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Definitivamente, en Internet no hablamos peor

Mientras el idioma se enriquece con su dialecto digital, un estudio asegura que en Twitter hablamos estupendamente

Valle Inclán no hubiera tenido ni idea de cómo se pronuncia Ola K Ase. Quevedo no hubiera sabido ni por lo más remoto qué es un WTF. Y Paco Umbral hubiera refunfuñado de haberse encontrado con un LOL. Sin embargo, todas estas expresiones forman hoy parte de nuestro vocabulario común. Su forma de hablar y escribir está plagada de emoticonos, abreviaturas, usos ortográficos poco ortodoxos. Es un nuevo paso en la constante mutación de las lenguas comunes, opuestas a la Academia. ¿Significa esto que nuestro lenguaje es hoy más pobre?, ¿que la supervivencia del buen castellano está en peligro? Recientes estudios parecen asegurar precisamente lo contrario.

Los investigadores Bruno Gonçalves de la Universidad de Toulon, Francia, y David Sánchez del Instituto de Sistemas Complejos de Mallorca, acaban de publicar los resultados de un gran estudio en el que utilizaron 50 millones de tuits geolocalizados para detectar dialectos específicos del castellano: una tarea que hasta hace relativamente poco hubiera sido inasumible para los dialectólogos, fue resuelto con la ayuda de la tecnología en apenas dos años. ¿Las conclusiones? Existen superdialectos del castellano, alrededor de todo el globo. Superdialectos que se utilizan de una manera bastante ortodoxa.

También existe una clara división entre el castellano de las grandes áreas urbanas y de los núcleos rurales. El primero tiende a ser más homogéneo, más similar en partes distintas del globo. El segundo se reduce más geográficamente, pero es más rico en el sentido de que mantiene expresiones más tradicionales. No sólo parecería que el castellano global está a salvo en Twitter, sino que además incluso las variedades arcaicas se mantienen con envidiable salud.

Nuevos canales, ¿nuevos lenguajes?

La lengua no se muere, parece, pero ¿y qué pasa entonces con esas nuevas expresiones que sí que usamos diariamente?, ¿dónde quedan y quien las legitima? Como lo basaron sólo en una serie de palabras estándar, el estudio de Gonçalves y Sánchez acaba cayendo en el análisis cuantitativo, sin tener en cuenta que en realidad al castellano de a pie le están pasando muchas cosas. Que está vivo.

Es un estudio hecho desde una perspectiva de lenguas normativas. Estas suelen ser las que adoptan los medios de comunicación oficiales, las que son reguladas por la institución, pues los lenguajes acaban siendo una herramienta de control como cualquier otra. Lo que se puede decir y lo que no, y la buena o mala manera de decirlo, acaba definiendo la forma en que una sociedad se entiende a sí misma.

Pero en realidad este sistema aparentemente cerrado siempre ha tenido huecos. Y por esos huecos se introduce la evolución de las lenguas. Pasa desde el principio de los tiempos y sigue pasando hoy. A través de la literatura, de los medios de comunicación y de nuestras charlas cotidianas. Todos somos creadores y destructores del lenguaje. En internet, este proceso se acelera, se vuelve múltiple.

Tanto que hoy hay incluso quien se pregunta si no existirán “dialectos de internet”. Formas de hablar que sean ya no características del medio, sino específicas de ciertos foros, canales, redes. Como si internet fuera un país, y cada comunidad habitase en una región. ¿Hablan distinto los usuarios de Facebook que los de Reddit? ¿Tienen los tuiteros un acento distinto al de los colgados de 4Chan? Esto se preguntaban esta semana en el PBS Idea Channel.

Lo cierto es que como nativos digitales, o como personas que hemos crecido rodeados hasta cierto punto de máquinas, pasamos gran parte de nuestra vida escribiendo a través de diversos canales. Y no es lo mismo un mensaje de whatsapp que un mail, que una conversación o un texto periodístico. Con semejante mezcla en la cabeza, normal que nuestro castellano sea particular. Y tal vez nuesto universo idiomático sea menos correcto, pero sospechamos que también es más rico y expresivo. Al final, estamos condicionados por el lugar chiflado en que vivimos, internet. Y es que ya lo decía Marshall McLuchan, “el medio es el mensaje”.

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