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Cierre definitivo de la central nuclear de Garoña, la gemela española de Fukushima

La central se encontraba inoperativa desde 2013 a la espera de que el Consejo de Seguridad Nuclear diera el visto bueno para su funcionamiento.

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La negativa de la oposición, las discrepancias entre las empresas propietarias de la central y el elevado coste que supondría su modernización han sido los detonantes para denegar la reapertura de la central nuclear de Santa María de Garoña. Lo han confirmado el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital de España, Álvaro Nadal.

Propiedad de Nuclenor y participada por las eléctricas Iberdrola y Endesa, la central más antigua de España ha sido objeto de debate político desde que paralizara su actividad en 2013. Nadal "lamenta la decisión" y asegura que "las circunstancias actuales no han dejado otra opción que denegar la amplicación de la actividad". Se trata de una decisión que han celebrado el resto de los partidos de la oposición. El único partido que defendía su reapertura era el PP, el partido del Gobierno.

El Gobierno ha hecho pública la decisión una semana antes de que expirase el plazo para decidir el futuro de la central. En febrero, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), daba luz verde a la reapertura de Garoña si se llevaban a cabo una serie de reformas y modernizaciones para garantizar las condiciones de seguridad.

Entre las medidas se incluían cambios en los circuitos y en las turbinas, pero no en el reactor, de la misma fabricación que el de Fukushima, la central que portagonizó el mayor desastre nuclear del siglo XXI. Los costes estimados por el CSN rondaban los 200 millones de euros. Nuclenor sería quién debía asumir el coste.

En 2013, la empresa propietaria justificó el cierre de la planta por motivos de rentabilidad económica. La central iniciaba así su desconexión de la red depués de 41 años de funcionamiento para evitar pagar el impuesto sobre energías nucleares. Sin embargo, la empresa tenía planes de seguir explotando la central al menos 17 años más.

En 2009, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero truncó los planes de las eléctricas y marcó el cierre de la planta para 2013. Ese mismo año, el Gobierno de Mariano Rajoy modificó el decreto y concedió a la empresa la oportunidad de volver a retomar su actividad. Sin embargo, Nuclenor decidió detener las operaciones hasta garantizar la rentabilidad en la planta.

Después de varias idas y venidas, la empresa decidió finalmente en 2014 pedir al Gobierno la reapertura de Garoña, pese a las discrepancias entre las dos eléctricas. Iberdrola no compartía la decisión de reactivar la central, mientras que Endesa defendía que siguiese su funcionamiento. Finalmente la decisión se dejó en manos del CSN, que dio luz verde y retornó la patata caliente al Gobierno que hoy, finalmente, ha confirmado su cierre definitivo.

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