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Lo que acaba de ocurrirle a May es la perfecta definición de tiro por la culata

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Las elecciones británicas se convocaron para acabar de pulverizar a los laboristas, pero resulta que han sido una picadora para la propia Theresa May y los suyos. Estos son los resultados.

Antonio J. Rodríguez

09 Junio 2017 06:56

GETTY


A comienzos de 2016, David Cameron anunciaba la celebración del referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea. Lo hacía como una forma de ganarse el respeto entre los sectores euroescépticos de su partido, y con una convicción de que la ciudadanía votaría claramente una cosa: "REMAIN". Sus expectativas fallaron. Meses más tarde, Reino Unido decidía marcharse de la Unión Europea y Cameron presentaba su dimisión como líder de los tories.

Un año después, con Theresa May como sucesora de David Cameron, los conservadores en el poder organizaban elecciones anticipadas. Se trataba de unos comicios estratégicos que contaban con un objetivo político claro: aumentar todavía más su gran diferencia con los laboristas y partir a sus eternos rivales, a quienes podían pulverizar para siempre, según sus pronósticos. Con unos partidos socialistas en caída libre en toda Europa, una buena campaña de desgaste podría obligar a los laboristas —como algunos analistas apuntaron— a escindirse en dos partidos para superar su crisis.

Nada más lejos de la realidad.

Tras una campaña decepcionante y una remontada imparable de los laboristas, Theresa May acaba de perder su mayoría absoluta. A su vez, los de Jeremy Corbyn han ganado más de 31 sillones, logrando así el segundo mejor resultado histórico en la historia del partido en términos de votos absolutos. De esta forma, y aunque los conservadores siguen siendo el principal partido, May pierde el control del parlamento, la distancia con los laboristas no se ha ampliado sino que se ha reducido drásticamente y Reino Unido se enfrenta a un parlamento colgado, término con el que se conoce la circunstancia de que ningún partido tenga la mayoría absoluta.

 



Por el momento, los resultados quedarían entonces de la siguiente manera: Tories: 315 asientos (12 menos que antes), Laboristas: 261 (31 más), LibDem: 12 (3 más), SNP: 35 (19 menos), DUP: 10 (2 más), UKIP: 0, Verdes 1, Otros: 11.

La primera ministra conservadora, además, podría correr la misma suerte que su predecesor, ya que con los resultados actuales no han tardado en llegar las llamadas a la dimisión —primero por parte de los laboristas, pero también desde el interior de sus propias filas.

Esta madrugada, Theresa May daba su discurso de la victoria. La primera ministra decía: «Sé que el país necesita un periodo de estabilidad. Y con independencia de los resultados el partido conservador asegurará que cumplimos nuestra tarea de asegurar esa estabilidad para que todos nosotros, como país, avancemos juntos». Como señalaba el Guardian, lo llamativo es que May hable de lo que el partido conservador hará, y no de lo que ella, en términos personales, hará.

En palabras de un editor británico, si algo queda claro de esta elección es que hay varias cosas que los británicos no quieren: un brexit duro, más austeridad, recortes en la sanidad y cargarse los derechos humanos. ¿Quién querría eso?

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