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En esta ciudad se mean (literalmente) en sus turistas

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En Hamburgo tienen la solución total contra el turismo de borrachera

Natxo Medina

05 Marzo 2015 10:43

En Hamburgo hay una calle a la que todos van para pasarlo bien. Se llama Reeperbahn, está en el céntrico barrio de Sant Pauli y recibe unos 20 millones de visitantes al año, muchos de ellos turistas.

Eso significa muchísimos borrachos haciendo sus necesidades en la calle, tantos que la policía no da abasto.

La situación se ha hecho tan insostenible que los vecinos se han organizado para contratacar. Y lo han hecho por la vía de la venganza. Por todo el barrio hay carteles que advierten:

"No hagas pis aquí, te lo devolveremos".

Y no es que hayan montado patrullas ciudadanas que vigilen a los beodos imprudentes para lanzarles cubos de orín. Su solución es más elegante, y probablemente más efectiva: han pintado los muros de la zona con una pintura especial, normalmente usada para barcos, que repele los líquidos.

La solución alemana a los "Wildpinklers", orinadores salvajes

"El líquido rebota casi con tanta fuerza como golpea", dice la portavoz vecinal Julia Staron a Telegraph.

Es decir, cuando a alguien se le ocurre mear distraidamente contra una pared, es fácil que acabe poniéndose perdido.

Lo mejor de todo es que pese a que muchos de los muros "hackeados" tienen su correspondiente aviso, los hay que no lo tienen. Eso obliga a andarse aún con más cuidado.

Es una ingeniosa manera de luchar contra un problema contra el que las multas (de hasta 200 euros en Hamburgo) no estaban consiguiendo hacer nada, y que estaba poniendo a los vecinos en una situación bastante desagradable. "En algunas calles de por aquí, es como estar dentro de una alcantarilla", asegura Staron.

Sus compañeros del barrio están de acuerdo, y lo dejan bien claro en el vídeo que han lanzado para avisar de su situación:

Lo más interesante del vídeo es que muchos habitantes de grandes ciudades turísticas con zonas dedicadas al ocio nocturno podrían aparecer en él diciendo más o menos las mismas cosas.

En un mundo en el que las distancias cada vez son más cortas, el turismo de borrachera y sexo ha dejado de ser sólo algo que pasa en lugares lejanos y tropicales. Ni siquiera ciudades centenerias como Barcelona, Berlín o Roma están libres de esta amenaza.

Ahora toca ver cómo decide cada cual hacerle frente, aunque es difícil que sus soluciones sean más divertidas que la de los habitantes de St. Pauli.


Si quieres hacer pis en nuestro barrio, más te vale que hayas traido otros pantalones








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