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Centenares de niños hijos de los combatientes del Estado Islámico viven atrapados en cárceles

600 niños se encuentran en el limbo por culpa de haber nacido en el seno de la agrupación terrorista

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Tamim Jaboudi ha pasado su segundo cumpleaños en la cárcel. Dentro de poco más de una semana, cumplirá tres años y seguirá en la cárcel. Tamim es un niño tunecino, hijo de una pareja de combatientes de Estado Islámico, al cual sus padres abandonaron para unirse al grupo terrorista.

Ahora, Tamim vive con una docena de mujeres y sus hijos en la cárcel de Mitiga, en Trípoli, que voluntariamente se unieron al grupo terrorista. Hay centenares de niños como Tamim, que se encuentran en el limbo, sin tener a donde ir. Son víctimas colaterales de los militantes que no quieren volver a por a sus hijos después de combatir en la guerra, o bien han muerto durante el conflicto, como los padres de Tammin, que fallecieron durante un ataque aéreo estadounidense en 2016.

"¿Cual es el pecado de un niño para estar en la cárcel con criminales?", señaló a Associated Press el abuelo de Tammin, Faouzi Trabelsi, que viajó dos veces para ir en busca de su nieto, aunque sin éxito. "¿Si el se cría allí, que tipo de actitud tendrá hacia su tierra natal?", añadió Trabelsi.

En total, la Unión Europea ha registrado a 600 niños que son hijos de los combatientes de Estado Islámico, que viven con ellos o bien han vuelto a países en conflicto como Siria, Irak o Libia. Aún así, se cree que la cifra es superior.

Principalmente en Libia, donde se encuentra Tamim, el futuro es incierto. Desde la guerra y posterior caída del dictador, Moammar Gadafi, el país se encuentra dividido en dos Gobiernos, cada uno respaldado por diferentes milicias, facciones políticas y tribus y se ha convertido en un país ingobernable. Aunque Túnez ha intentado en varias ocasiones traer de vuelta a mujeres y niños reclusos en las cárceles de Libia, ha sido imposible.

Para familias y niños es muy difícil escapar de las zonas controladas por Estado Islámico. Aunque algunas lo consiguen, al volver a sus países se convierten en sospechosos terroristas. Esto sucede principalmente en Túnez, Francia y Bélgica, que han sufrido varios ataques del grupo radical.

El Estado Islámico ha reclutado familias enteras, proclamando que construiría una sociedad que se mantendría durante varias generaciones. Para ello, utilizó propaganda mostrando a niños comiendo dulces en aparentes calles tranquilas y se les prometió la cobertura de servicios públicos. En este contexto, los niños se convertirían en "verdaderos musulmanes". La realidad era distinta a la propaganda, los servicios médicos eran rudimentarios y los alimentos escasos.

No está claro cuántas niños y niñas hay en zonas controladas por Estado Islámico o bien en sus cárceles. Según Nikita Malik, una investigadora del think tank británico Quillam, que estudia sobre extremismos, 450 niños franceses, 80 británicos y 60 holandeses viven en estos momentos entre las fronteras del califato.

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