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China acaba de inaugurar la nueva era dorada de la globalización

Los números presentados por Xi Jinping para la nueva Ruta de la Seda dejan en ridículo hasta al mismísimo Plan Marshall

China ha comenzado un proyecto global e histórico que ya no tiene freno. La Nueva Ruta de la Seda o One Belt One Road (Una Franja, Una Ruta) se dió a conocer en un discurso del presidente chino Xi Jinping hace cuatro años, pero este domingo se ha presentado finalmente en sociedad en el Foro Internacional sobre la Nueva Ruta de la Seda como la alternativa para cambiar el orden económico mundial.

Como si no hubieran pasado más de dos mil años desde que comenzaron los primeros viajes de comerciantes chinos a Asia Central a vender especias y tejidos, la Ruta de la Seda vuelve a resurgir bajo otro nombre como una alternativa económica a la de Occidente, dominada por Estados Unidos. One Belt One Road también ha servido como un instrumento clave para hacer realidad el Renacimiento de la Gran Nación China o Sueño Chino, el credo personal de Jinping que ha influenciado la agenda de política exterior del país.

El proyecto es la joya de la corona en la política china, que lleva forjándose desde 2013 a través de construcciones megalómanas. La ambiciosa red de infraestructuras, transporte y comercio que ha puesto en marcha Jinping es la columna vertebral del nuevo programa económico y geopolítico chino y sirve para crear conexiones comerciales y diplomáticas con más de 60 países en Asia, África y Europa, donde Pekín quiere invertir hasta cinco billones de dólares en el próximo quinquenio.

La ambiciosa red de infraestructuras, transporte y comercio que ha puesto en marcha Jinping es la columna vertebral del nuevo programa económico y geopolítico chino y sirve para crear conexiones comerciales y diplomáticas con más de 60 países en Asia, África y Europa.

Las cifras de la Nueva Ruta de la Seda son astronómicas. El proyecto asiático implicará a más del 65 por ciento de la población y supondrá un tercio del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. Los números dejan en ridículo al Plan Marshall que lanzó Estados Unidos para revitalizar Europa tras la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que el ministro de asuntos exteriores chino, Wang Yi, descartó en más de una ocasión la comparación.

"Este es el proyecto del siglo", señaló Jinping durante su intervención delante de 29 jefes de Estado y de Gobierno que no quisieron perder la celebración. Entre ellos estaba el ruso Vladimir Putin y el turco Recip Tayyip Erdogan, en un ambiente donde se notaba la ausencia de la mayoría de líderes de democracias occidentales.

El plan tiene defensores y detractores. Para los críticos, se trata de un plan para que Pekín extienda su influencia en el mundo para convertirse en una hiperpotencia y para mantener los intereses económicos de las empresas chinas. Para sus partidarios, supone el aumento del comercio y supone la cura para todos los males que ha dejado la globalización en los países más pobres.

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