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Coregasmo: ¿está en el deporte el orgasmo femenino definitivo?

Una práctica cada vez más popular entre las mujeres es realizar ejercicio físico para llegar a un orgasmo sin necesidad de practicar sexo

Que ha habido más avances en la cocina que en el sexo es una de esas cosas que se suelen decir cada vez que salen a la luz nuevas tendencias relacionadas con aquello que a los humanos nos gusta hacer en la cama. Cada cierto tiempo, de manera cíclica, aparecen artículos pseudocientíficos en los que se asegura que un estudio ha revelado que tal o cual postura sexual es beneficiosa para la salud, o para adelgazar, o para llegar al orgasmo femenino, o incluso para prevenir ciertas enfermedades —recordemos que no hace mucho los muros de las redes sociales se llenaban de titulares parecidos al de “¡Las mujeres que hacen el amor a menudo tienen una vida más larga!”—.

Más allá de los miles de estudios y referencias en revistas femeninas sobre técnicas, posturas, métodos para tener una vida sexual más plena y más activa, las modas recientes son aquellas que tratan de instruir a las mujeres a propósito de los orgasmos en soledad: aquellos que no precisan manos o tocamientos, y aquellos que probablemente tampoco precisen de una pareja, sea esta del género que sea. Si hace unos meses todos hablaban del orgasmo tántrico, esa especie de sesión meditativa que sólo con un poco de práctica, caricias y juegos de respiración puede llevar a la mujer a su punto máximo de excitación, ahora vuelve a salir a la luz el concepto del coregasmo, una práctica que combina entrenamiento core con placer.

¿Correrse en el gimnasio?

Puede que a muchas les haya ocurrido eso de sentir un pequeño cosquilleo cada vez que sus zonas íntimas rozan contra el sillín de su bicicleta estática en el gimnasio, o quizá contra la cuerda que han de trepar, para llegar hasta el cielo en todos los sentidos. Sin embargo el coregasmo no va de eso exactamente, puesto que este tipo de orgasmo no es otra cosa que una sensación de placer experimentada no ya en el clítoris sino en la zona abdominal. La tensión en los muslos, la ejercitación del suelo pélvico, la liberación de endorfinas y dopamina combinadas con la quema de calorías es lo que provoca que, en ocasiones, las mujeres tengan esa extraña y placentera sensación —sí, como la de un verdadero orgasmo— a la que desde hace años se le viene buscando explicación.

Desde que hace un par de años la Universidad de Indiana realizara un estudio sobre 370 mujeres de entre 18 y 60 años, en el que se descubrió que muchas de ellas habían llegado a experimentar placer haciendo abdominales (el 45%), levantando pesas (el 26,5%), practicando yoga (el 20%), en la bicicleta estática (el 15,8%), saliendo a correr (el 13,2%) o incluso a caminar (el 9,9%), el concepto de coregasmo comenzó a popularizarse. Los estudios en respuesta a este fenómeno se propagaron por los centros de sexología, obteniéndose siempre resultados parecidos en el seguimiento de grupos de mujeres con largos y diferentes entrenamientos.

Pero este no es el fin del sexo

En Internet se pueden encontrar numerosos tutoriales que invitan a las mujeres a practicar ciertos ejercicios con el fin de alcanzar un coregasmo, sin embargo es recomendable que estos siempre se realicen guiados por un profesional. De hecho, lo más común es que las mujeres que experimentan este tipo de sensación sean deportistas experimentadas, o personas acostumbradas a la vida en el gimnasio. ¿Quizá sea este el secreto que guardan en silencio las verdaderos adictas al deporte? ¿Quizá había algo más en sus ambiciones que sentirse sanas? ¿Quizá este podría ser el final del sexo?

Para nada, pues lo que las afortunadas mujeres que han llegado a alcanzar este tipo de clímax cuentan sobre su experiencia es que a pesar del placer obtenido, no tiene nada que ver con un orgasmo clitoriano o vaginal. De hecho, tras la lectura de algunos hilos de Reddit a propósito de este placer, lo que aprendemos es que tanto el orgasmo meditativo, como el coregasmo, como el sleepgasm —ese que sentimos durante los sueños eróticos— son solo la punta del iceberg de un abanico sensaciones eróticas que nuestro cuerpo es capaz de experimentar, pero que por miedo o por desconocimiento nunca hemos sentido... Porque quizá sí que haya habido más avances en la cocina que en la cama, pero eso no significa que en cuestiones sexuales aún nos queden muchas cosas por descubrir.

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