PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

En defensa de la infidelidad

H

 

Colette es una de las figuras de la literatura francesa más polémicas y deseadas, ahora Anagrama recupera en España su novela breve 'Dúo'

Luna Miguel

11 Febrero 2016 06:00

I

Michel y Alice llevan discutiendo a grito limpio durante la última hora.

Están casados y aparentemente eran felices. Sin embargo, su relación está basada en la duda. Sobre todo en la duda de él hacia ella: en los celos, en la certeza de que su manera de ser y su belleza le acabarían trayendo problemas.

Pero qué significaba la palabra problemas para un hombre como Michel.

¿Que viniera otro a arrebatársela? ¿Que la propia Alice se cansara de la relación y quisiera separarse? ¿Que dejaran de quererse y él no supiera qué hacer para sobrevivir sin su amor? ¿Que Alice fuera una mentirosa compulsiva?


El verdadero problema de Michel, sin embargo, no eran los otros hombres, ni tampoco la sensualidad y el misterio que envolvían a Alice.

Su problema era él mismo. Tan posesivo, tan histérico, tan celoso.

Así, el paso de Michel y Alice por la novela Dúo, de la autora francesa Colette, se convierte en un ejemplo cómo una pareja puede destruirse en pocos días u horas, consumida por la incomprensión y la incapacidad de perdonar.


II

Qué triste es no saber perdonar.

Aunque más triste todavía es dejarse comer por los celos, aún sabiendo que nos arriesgamos a quedarnos solos.

Pero dónde está el límite, y hasta qué niveles el corazón humano es capaz de soportar el dolor de saberse traicionado.

En realidad, Alice recuerda mucho a la propia Colette


En Dúo, la protagonista sabe que ha sido infiel, pero no quiere hacer un mundo de ello. ¡Eso pasó hace mucho tiempo!, se dice. ¡Y para mí no significa ya nada!, confiesa a Michel, quien acaba de encontrar en una carpeta una carta de amor que le hizo llegar un amante a Alice, mientras él estaba de viaje hacía un año.



Ella, que trata en todo momento de explicarle a Michel cuánto lo ama, y qué desafortunado fue aquel lío pasado, se muestra ante el lector como una adulta que durante alrededor de 120 páginas tiene que amansar a la pequeña e infantil fiera de su marido.

Las tiranteces son cada vez mayores. Y entonces cualquier excusa es buena para que las chispas salten, los reproches continuos, aireándose el uno al otro, pero sobre todo él a ella, cada una de las pelusas que escondían bajo las tupidas alfombras de sus respectivos egos.


III

En este punto, un lector que conozca la obra pero sobre todo la vida de Colette podría pensar que en el personaje de Alice hay mucho de la autora. Quizá demasiado.

Sidonie-Gabrielle Colette, que nació a finales del siglo XIX y murió a mediados del XX, fue a ojos de algunos autores y lectores de la época una vividora, una loca, una mujer libre, una heroína, una feminista, una escritora llena de erotismo, rebosante de rabia, determinante sobre todo para las generaciones posteriores.

Fue una heroína, pero también una escritora odiada por la crítica


Sin embargo, durante su vida le fue mucho más difícil alcanzar todos esos halagos y respeto, y a menudo era vista como una mujer que vivía en pecado, desequilibrada, ninguneada por la crítica, y, para ciertas mentes más conservadoras, poco menos que una prostituta.



Esos juicios desvirtuados y cortos de miras, propios del machismo de aquel momento, siempre quedaban sepultados bajo la grandeza de las obras de Colette, y también bajo su fuerte personalidad. A ella, en verdad, todas esas habladurías le importaron poco.

Por eso no dudó en salir a la luz cuando su primer marido se aprovechaba de sus ficciones y las publicaba a su nombre: aquellos libros eran suyos, y de nadie más, por muy marido que fuera, por muy importante que él se creyera.

Colette fue un huracán: narradora, periodista, actriz, y hasta una suerte de 'it girl' para la época


Tampoco le daba ningún reparo reconocer su sexualidad abierta, sus obsesiones lésbicas, su pasión y absoluta entrega al sexo y a la promiscuidad.

Incluso con su segundo marido, con el que tuvo a su primera y única hija, todo acabó mal quizá porque este no era capaz de entender que Colette no era sólo un huracán en la literatura, el periodismo o el teatro —en verdad, en lo que se propusiera— sino también en cuanto a lo que su cuerpo le dictaba.

Colette, de hecho, terminó teniendo un romance con un hombre muchísimo más joven que ella, algo que supuso un revuelo, pero, ¿si las relaciones entre hombres mayores y jovencitas estaban bien vistas, por qué debían oculte cuando el adulto de la relación era una mujer?

 

IV

«Creía sufrir y sólo estaba agitado, molesto por el cansancio. Mientras palpaba entre sus costillas el lugar probable donde podía madurar y fijarse un mal errante, se abstenía de moverse, de provocar ese enorme ruido que, en la paz nocturna, hace un cuerpo desnudo bajo el mar de las sábanas. Arrastró su perplejidad hacia su sueño, en sueños siguió creyendo que velaba, y nunca supo si Alice había fingido o no el sueño.»


V

Dúo, de Colette, es un texto profundamente poético, donde el lenguaje preciosista nos ayuda a entrar mucho mejor en la mente y el corazón de una pareja destrozada por los celos y la incomprensión.

La sensación que envuelve la lectura es de desconcierto, uno al final no sabe si los protagonistas se odian de verdad, o si sólo están tratando de sobrevivirse a sí mismos.

Dúo, también, es una suerte de defensa de la infidelidad. Un llamamiento a las mujeres y a los hombres que leerían esta historia y aprenderían que no hay nada malo en dejarse llevar si somos conscientes de lo que estamos haciendo, y si, a pesar de nuestros deslices, somos capaces de amar.



Dúo es un secreto más dentro de toda esa obra plagada de secretos que Cloette dejó escrita, esa misma que a tantos dolió y pareció insultante, esa por la que la autora tuvo que enfrentarse a insultos y a malas miradas, esa por la que le llamaron fresca o infiel.

Y con qué ironía.

Pues puede que sea cierto que tanto Colette como sus personajes femeninos vivieron y amaron y follaron todo cuanto quisieron.

Pero eso no quiere decir que no fueran fieles.

Colette fue fiel.

Fiel a sí misma y a sus instintos, y eso, en realidad, es lo único que importa.  


share