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La última "genialidad" del gobierno mexicano para luchar contra el acoso sexual: un pito

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El jefe de gobierno de Ciudad de Mexico anunció recientemente esta medida contra la violencia sexual. Y, ojo, no es la única solución surrealista para este grave problema

silvia laboreo

31 Mayo 2016 21:34

Te avisamos, no es una broma. El Gobierno mexicano ha pensado que la mejor manera de luchar contra el acoso callejero es un silbato. Un silbato marca ACME. Como en aquellos dibujos animados.

El ejecutivo pretende convertir a las mujeres en una especie de versión femenina del Correcaminos y armarlas hasta los dientes... con un pito. Mientras el Correcaminos chillaba sus bep-bep cuando huía perseguido por el coyote, las mujeres mexicanas tendrán la posibilidad de usar el silbato cada vez que tengan que hacer frente a sus acosadores.  

Qué bien, qué sutil, qué efectivo.

El cerebro intelectual de esta genialidad es el Jefe de Gobierno de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, que el pasado 25 de mayo compartió en su cuenta de Twitter la foto de un silbato.



La idea del Gobierno es que con este dispositivo las mujeres alerten a la gente de su alrededor o a la policía de un posible delito en su contra. La medida, implantada en países como Canadá, India, Nueva Zelanda o Estados Unidos —principalmente en universidades— y conocida como “el silbato anti-violación”, ha causado gran polémica en las redes sociales de México.

En una ciudad como Ciudad de México, donde el 72% de las mujeres son víctimas de algún tipo de violencia sexual, muchos se preguntan si implantar un pito anti violación no es más que una broma de mal gusto. Desde que se conoció la noticia, las bromas y memes en Twitter son constantes y el hashtag #ElPitodeMancera fue trending topic en el país.



El folleto explicativo que acompaña el silbato indica: "Cuando veas una conducta inusual o escuches el sonido de un silbato, ponte alerta y acude al lugar donde se origina. Sé parte de la solución, utiliza el silbato para pedir respaldo de otros ciudadanos y advierte al agresor que se retire de inmediato del lugar”.

Porque claro, tienes un pito.



¿Ventajas? Puedes hacer ruido en caso de ataque.

¿Desventajas? Muchas. Empezando por la efectividad del método: puede que nadie escuche tu pitido o que simplemente su sonido no disuada a tu agresor. Además, tienes que tener la sangre fría necesaria para usarlo. Si tenemos en cuenta la situación de estrés y nervios que se vive cuando alguien te está acosando... quizás no sea algo tan sencillo.  

Y lo más importante: tienes que llevarlo encima con el miedo que supone pensar que lo llevas porque la posibilidad de que alguien te acose o te agreda sexualmente por la calle es... muy real. Por no hablar de que esta medida se “olvida” de la terrible realidad de que la mayoría de agresiones sexuales ocurren a puerta cerrada y dentro del entorno de la víctima.



Debemos ir armadas hasta los dientes, no cruzar por calles oscuras, comprobar si alguien nos está echando algo en la copa, no vestir con minifalda para “no ir provocando”, volver a casa acompañadas o gastar un dineral en taxis que nos dejen en la puerta, evitar ciertos lugares a ciertas horas, caminar con la cabeza agachada o simplemente ignorar el acoso.

Y ahora, usar un silbato que sirva como alerta.

“El miedo a ser violadas se utiliza como una forma de control de comportamiento. El acoso no solo se apodera de mí en el momento del ataque sino las 24 horas del día”, recuerda al respecto Rebeca Nagle, directora de FORCE: Upsetting rape culture, un iniciativa que lucha contra la cultura de la violación.

La sociedad enseña a las mujeres a no ser violadas en vez de a no violar y medidas como esta no hacen más que acentuar este problema.



Sin embargo, la decisión del gobierno mexicano no es la única política pública encaminada a luchar contra este tipo de delitos que ha despertado controversia. En todo el mundo los políticos luchan —o hacen ver que lo intentan— contra el acoso y la violencia sexual con resultados no muy efectivos.

En Brasil —país tristemente de actualidad por la violación colectiva de un grupo de hombres a una chica— y en Japón, se han implantado transportes públicos solo para mujeres, con el objetivo de aislar completamente a los posibles agresores de las mujeres.

La policía de Nueva York ha puesto en marcha el “buddy system” (sistema de colega) para que las mujeres no vuelvan a casa solas. Porque claro, una mujer sola (sobre todo si está borracha) es una presa fácil.

Un gurú espiritual indio recomendaba llamar a los violadores “hermanos” e implorarles a que paren en caso de violación.

El Gobierno indio también se cubre de gloria y decide prohibir una comida, el chowmein especiado, ya que consideran que desequilibra el balance hormonal y conduce a la violación. Claro, ahora todas las agresiones van a ser culpa de una mala dieta.


El condón antiviolación definitivo 


Luego también tienes la opción de armarte hasta los dientes. Condones dentados, sprays de pimienta y hasta un esmalte de uñas que cambia de color cuando entra en contacto con una bebida adulterada.

O usar tu propio cuerpo como método de defensa. Y no, no hablo de autodefensa feminista, sino de vómitos y pis sobre tu agresor. Ese es el sorprendente consejo que daba una Universidad de Colorado a las posibles víctimas de abuso sexual.

Por último, el alcalde de la ciudad turca de Mus recurre al viejo dicho de que, a veces, lo más simple es lo más efectivo y lanza el siguiente consejo anti-violación: mujer, quédate en tu casa.

Todas estas medidas son tan esquizofrénicas que nos harían incluso gracia... si no fuera porque son tristemente reales. Y nos llevan a lo mismo de siempre: nos vuelven a hacer a las mujeres responsables únicas de nuestra propia seguridad.



Ante la indiferencia de la gente cuando nos acosan, ¿es un pito la respuesta? ¿Parará el acoso un pitido a tiempo? ¿Se reducirán las situaciones de violencia sexual gracias a este pequeño objeto?

El pito de México solo es la punta del iceberg de un problema mucho mayor. Porque lo cierto es que no necesitamos un silbato, sino tener el derecho a sentirnos seguras por la calle. Como cualquier hijo de vecino.

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