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Çilem Doğan: una pistola y 6 balas para vengar a todas las mujeres humilladas

Çilem Doğan, una mujer turca de 28 años, ha acabado definitivamente con su maltratador

Esposada. Con gesto de satisfacción. Con los pulgares arriba.

Çilem Doğan acaba de hacer lo que cree que tenía que hacer.  

Ha matado a su exmarido, que estaba destrozando la vida de esta turca de 28 años.

El peso de la justicia no será nada comparado con aquel suplicio que comenzó para Çilem cuando se casó con Hasan Karabulut. El maltrato comenzó al mes de lo que debía ser una vida feliz.

Ni siquiera embarazada se detuvieron los golpes, según ha contado ella misma. El punto culminante de violencia sobre Çilem llegó cuando aquella persona que debía contribuir a su alegría trató de obligarla varias veces a prostituirse.

La pareja era en realidad expareja, aunque él no quisiera aceptarlo. Los dos se habían divorciado aunque seguían bajo el mismo techo con su hija pequeña. Según Çilem, su ex-marido no le dejaba dar el paso final del divorcio: la separación física. Amenazaba con castigar a la familia de ella.

Pero el pasado 8 de julio todo cambió para ambos. Fue el día en que Karabulut forzaría por última vez en su vida a Çilem para que fuera prostituta. Quería llevársela a Antalya, a más de 600 kilómetros de su casa en la ciudad de Adana, al sur de Turquía.

El exmarido, el proxeneta, el verdugo, estaba volviendo a pegar a Çilem ante la negativa de esta.

La empujó sobre la cama. Una paliza más.

Pero resulta que debajo de la almohada había una pistola.

Y Çilem pudo cogerla.

Y meter 6 balas en el pecho de la bestia.

La última paliza. El infierno se había acabado. Çilem cogió a su hija y se fue de aquella maldita casa.

"¿Es que van a morir siempre las mujeres? Que muera algún hombre, también. Le he matado por mi honor".

Estas fueron las primeras palabras de Çilem a la policía cuando fue arrestada al día siguiente, en casa de sus padres. "No me arrepiento", concluyó.

La inscripción de la camiseta que llevaba Çilem en el momento de ser detenida ha sido un manifiesto que ha golpeado a Turquía. "Querido pasado, gracias por todas las lecciones. Querido futuro: estoy preparada", puede leerse.

Çilem no está sola. Numerosas mujeres turcas se han posicionado a favor de la decisión de esta víctima de la violencia machista. Al cabo de unas horas, en Facebook se creaba un grupo que pide la libertad de la mujer, y Twitter se llenaba de mensajes de solidaridad.

Çilem no es la primera mujer turca que se ve obligada a tomar una decisión radical. El nombre de Nevin Yildirim saltó a todos los medios hace 3 años. Un mismo hombre la había estado violando durante 8 meses, dejándola incluso embarazada. Finalmente, ella le disparó diez veces, una de ellas en la entrepierna, y le cortó la cabeza, arrojándola a la calle.

Cuando fue arrestada, Nevin solicitó abortar, pero las autoridades, basándose en el límite de 10 semanas de la ley turca, no se lo permitieron. Dio a luz y rechazó al bebé, alegando que no podía quedarse el fruto de aquella humillación. El estado turco se quedó el recién nacido y el propio presidente Recep Tayyip Erdoğan fue quien le puso nombre: Elif Sila. 

Actualmente Nevin Yildirim está cumpliendo cadena perpetua. El juez estimó que la relación con su violador, a pesar de que este amenazó a Nevin con un cuchillo y con matar a los dos hijos de ésta, había sido consentida.

El de Çilem o el de Nevin no son casos aislados. En Turquía, unas 30.000 mujeres son agredidas cada año, alrededor de un 42% sufre violencia en su propio hogar y más de 100 mujeres en lo que va de 2015 han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.

El verdugo puede dormir en tu misma cama

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