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China muestra el camino de futuro para la música en directo

Las nuevas experiencias en materia de crowdfunding indican otras maneras de financiar la música en vivo: ‘comprando’ canciones o pagando por verlo desde tu móvil

Si en la antigua Bizancio se discutía sin descanso sobre el sexo de los ángeles (sin llegar nunca a ninguna conclusión definitiva), en nuestra era de Internet uno de los debates más concurridos, y a veces estériles, que se dan en los foros habilitados para tal efecto es si el crowdfunding es el futuro de algo. ¿Se publicarán discos en el futuro sólo porque el público los financiará con donaciones? ¿Es el futuro de los libros pagarle tú al escritor para que haga obras a la carta (o por aclamación vía desembolso)? Llegados a este punto, el debate vuelve a dirigirse hacia uno de sus puntos fuertes: la música en directo. Una reciente experiencia en China ha demostrado ser suficientemente exitosa como para hacernos pensar si el mecanismo de financiación de la música en vivo debería empezar a engrasarse de otra manera.

Estos son los hechos: dos artistas locales llamados Li Quan y Li Daimo, surgidos de la cantera de celebridades de los concursos de televisión (o sea, los Bisbal y Bustamante de ojos rasgados), reunieron hace pocos días en un club de Pekín a 800 personas, mientras varios cientos más seguían el mismo evento desde su casa gracias a un servicio de streaming. Lo curioso de este concierto es que su proyección y su financiación provenían de una iniciativa privada de crowdfunding impulsada por Xiami, un portal de música que estimó las siguientes cifras para lograr que el evento fuera rentable: 100.000 yuan (algo menos de 15.000 euros) recaudados en el plazo máximo de un mes. Otro dato interesante es que los donativos podían ser de diferente tipo: 1 yuan si querías ver el concierto desde tu casa o tu móvil, 280 para asistir al concierto en persona y 3.000 si además querías pedir una canción en concreto.

El éxito de la iniciativa no sorprende (en 15 días estaba todo el pescado vendido), pero sí es novedosa la manera de diversificar el tipo de pago y los servicios ofertados, en lo que parece ser un concierto ‘a la carta’, distinto en cierto modo a los shows tradicionales. Por tanto, la pregunta no es tanto si el crowdfunding es el futuro de la música en directo, pues está claro que la financiación por parte de individuos a título personal es una vía lógica de desarrollo -y al fin y al cabo consiste en lo de siempre, que es pasar por taquilla-, sino cómo la introducción de nuevas fuentes de capital cambiará la apariencia y desarrollo de los mismos conciertos. ¿Se convertirán en un karaoke? ¿Podrá alguien comprar el derecho a subir al escenario y cantar con el artista en cuestión un dueto de amor? ¿Hará esto la música en directo más libre, o serán los artistas más que nunca esclavos de su público?

Teniendo en cuenta que en el principio de la música en directo (en los siglos XVII y XVIII, en Inglaterra, Italia y el Imperio Austriaco) muchos conciertos se celebraban por subscripción, siendo el artista el que lograba financiar su aparición gracias a las donaciones del público asistente, más bien parece un regreso al origen que no un paso adelante.

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