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Conducir como acto de rebelión

Las mujeres saudíes se organizan para reclamar su derecho a ponerse tras el volante

Las luchas sociales son organismos vivos y cambiantes, y tienen muchas caras. Tantas como grupos humanos habitan la Tierra, llenándola de leyes a veces absurdas, a veces poco comprendidas, a veces directamente malignas. El caso es que lo que en un país puede estar perfectamente asimilado, en otro puede ser un motivo para el levantamiento popular. Recuerden por ejemplo a Rosa Parks, aquella joven afroamericana que se convirtió en un emblema de los derechos civiles porque un día dijo que no iba a sentarse en la parte del autobús reservada a la gente de su color. Algo tan sencillo y a la vez tan resonante, un acto simple de fuerte contenido simbólico, que pone de manifiesto que cualquier terreno puede ser campo de batalla cuando se trata de desafiar una autoridad asfixiante. La lucha se adapta a la situación, las brechas surgen en lugares sorprendentes.

Por ello, el hecho de que las mujeres de Arabia Saudí hayan decidido que ya es hora de ponerse a conducir tiene muchas más implicaciones que la de simplemente querer llevar a cabo una actividad que en la mayoría de países es algo tan habitual como el hacer la compra o mirar la tele. En el momento en que esas señoras se ponen al volante van poco a poco plantando las semillas de un movimiento contestatario al régimen teocrático que rige su país y que, aunque no prohíbe legalmente la conducción a las mujeres, sí que lo hace de facto, vía edictos religiosos. Por eso los activistas del país, algunos de los cuales colaboran con las reivindicaciones pro-volante, están revolucionados. Por eso el hecho de que unas 35 mujeres (según los organizadores de la convocatoria) salieran a la calle en sus coches el pasado 26 de octubre a hacer pequeñas compras o lo que les viniera en gana es un acto en sí revolucionario, a pesar de lo naïve que nos pueda parecer desde otras latitudes, donde las luchas, por ejemplo, tienen más que ver con reducir el uso del coche privado y sustituirlo por transporte público o bicicleta.

Para apoyar la iniciativa, el músico iraní Alaa Wardi publicó el pasado sábado 26 en su canal de YouTube una versión cómica del archiconocido “No Woman No Cry” de Bob Marley titulada para la ocasión “No Woman No Drive”. El video tiene su coña más allá del relativo ingenio a la hora de transformar la letra original, ya que apunta, a través de la caracterización del músico (que actualmente reside en el país saudí) y de la presentación que hace de la canción, a temas como las idiosincrasias de los hombres saudíes (la canción es un a capella en la que el cantante se desdobla para hacer música con su voz y partes de su cuerpo, entre ellas una poblada barba que viene siendo icono del buen hombre musulman) o el machismo inherente a este tipo de prohibiciones, que tienen mucho más que ver con la violencia de género que con la opresión religiosa. También a la relación entre Arabia Saudí y Estados Unidos (se supone que el personaje al que interpreta Wardi sería uno de esos ricos jóvenes saudíes que van a estudiar a Norteamerica), basada en tratos económicos y en las enormes reservas de petróleo del país de Oriente Medio, que permiten a su gobierno mantener prácticas prohibitivas y censoras sin que los yankees se preocupen demasiado por imponer en esas tierras sus tan queridas libertades individuales.

La elección de Bob Marley, elemento más visible del rastafarismo, doctrina que predicaba un regreso a las raíces africanas del hombre (se cree que la civilización conoció su génesis precisamente en las regiones del Oriente Próximo o el norte de África) no deja de ser también una vuelta de tuerca conceptual más, añadida al tema de fondo que atraviesa toda la protesta: ¿por qué seguimos prohibiendo derechos fundamentales a nuestros ciudadanos en nombre de supuestas purezas de raza, género o religión que nunca fueron tales? Una buena pregunta que va mucho más allá de los pequeños pero grandes actos de estas valientes mujeres que, por lo que parece, están dispuestas a perseverar en sus protestas.

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