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Lo que Cataluña necesita es catalanizar la telebasura

Un libro defiende que Cataluña sólo será un país normal cuando tenga su propio sistema de cultura basura

España le roba a Cataluña. Esta expresión tantas veces repetida, algunas con terquedad, otras con sorna, es cierta por lo menos en un sentido: España se ha adueñado del monopolio de la cultura basura. Del plató de Gran Hermano a la portada de la revista Lecturas, la nueva mitología popular es forjada en las mazmorras del imaginario español. No debemos olvidar que la lengua con que Rafa Mora cautiva a sus pretendientas no es otra que la de Cervantes.

Para muchos catalanes esta derrota es motivo de celebración: la telebasura es cosa del país vecino, algo totalmente ajeno al buen hacer catalán, desconocido a nuestro tan preciado seny. Sin embargo, "Ministeri d'incultura. Catalunya a la recerca d'un kitsch nacional" (A contra vent), el libro recién publicado de Andreu Pujol, demuestra que los catalanes —y no los españoles residentes a Cataluña, como cierto narcisismo biempensante querría creer— somos unos grandes productores y consumidores de cultura basura.

Productores está claro. Somos los catalanes quienes os regalamos Operación Triunfo y Crónicas Marcianas. Quienes alumbramos el Pronto. Hasta creamos a Mercedes Milà y Jorge Javier Vázquez para vuestro regocijo. ¿Y qué hace España por nosotros? Obliga a Sònia Monroig a apodarse "Monroy" para poder triunfar en televisión. Sin embargo, ha de tenerse en cuenta que también somos grandes consumidores. Todos los estudios de audiencia y consumo demuestran lo mismo: los catalanes nos atiborramos de talk shows y prensa rosa como los que más.

Es por eso último que Andreu Pujol reclama que Cataluña tenga su propio sistema de cultura basura. Que tengamos nuestro kitsch nacional. Una propuesta que no debe entenderse en tono provocativo: es una visión realista de la importancia de la nacionalización de las masas.

A estas alturas de la película, salvo los de Campofrío, ya nadie puede pensar en el patriotismo como algo natural, que emerge de la sangre y la tierra. El sentimiento de pertenencia a un país se crea desde los medios de comunicación, se implanta con el reconocimiento de las lenguas oficiales y con la regulación del imaginario social. Por eso el buen nacionalista catalán nunca debería renunciar a ningún instrumento que ayudara a la conformación de referentes y lenguajes sociales. Los catalanes no podemos renunciar a algo tan importante para tanta gente como la cultura basura.

Cataluña no será un país normal hasta que tenga su propio Gandía Shore. ¿Hay acuerdo en esto?

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