabado escribiéndolas y todos las leemos a diario sin saber muy bien lo que implican pero interiorizándolas a fuerza de verlas continuamente en letras grandes.

Pónganse, por un segundo, en la piel de un redactor de moda e intenten descifrar el sentido literal de sus expresiones. He aquí un pequeño glosario que les será de ayuda:

1. Mujeres reales. Tener que etiquetar así una portada o un reportaje que retrata a un personaje que no lleva una 36 ni mide 1,80 es marcar su diferencia física con respecto al resto de mujeres que pueblan la revista. “Realidad” aquí es sinónimo de “Está gorda, pero había que meterla para esquivar las críticas”.

2. Clásico atemporal. Expresión más que manida para hablar de prendas que no suscitan ningún interés. Una chaqueta negra es un “clásico atemporal”, una camiseta blanca es un “clásico atemporal”, un pantalón vaquero es un “clásico atemporal”. Cuando no sabes qué decir, porque todo es un coñazo, recurre al “clásico atemporal”.

3. Diseñador emergente. En ocasiones se utiliza esta expresión en sentido literal. Un diseñador joven, con talento y muy poca trayectoria a sus espaldas tiene muchas papeletas para convertirse en alguien importante. El problema es que la mayor parte de las veces todos los modistos desconocidos que ni son jóvenes ni tienen pocos años de carrera a sus espaldas son diseñadores emergentes. En España, sin ir más lejos. hay un buen puñado de diseñadores emergentes, es decir, de gente que no ha vendido ni un calcetín pero que ahí sigue, haciendo no se sabe muy bien qué. Las revistas los sacan por una cuestión de patriotismo, y muchas veces de altruismo. Pocas veces porque tengan algo interesante que mostrar. Hay diseñadores que llevan desfilando en las pasarelas de diseñadores emergentes desde hace cinco y hasta diez años. Así está el panorama.

4. Colección para una mujer femenina pero segura de sí misma. Esto, directamente, es el comodín que se usa cuando los desfiles aburren soberanamente. Da igual que se hayan presentado miriñaques del XVIII o chándales de táctel. No hay nada mejor que decir y hay que decir algo. Fíjese, además en el “pero”, esa conjunción adversativa: ¿la confianza en uno mismo se opone a la feminidad? Lo que nos lleva al siguiente eufemismo…

5. Feminidad. Esta es, sin duda, la palabra valija por excelencia, el término más repetido en este tipo de publicaciones. Normalmente, cuando dicen femenino quieren decir “cursi”, así, a secas. Pero también hay matices y perversiones lingüísticas: si una mujer lleva un traje masculino “explora su feminidad”, si viste chándal “reinventa su feminidad”, y si se trata de una mujer de la que no se sabe qué decir, se escribe, directamente, que “es muy femenina”.

6. Tu mejor aliado. expresión que se aplica a bolsos, pañuelos, joyas y hasta pamelas de varios metros de diámetro. Su traducción vendría ser algo como “hemos vestido a esta modelo con este mamotreto porque la marca nos lo ha pedido”, pero cada vez que leemos algo así, algunos no podemos evitar imaginárnosla usando la pamela como escudo o el tacón de 20 centímetros como arma mortal.

7. Urbano. significa “esta prenda un poco choni”. Sin más.

8. Romántico. Y esto, a grandes rasgos, significa “ropa para rellos” o, en su defecto “va vestida como la Chica de la Curva pero con sedas de las buenas”.

9. Signos de madurez. Amiga, te estás haciendo vieja. Tienes arrugas, bolsas en los ojos y patas de gallo, pero si hay un tabú en las publicaciones de este tipo es el que tiene que ver con el campo semántico de la vejez. Llamar al deterioro físico por su nombre es como invocar a Satanás.

10. Prevenir el paso del tiempo. He aquí la madre de las contradicciones. Parar el curso de los acontecimientos, morir a los 27 como las estrellas de rock. Envejecer es tan, tan indigno que es mejor recurrir a la paradoja que enfrentarse a las leyes de la naturaleza…

11. El nuevo X. El azul es el nuevo negro, la falda es el nuevo pantalón, los cuadros son las nuevas rayas y las chanclas son los nuevos tacones. ¿Para qué vamos decir que una prenda se lleva esta temporada cuando podemos sembrar la confusión lector juntando antónimos al azar?

12. Redefinir. En moda, cuando una prenda cambia de color o de forma no cambia simplemente: se redefine. El vaquero redefine su silueta, la chaqueta redefine sus acabados y las faldas redefinen sus largos. No ha cambiado nada, no hay una revolución en marcha ni una enmienda en el diccionario. Ahora, simplemente, algunas llevan flores.

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