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Cuidado, llegan los perversos bebés mutantes

El macabro artista chino Ying Yefu llena sus obras de vísceras extrañas y criaturas mutantes

Cuando se trata de imaginarios macabros, o eróticos, u oscuros, el arte oriental suele ser ganador, por eso no resulta extraño que el artista chino Ying Yefu lleve años causando terror ya no sólo en las galerías donde expone, sino también allá donde son publicadas sus ilustraciones. “Entre lo tradicional y lo macabro” suele ser esa frase con la que todos los críticos y usuarios de la red lo definen, porque ciertamente su obra recuerda a la de la pintura clásica china —él utiliza las técnicas tradicionales de su cultura—, mezclada con un mundo de ciencia ficción y de serie Z que termina por componer una obra mutante y horrorosamente bonita. Entre vísceras y sangre, lo que más destaca de entre sus cuadros es la colección de bebés calvitos que gritan, que tienen un solo ojo, que se comen a ellos mismos, que ladran como perros y que, al fin y al cabo, son la máxima pesadilla de todo papá. Bebés mutantes que quizá vengan del espacio, o de un mal viaje, o simplemente sean una manera desesperada de Ying Yefu por mostrar los miedos de la infancia. Porque lo bello no ha de ser bonito. Y porque lo macabro puede despertarnos de un tortazo, para que, en adelante, nuestra mirada sea más limpia.

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