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Compra un anillo por 11 euros y resulta ser un diamante valorado en 400.000 euros

La mujer lo llevó puesto durante años creyendo que era una pieza de disfraz

oi oi

Por lo general, encontrar un chollo en un mercadillo es algo así como ligar en una biblioteca: en el momento poco importa que lo que te hayas llevado a casa no sea en tan fantástico, pero como llegaste allí con muy pocas expectativas, el subidón es considerable. Luego, ya en frío, te ves contemplando tu nueva adquisición mientras te planteas como deshacerte de ella y cómo solucionar tu pequeño problemilla de impulsividad.

Pero, a veces, ocurre. Aunque tu armario, y el mío, y el del 99,9% de la población no puedan confirmar la teoría, lo cierto es que sí hay gente con suerte que encuentra auténticos tesoros tirados de precio en un mercadillo. ¿La clave? Que el vendedor en cuestión no tenga ni repajolera idea del valor de lo que te está vendiendo . 

Eso le sucedió a una mujer de Londres cuando, hace ahora 30 años, compró por 10 libras (unos 11 euros) en un flea market de West Middlesex lo que ella creía que era una pieza de bisutería de algún disfraz. Durante años llevo el anillo cada día... sin imaginar que se trataba de un diamante de 26 quilates del siglo XIX.

Ahora, el diamante ha salido a subasta y se cree que alcanzara un precio de 350.000 libras (400.000 euros).

"La dueña lo llevaba de compras, en su día a día. Es un anillo bonito", dijo Jessica Wyndham, jefa de del departamento de joyería de la casa de subastas londinense. "Pero se compró como si fuera una pieza de disfraz. Nadie tenía ni idea de que tuviera ningún valor real, y lo han disfrutado así todo este tiempo".

Según explicó Wyndham, la dueña (que prefiere mantener su anonimato) estaba convencida de que no podía tratarse de una piedra preciosa porque la encontró entre un montón de objetos sin valor y el brillo no se correspondía con el de un diamante auténtico.

"Con el estilo de tallado antiguo, en forma de cojín, la luz no refleja igual que como lo haría en una piedra tallada de la firma moderna. Los joyeros trabajaban más con la forma natural del cristal para conservar la mayor cantidad posible de la pieza en lugar de hacerlo lo más brillante posible".

30 años después de llevarlo cada día, un joyero le dijo a la mujer que podría tratarse de una pieza de valor. "Llegaron con la idea de que podía tratarse de una joya auténtica pero no tenían ni idea de su valor", dijo Wyndham. "Le echamos un ojo y lo enviamos a analizar al Instituto Gemológico de América. ¡La mayoría de nosotros no podría ni soñar con tener un diamante así de grande"!".

[Vía BBC]

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