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David contra Goliat: así se enfrenta uno a las grandes petroleras

Soco Internacional suspende sus operaciones en el Parque Nacional de Virunga (Congo) mientras Repsol y Cairn Energy se preparan para realizar prospecciones en las aguas de Canarias y Baleares. ¿Es posible parar esos proyectos?

La industria del crudo es, como la misma materia prima, viscosa, sucia y opaca. Algunas estimaciones señalan que mueve en torno a 2,5 billones de dólares al año, con un valor global entre infraestructuras y reservas probadas que rondaría los 100 billones de dólares. Estos números demuestran la importancia del petróleo en el entramado económico mundial. También su poder como maquinaria de presión. Una maquinaria capaz de doblegar voluntades políticas a su antojo y hasta de empujar a naciones a la guerra. A veces, sin embargo, pequeños esfuerzos pueden dar lugar a grandes victorias contra unas petroleras que siempre anteponen sus intereses propios a los del medioambiente. Antecedentes no faltan.

La compañía británica Soco Internacional PLC anunció la semana pasada su intención de suspender todas sus operaciones en el Parque Nacional de Virunga , situado en la frontera oriental de la República Democrática del Congo. Creado en 1925, el de Virunga es el parque nacional más antiguo de África. En 1979 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por su diversidad de hábitats (desde bosques tropicales a glaciares) y por su biodiversidad excepcional, que incluye más de 200 especies endémicas. Quince años después, en 1994, la Unesco lo incluía en su lista del Patrimonio de la Humanidad en peligro, aquella que designa enclaves en riesgo de ser destruidos por conflictos armados, catástrofes naturales o por efecto de la acción humana sobre el medioambiente de la zona. Esa calificación no había disuadido a la petrolera británica de realizar prospecciones sísmicas en el Lago Eduardo, pero al final no habrá perforación en Virunga.

Soco se retirará del Parque cuando concluya las operaciones de sondeo que está llevando a cabo. Además, la petrolera se ha comprometido a no desarrollar actividad alguna en el futuro dentro de los espacios protegidos por la Unesco. La victoria, una vez más, hay que atribuírsela a aquellos que han hecho del conservacionismo ambiental su causa. La decisión de Soco es fruto, en gran medida, de la presión ejercida por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) a través de la campaña “SOS Virunga”.

Lanzada en el verano de 2013, la campaña ha logrado reunir más de 750.000 firmas de apoyo. Pero la acción no se quedó ahí: el octubre del pasado año, WWF presentó una q ueja contra Soco ante la OCDE alegando que la empresa había roto los estándares globales de responsabilidad social corporativa en sus operaciones para buscar petróleo en Virunga, aportando pruebas que apuntaban a posibles intimidaciones, amenazas y detenciones ilegales de activistas locales. En la misma queja, WWF detallaba los riesgos ambientales y sociales que supondrían las actividades de la compañía en Virunga. Y su grito se oyó.

A raíz de esa queja formal, los gobiernos de países como Reino Unido, Bélgica y Alemania expresaron su oposición a las operaciones de Soco en Virunga. La UNESCO, por su parte, se sumó a la acción pidiendo a la República Democrática del Congo que cancelase los permisos de la compañía para buscar petróleo en la zona. En ese contexto de rechazo general, haber seguido con sus planes de extracción en Virunga hubiera supuesto para Soco el “ arriesgarse a arruinar para siempre su reputación y la de la industria que representa”, tal y como expresó en su día el director de Conservación de WWF Internacional, Lasse Gustavsson. Y la presión ha surgido efecto.

“Ahora es el momento de que el Gobierno de la República Democrática del Congo reafirme la importancia de la riqueza natural de este Patrimonio de la Humanidad, suspendiendo todos los permisos petroleros en el Parque Nacional de Virunga, tal y como ha exigido la Unesco”, subrayó Marco Lambertini, director general de WWF Internacional, al celebrar su victoria. Y es que, a pesar de la retirada de Soco, el 85% del terreno que constituye el Parque sigue abierto a posibles concesiones petroleras.

Cuando la batalla se libra al lado de casa

Coincidiendo con el anuncio de Soco en relación a Virunga, la pasada semana Greenpeace protagonizaba una acción reivindicativa junto a la costa de Ibiza para denunciar los peligros de las prospecciones petrolíferas que Repsol y la petrolera escocesa Cairn Energy planean realizar en las aguas de Canarias, en las Islas Baleares, el mar de Alborán y el golfo de Valencia.

El pasado miércoles, el Rainbow Warrior, buque insignia de Greenpeace, fondeaba junto a la roca de Es Vedrá para deplegar sobre las aguas una barrera anticontaminación, similar a las utilizadas para contener el avance de los vertidos en desastres naturales como el del Prestige. Sobre el agua flotaba una pancarta en la que se podía leer un sencillo mensaje: “No Oil”. “Queremos simbolizar lo que pasaría si se llevaran a cabo prospecciones de petróleo y se produjera un vertido. Son solo 100 metros de barrera, pero en una situación real serían muchos más”, explicaba Laura Pérez, directora de comunicación de Greenpeace España.

