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Comienza la carrera hacia el centro de tu mente

El Human Brain Project se propone crear la primera simulación computerizada de un cerebro humano

Cuando uno se levanta por las mañanas con legañas y es apenas capaz de murmurar un 'buenos dias' mientras derrama el café por la mesa en lugar de acertar en la taza, nadie diría que en realidad el órgano que controla tan torpes acciones es una de las maquinarias más complejas existentes en el universo. Y una de las más desconocidas también. Sabemos mucho más de los gases que componen una estrella situada a miles de años luz de nuestro planeta que del verdadero funcionamiento interno de nuestras sinápsis, su organización e interconexión, sus increíbles complejidades moleculares. Paradójicamente, el mismo aparataje que nos sirve para conocer el mundo se ha mostrado de momento limitado para entenderse (del todo) a sí mismo. The Human Brain Project quiere que eso cambie de una vez por todas.

Liderado por Henry Markram, reconocido neurólogo de origen sudafricano y Karlheinz Meier, físico experto en cálculo computacional, el ambicioso proyecto, que nace con un presupuesto inicial de mi millones de euros y un horizonte de desarrollo a 10 años, parte de una iniciativa de la Unión Europea y arranca con una serie de reuniones que están teniendo lugar estos días en Lausanne, Suiza. Para empezar a darle forma Markram y Meier han reclutado especialistas de diversos países europeos (entre ellos un equipo español) y se han hecho acompañar además de equipos de diversos expertos venidos de Israel, China, Canadá y los Estados Unidos. Todo ello con una meta clara: construir un modelo computerizado funcional del cerebro humano. Para entendernos, un superordenador que funcione tal y como funciona el organismo director de nuestros cuerpos y que permita estudiar de primera mano cada una de las infinitas complejidades y recovecos del mismo. Una versión real del Hal 9000 de “2001: Una Odisea en el Espacio”, pero sin el acento británico ni las ansias de matarte.

El primer escollo con el que se toparán los implicados en la empresa es el más obvio: el tecnológico. Es cierto que en los últimos años vienen desarrollándose cantidad de experimentos más o menos dispersos que de una y otra manera han conseguido abrir ciertas brechas en el intrincado diseño de nuestro córtex. Ahí están por ejemplo los intentos de Google de trazar un algoritmo capaz de reconocer formas (un gato, como no) utilizando una red de 16.000 ordenadores a modo de neuronas, o ese fenomenal intento de la Universidad de Berkeley que trataba de reconstruir lo que un cerebro estaba percibiendo en imágenes (el equivalente gráfico de leer la mente) con resultados más o menos precisos (en realidad las imágenes reconstruidas no pasaban de ser acumulaciones nebulosas de color). Ahí están también las iniciativas de hackers, científicos freelances, aparatos militares y otros agentes, cuyos resultados de momento, pese a ser muy espectaculares en intenciones (mover objetos con la mente a través de internet, deshabilitar funciones cerebrales específicas, implantar tatuajes con electrodos que permitan leer ciertos pensamientos, crear música o arte digital a partir de ondas venidas del córtex), se manejan en fases bastante experimentales. Para entendernos, la única música generada hasta hoy a partir de estas tecnologías se parece a algo así como un disco de Merzbow pasado de pitch. Y para lograr algo como eso no hace falta tanto esfuerzo tecnológico.

Lo primero que tendrán que hacer los chicos del Human Brain Project es construir una supercomputadora que les proporcione el músculo suficiente para empezar a realizar las abrumadoramente complejas operaciones que permiten el funcionamiento del cerebro humano. Este es el paso más pesado y sin embargo es también el más esencial, el que asentará las bases para el desarollo del resto del proyecto. El problema es que tal aparato no estará listo, por lo que parece, hasta el 2020. Sin embargo con estas cosas nunca se sabe. Con el proyecto BRAIN Initiative de los estadounidenses dando también sus primeros pasos, no sería descabellado pensar en algo así como el equivalente a una Guerra Fría de la Neurociencia en los próximos años. Mucho mejor eso que lanzarse bombas, la verdad.

Si retomamos al zángano que andaba medio dormido y café en mano hace unos minutos, y lo observamos sorber su café, despeinado y en pijama, con la mirada fija en un punto indeterminado de la cocina mientras repasa mentalmente la lista de la compra, nos seguirá pareciendo que entre semejante estampa y la insondable densidad de las mecánicas mentales hay un abismo bastante cómico. Y sin embargo desentrañar de qué forma se producen operaciones en principio tan vulgares podría ser el primer paso para dar con el camino hacia un verdadero conocimiento de lo que somos y de lo que nos rodea, y ayudarnos a combatir enfermedades que todavía hoy son todo un misterio para los expertos.

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