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Destripada en una carnicería, el crimen que ha conmocionado a México

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Un nuevo feminicidio agita los demonios de Ecatepec, uno de los peores lugares del mundo para ser mujer

L.M.R.

07 Agosto 2017 18:06


Dicen quienes han paseado por su calles que Ecatepec huele a basura y a miedo. A partir de cierta hora, sus vías públicas están desiertas, solo se ve a fantasmas y a malandros. Porque si se puede evitar, uno no camina por Ecatepec. Menos aún si se es mujer.

Ecatepec huele a basura y a miedo, y a veces también a muerte. El arroyo de La Cañada, un canal de aguas negras a cielo abierto, impregna el aire de la región con su olor intenso. Con demasiada frecuencia, ese cauce también sirve como vertedero de cuerpos, una fosa común bañada en aguas podres.

El segundo municipio más poblado de México, con más de un millón y medio de habitantes, tiene el dudoso honor de ser el más inseguro del país. Encabeza las listas de homicidios, secuestros y asaltos a vehículos. Nadie se siente seguro allí. Ellas aún menos. Más de 600 mujeres han sido salvajemente asesinadas en Ecatepec en el último lustro.


Más de 600 mujeres han sido asesinadas violentamente en el municipio de Ecatepec en el último lustro, según las cifras que maneja la policía. El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio denuncia que el porcentaje de este tipo de crímenes que se investiga no llega al 30%


Mariana Joselín Baltierra conocía esas cifras. A sus 18 años, tenía grabada a fuego aquella recomendación que tantas veces había oído en boca de madres y hasta del propio Gobierno: “Evita caminar sola en calles poco transitadas”. Pero el pasado 27 de julio no lo dudó.

Eran las 9:00 de la mañana. El sol brillaba. Tenía que hacer unas compras en el ultramarinos que quedaba a apenas 200 metros de su casa. Ni se le pasó por la cabeza que pudiera ocurrir nada. Pero pasó.

Los padres denunciaron su desaparición cuando vieron que Mariana no volvía a casa. Improvisaron carteles con su cara para empapelar las calles (“Persona no localizada, ayúdanos a encontrarla”). La policía puso en marcha su dispositivo de búsqueda y su alerta de género. Era demasiado tarde.

Horas después, encontraban a Mariana en el interior de la carnicería que quedaba a pocos metros de aquella tienda hacia la que partió. Su cuerpo semidesnudo estaba tendido sobre el piso. El abdomen abierto en canal. La habían dejado allí para que se desangrara. Parte de los intestinos colgaban fuera del vientre.


Después de violarla, el agresor le rajó el vientre a Mariana y la destripó. La dejó desangrándose sobre el suelo de la carnicería


La reconstrucción de los hechos apunta a un sospechoso claro.

Aquel jueves, como cada último de mes, Carnicasa estaba cerrada al público. Aquella mañana algunos testigos vieron a un joven tomando el fresco junto a la puerta del comercio. Mariana le conocía de vista, sabía que llevaba un par de semanas trabajando en la carnicería. Ojos achinados, pecas, veintimuchos años, con un aire reservado y extraño. El dueño le había alojado en una habitación que quedaba sobre el comercio. Poco más se sabía de aquel chico en el barrio.

Según la policía, el joven habría abordado a Mariana cuando esta volvía de la tienda rumbo a casa. La forma en la que se encontraron los víveres que ella había comprado, esparcidos de forma desordenada por un pasillo que daba acceso a la carnicería, invitan a pensar que la introdujo en el local por la fuerza. Después de violarla, le rajó el vientre y la destripó.

El agresor dejó el cuchillo junto al cuerpo, también su ropa empapada en sangre. Subió a cambiarse y se largó con los 2.000 pesos (unos 100 dólares al cambio) que encontró en la caja de la carnicería. Se encuentra en paradero desconocido.


Según la investigación de la policía, el joven sospechoso había llegado al barrio de Mariana huyendo de su pasado violento. Meses antes, la hermana del sospechoso había interpuesto una denuncia según la cual el joven había intentado matar a su propia madre


La violencia sádica con la que se empeñó el asesino de Mariana, a plena luz del día y a escasos 150 metros de la casa de la víctima, ha vuelto a hacer temblar a Ecatepec, un municipio que ya supera los números de Ciudad Juárez en su época más negra.

Los vecinos están hartos, tienen miedo y reclaman una seguridad que nunca llega. No ven que políticos y policía hagan suficiente. Y esta vez parece que los ánimos se han colmado. Hace pocos días el alcalde del municipio tuvo que huir de una reunión con vecinos que se estaba caldeando demasiado. Le despidieron al grito de "cobarde". La paciencia tiene un límite.



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