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Científicos logran desactivar el 'instinto asesino' dentro del cerebro

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Investigadores consiguen dominar el comportamiento depredador en ratones interviniendo un grupo de neuronas mediante laser

astrid otal

13 Enero 2017 17:20

¿Qué pasaría si fuera posible localizar la zona concreta del cerebro donde se ubican los instintos más básicos? Y si se diera con ese lugar concreto, ¿podría intervenirse de alguna manera sobre él para modificar o incluso eliminar esos instintos?

Esas son algunas de las preguntas que se hicieron un grupo de científicos de las universidades de Yale y Sao Paulo. En concreto, querían investigar uno de esos instintos, identificar las regiones cerebrales en las que se activan los distintos aspectos del instinto asesino o instinto cazador. Y parece que lo han logrado. 

"Hemos descrito por primera vez la manera en que las redes conectadas en el cerebro de los mamíferos organizan un complejo comportamiento de supervivencia, la caza predatoria", explica a Materia el autor principal de la investigación, el brasileño Ivan de Araujo.

Pero la cosa va más allá: los científicos implicados en el estudio pueden decir que encendieron y apagaron esos circuitos a propia voluntad.



Los investigadores encontraron que en la amígdala central, la zona del cerebro relacionada con el procesamiento de las emociones, existen dos conjuntos de neuronas bien diferenciados. Uno impulsa la búsqueda de la presa hasta su captura. El otro desencadena la capacidad de matar coordinando la habilidad de usar las garras, la mandíbula y los músculos del cuello para desangrarla.

Valiéndose de la optogenética —un conjunto de métodos que permiten activar o desactivar voluntariamente las neuronas que hacen posibles estados particulares, usando la luz como agente inductor—, observaron que podían manejar el comportamiento depredador de los roedores. De estar en una situación normal, con solo un clic de láser que encendía las redes neuronales, el animal se lanzaba a perseguir cualquier cosa que se encontrara en su camino aunque no tuviera hambre, desde insectos hasta palos de madera. Lo único que no hacía era intentar atacar a otros ratones de su alrededor.

"No es que hayan salido de control intentado matar todo. Tenía que ser algo que les pareciera comida", explica Ivan de Araujo, autor principal, para matizar que, aunque así aparecía en la nota de prensa, no actúan como los zombis de The Walking Dead sin ningún tipo de discriminación.

Mediante el láser, luego los científicos pasaron a "matarles" esos instintos. Cuando desactivaron la red encargada de la "caza y captura", vieron cómo los roedores tardaban mucho más tiempo en abalanzarse sobre una presa, incluso estando hambrientos. Al apagar el segundo circuito de neuronas, el dedicado a morder para matar, los roedores vieron impedidos sus movimientos. No podían dar dentelladas y, tras mucho luchar para conseguirlo, su fuerza para morder era un 50% más débil.

"No lograron dar el mordisco de muerte", dijo Araujo.

Su investigación, que se ha publicado en la revista Cell, ha demostrado que los instintos que determinan la supervivencia se pueden condicionar con un clic.


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