La acción de Greenpeace surge como respuesta al visto bueno otorgado por parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente a una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) presentada por Repsol, que autorizará a la compañía a realizar catas exploratorias frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. En realidad Repsol obtuvo los primeros permisos para explorar los fondos marinos del archipiélago canario en 2001, pero el Tribunal Supremo los anuló al considerar que el proyecto de prospección no contemplaba las precauciones ambientales exigidas por ley. La empresa insiste ahora al creer que bajo las aguas que separan Canarias de la costa marroquí pueden existir reservas de hidrocarburos suficientes como para satisfacer el 10% del consumo de crudo en España.

En la DIA de su proyecto, Repsol examina los riesgos asociados a la perforación, describiendo un hipotético escenario de gran siniestro en el que señalan a Marruecos como el gran perjudicado en caso de vertido, frente a unas islas que sólo recibirían el 5,85% del crudo derramado. Esta opinión no es compartida por organizaciones ecologistas y por los cabildos de Fuerteventura y Lanzarote, que han presentado siete recursos ante al Tribunal Supremo por los que se solicita la suspensión del decreto que autoriza perforaciones en sus costas. De momento el Supremo ha retrasado su decisión señalando que se trata de un tema “muy complejo”.

Repsol no está sola en su interés por explorar el fondo marino alrededor del archipiélago canario. Otros gigantes de la industria como Exxon y Total han puesto sus ojos en las mismas aguas, aunque enfocando el asunto desde Marruecos. De hecho, la portuguesa Galp está en fase de iniciar sondeos en la zona. Los frentes se multiplican.

Eivissa diu no

En Baleares es Cairn Energy la empresa interesada en explorar una área de más de 2.000 kilómetros cuadrados comprendidos entre la costa valenciana y la balear, a unos 28 kilómetros de Ibiza, muy cerca de zonas declaradas Reserva Natural. Cairn dispone de un permiso de investigación, pero el Gobierno aún tiene pendiente revisar su Declaración de Impacto Ambiental. Hasta que ésta sea aprobada, no podrían comenzar las exploraciones sísmicas.

A pesar de ir un paso por detrás en lo que se refiere a la burocracia, el caso balear lleva ventaja frente al canario en materia de repercusión mediática. A principios de año un grupo de amigos de Ibiza lanzaba una campaña para llamar la atención sobre las prospecciones en la isla. Sus desnudos reivindicativos acompañados de carteles con la leyenda “ Eivissa diu no” no tardaron en propagarse por la red, logrando adhesiones de personajes como Kate Moss, Sophie Ellis-Bextor o Fatboy Slim, todos ellos visitantes habituales de la isla.

La fuerza de la tozudez aplicada a las buenas causas

En un informe presentado la pasada semana , Greenpeace alerta de que las prospecciones que se planea realizar en el canal de Valencia, el delta del Ebro y el golfo de León no solo no resuelven el problema de la dependencia energética de España, sino que además agravan otros muchos problemas ambientales. El título del informe, Petróleo NO, ni aquí ni en el Ártico, vincula el caso español a otro de los frentes donde Greenpeace está llevando a cabo una intensa labor contra la extracción petrolífera.

Las acciones de la ONG en el Ártico cobraron una especial importancia simbólica a raíz de la detención el pasado septiembre de 30 de sus activistas durante un acción reivindicativa frente a una plataforma petrolífera propiedad del gobierno ruso.

Dima Litvinov, el primero de los activistas en ser liberados el pasado noviembre, se ha convertido en la cara de la lucha contra el petróleo en el Ártico. Lejos de sonar amilanado, sus declaraciones tras su puesta en libertad son una llamada a la perseverancia. Activista de Greenpeace desde 1989, Litvinov ha participado en acciones contra pruebas de armas nucleares en Rusia o contra la pesca ilegal en la Antártica, y no parece que su paso por las cárceles rusas le haya restado energías o ganas de guerrear. Más bien al contrario. De hecho, se podría decir que su cautiverio es motivo de orgullo familiar.

En su caso, el espíritu militante le viene en la sangre. Ruso de nacimiento aunque con pasaportes sueco y norteamericano, Dima hace la cuarta generación de la familia Litvinov que ha sido encarcelada en Rusia a resultas de su activismo político. Su bisabuelo fue Maxim Litvinov, revolucionario ruso y destacado diplomático que llegó a servir como ministro de exteriores de la Unión Soviética durante gran parte de los años treinta. Su abuelo Lev Kopelev pasó diez años en la cárcel por oponerse al régimen de Stalin y denunciar las atrocidades cometidas por el ejército soviético contra civiles alemanes durante la Segunda guerra Mundial. El padre de Dima, Pavel Litvinov, fue una de las siete personas que protestaron en la Plaza Roja de Moscú contra la invasión soviética de Checoslovaquia, por lo que fue condenado al exilio interno en un remoto pueblo minero de Siberia cuando Dima tenía seis años. Con esos antecedentes, es normal que nuestro hombre tenga ganas de volver a la acción. “Voy a descomprimirme y a disfrutar del resto de la Navidad, pero después toca volver al trabajo. El Ártico aún no ha sido salvado y queda mucho por hacer”, fueron sus palabras tras ser liberado en diciembre.

Queda mucho por hacer, en el Ártico y en nuestras propias costas.

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