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Este restaurante cool quiere que cenes como un condenado a muerte

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En Death Row Dinner fantasean con la idea de recrear los momentos previos a una ejecución. Ya hay un change.org para frenarlos

Leticia García

18 Septiembre 2014 16:51

En esa  extraña competición por ver quién es más irónico que el resto, el denominado “consumo hipster” está traspasando ciertos límites. Si hace unos días saltaba la noticia de que la marca cool Urban Outfitters puso a la venta una sudadera ensangrentada que evocaba una matanza estudiantil sucedida en los 70, esta vez la controversia llega a través de un restaurante pop up. Para los no iniciados en tendencias modernas, se trata de un bar efímero en el que se sirven comidas basadas en un concepto. Pues bien, esta vez lo del concepto se les ha ido un poco de las manos.

Death Row Dinners no está en Williamsburg, sino en su primo hermano europeo, Shoreditch, el barrio londinense que concentra mayor cantidad de bares, tiendas y galerías cool por metro cuadrado. La idea de los impulsores es bastante simple: como el nombre del restaurante indica (las cenas del corredor de la muerte), se trata de degustar la última comida que piden los condenados antes de morir. O como ellos mismos indican en su página web, “disfrutar la idea de la última cena sin tener que pasar por el tema de la ejecución”. Una idea simple, sí, pero tan absurda como de mal gusto.

El menú, que se toma junto a otros ochenta “compañeros de prisión”, consta de cinco platos inspirados en los menús de algunos ejecutados famosos. Pero el restaurante no da el ni el nombre de cada plato ni el de sus “presos inspiradores”; quiere que la experiencia sea una sorpresa.

Lo que sí hicieron fue colgar en su página algunos rostros de presos ejecutados: Llevaban un cartel promocional colgado en el que se especificaban algunas de las claves de este peculiar menú: huevos cocidos, patatas asadas y tres chupitos de Jack Daniels, helado con chocolate caliente o filete, albóndigas, dos huevos fritos y tres latas de Dr. Pepper.

Fueron, precisamente, esas fotos las que provocaron la ira en las redes sociales. Muchos se posicionaron en contra de la iniciativa y denunciaron la falta de escrúpulos de sus impulsores.

Existen diversas series artísticas basadas en la comida de los condenados. Como No seconds, la obra que hace algunos años llevó a cabo el artista Henry Heargraves fotografiando platos de comida al lado de la ficha policial del preso que la había pedido. Su función, obviamente, era humanizar a los condenados a muerte a través del retrato de sus últimos deseos. No era necesario fotografiar sus rostros.

En el caso de Death Row Dinners, las ganas de ser original pesan bastante más que la humanización. Por eso se ha creado un change.org que pide la retirada del restaurante (o al menos de su concepto). En él, se describen algunos de los sobrecogedores momentos que vivieron muchos condenados antes de su ejecución. “No son casos aislados. Esta es la realidad de un sistema brutal, racista, arbitrario y lleno de errores”, escriben en el manifiesto.

Death Row Dinners ha retirado las imágenes de su página y, en su lugar, ha colgado un comunicado que no termina de sonar a disculpa sincera:

“Estamos sorprendidos y tristes por la respuesta a Death Row Dinners y lamentamos sinceramente cualquier ofensa causada. El restaurante pretende explorar el concepto de las últimas cenas. Cualquiera que haya ido alguna vez a una cena ha tenido probablemente esta conversación: ¿Cómo nos gustaría que fuera la última? Pero, dada la respuesta a nuestra idea, estamos considerando qué hacer e informaremos a todos de nuestra decisión”.

Por lo pronto, el formulario para apuntarse a esta cena conceptual sigue funcionando. Pero las redes sociales han frenado (en el caso de Urban Outffiters y en el de este restaurante) lo que ya parecía una realidad: la lucha por ver quién es más irónico, más exclusivo y más original ha llegado a un punto que parecía intocable: el de las muertes y las ejecuciones.

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