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¿La obra de arte más odiada de las últimas tres décadas? Probablemente, esta

Piss Christ fue creada por Andrés Serrano hace 30 años y atacada por primera vez hace 20. Aún hoy este Cristo bañado en orina sigue dando que hablar

1997. National Gallery of Victoria, Melbourne. Un joven de 16 años entra con un amigo en la galería de arte. Mientras su compañero habla con el guardia de seguridad, él saca un martillo y un destornillador de su chaqueta y destroza una de las obras de arte expuestas.

Se trataba del Piss Christ, una fotografía de 1987 del artista Andrés Serrano que muestra un pequeño crucifijo de plástico sumergido en un vaso que contiene orina del propio autor.

Si no prestas atención al nombre de la obra, a duras penas identificarías las burbujitas que rodean al dios cristiano como pis. Pero lo es. Y el joven vándalo lo sabía. En el juicio en el que fue condenado a pagar 640 dólares por los destrozos, declaró que había atacado la obra después de ver llorar a su madre desconsoladamente cuando se confirmó que la obra formaría parte de la exposición.

La fotografía, que pertenece a una serie de piezas en la que Serano sumerge estatuillas de iconos religiosos cristianos en diversos fluidos humanos, desde leche materna a sangre o semen, sigue siendo, 20 años después del ataque, una de las obras más odiadas de la historia del arte.

La fotografía, que pertenece a una serie de piezas basadas en los fluidos corporales, entre los que se incluye la sangre y el semen, sigue siendo 20 años después del ataque una de las obras más odiadas de la historia del arte.

Ya en 1989 sirvió de excusa a dos políticos republicanos para instar a que el Senado de EEUU interviniera contra las políticas de concesión de subvenciones por parte de la National Endowment for the Arts, que financió indirectamente la obra con una ayuda de 15.000 euros al autor.

Al inaugurarse la exposición en Melbourne, George Pell, obispo de la ciudad, promovió una petición a los tribunales para que prohibieran su exhibición. Curiosamente, Pell es el mismo cardenal australiano que el año pasado declaraba por videoconferencia sobre los cientos de abusos sexuales que la Iglesia Católica había encubierto a instancias suyas. Al final, el mismo director de la galería, Timothy Potts, decidió censurar la pieza y retirarla de la exposición.

En 2007, 10 años después del ataque en Australia, la obra fue la excusa perfecta para que un grupo de neonazis saquearan una exhibición de Serrano en Suecia. Cuatro años más tarde, en 2011, el Piss Christ fue expuesto en una galería de Aviñón bajo una capa de plexiglás y protegida por dos guardias.

La protección extra que no sirvió de nada porque tres jóvenes volvieron a entrar a la galería armados con un martillo y un destornillador. Los jóvenes golpearon el plexiglás ocasionando una rotura similar a la del primer ataque que sufrió la obra. La galería en la que se exhibía decidió mantener expuesta la obra dañada a pesar de recibir numerosas amenazas.

Un día antes de los destrozos, alrededor de 1.000 manifestantes cristianos marcharon por Aviñón hacia la galería con el objetivo de clausurarla. El obispo de la ciudad había exigido con anterioridad que el museo quitara la controvertida obra.

En una entrevista de hace unos años concedida al Huffington Post, Serrano declaraba que el crucifijo era un símbolo que ha perdido su significado, "el horror de lo ocurrido". "Así que si Piss Christ molesta a la gente, tal vez es porque el símbolo está cerca de su significado original", sostiene en la entrevista.

La hermana Wendy Beckett, crítica de arte y monja católica, ha sido una de las pocas figuras eclesiásticas que ha defendido la obra. En una entrevista televisiva interpretaba la obra como una representación de las humillaciones que seguimos infligiendo a Cristo. "En la práctica, ponemos a Cristo en una botella de orina", decía la monja.

En el juicio en el que fue condenado el vándalo a pagar 640 dólares por los destrozos, declaró que había atacado la obra después de ver llorar a su madre desconsoladamente cuando se confirmó que la obra formaría parte de la exposición

En 2015, la obra fue de nuevo censurada y se le prohibió participar en el Photolux Festival celebrado en Italia. Por lo visto, la imagen era demasiado blasfema.

Dejando a parte la blasfemia, lo que es innegable es que 30 años después de la realización de la obra, el Piss Christ sigue levantando ampollas y dando que hablar. ¿No es esa la verdadera función del arte?

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