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Come como un Cromañón: ¿por qué la paleodieta está pegando fuerte?

Claves para entender la ola de revisitación de la dieta que seguían nuestros ancestros

Un día llego a mi casa y uno de mis compañeros de piso, que siempre tiene las narices metidas en recetas de cocina extrañas, estaba hablando de la paleodieta. Para mí era un concepto arcano, como hablar de la Atlántida o del Bitcoin. Pero luego descubrí que, efectivamente, la paleodieta ERA ALGO. Algo que parecía consistente, y que tenía un montón de defensores. Descubrí que también había críticos al respecto. Que en Estados Unidos algunos de los libros de nutrición más vendidos del momento se centraban en explicarla. ¿Estaba ante el nuevo hype de temporada, como la dieta de la alcachofa o el cronut?

La dieta paleolítica se basa en comer de la forma más parecida a la que comían nuestros ancestros de aquel periodo histórico, cuando todavía la agricultura y la ganadería no habían empezado a alterar nuestra manera de vivir o comer, y por ende tampoco habían afectado aún a nuestra misma estructura genética. Así que para empezar, nada de alimentos procesados, nada refinado o enlatado o congelado. Ningún producto lácteo. Todo lo más fresco y crudo posible. Mucha carne roja y blanca, muchas frutas y verduras frescas. Y además, pocas veces al día, tratando de imitar los ciclos de ingesta que hacían nuestros abuelos cromañones cuando tenían que recorrer grandes distancias en busca de comida.

Según los defensores del invento, nuestro organismo es, a nivel genético, en buena parte idéntico al de los humanos prehistóricos, y es a partir de esta dieta que pudimos evolucionar como especie. Y además, y más importante, sostienen que esas prácticas alimenticias son mejores para nuestra salud a muchos niveles. ¿Cuál es la base científica de esas afirmaciones? Parece que diversos estudios antropológicos y clínicos prueban sus beneficios a nivel nutricional, y que además, al ser por ejemplo una dieta que prescinde de harinas refinadas y lácteos (un amplio porcentaje de adultos no digiere bien la leche) es buena a nivel digestivo. Quizás el punto más conflictivo es el abuso de la carne, que no acaba de ser del todo saludable, ni ético, dadas las circunstancias actuales de la industria alimentaria.

Precisamente ese es el punto que más chirría de los defensores de lo cromañón. Aunque los beneficios de una dieta más basada en lo crudo y más frugal parecen evidentes, ¿qué sentido tiene comparar nuestro modo de vida con el de unos humanos muy distintos a nosotros que además vivían en un mundo infinitamente distinto al nuestro? ¿Quién está hoy 10 o 12 horas sin comer buscando piezas de caza en medio del campo, como entonces? ¿No se habrán adaptado nuestros metabolismos a otros ritmos, a otros hábitos heredados de los siglos? Es verdad que, como dice Criss Kresser en su obra " Your Personal Paleo Code", la paleodieta parte de eliminar algunos alimentos para adaptarlos a la situación concreta de cada uno.

Pero eso sigue sin resolver un asunto mucho más importante, y en el cual los paleolíticos no tenían que pensar: no puede obviarse la cantidad de basura genética y química que muchos vegetales y carnes llevan dentro, debido a la industralización de los alimentos. Sin tener en cuenta eso, y eligiendo los lugares de procedencia de tus alimentos, estarás llenando tu cuerpo de antibióticos y pesticidas. Aunque siempre será mejor eso que meterse un Big Mac entre pecho y espalda, o cualquier otro de los engendros de nuestra disparatada época caníbal actual.

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