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Así era la asombrosa colección de muebles sexuales de Catalina la Grande

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A Catalina II de Rusia le encantaba el sexo. Tanto que tenía una habitación erótica llena de muebles sexuales

Elena Rue Morgue

27 Julio 2017 17:56

Esta es Catalina II de Rusia, más conocida como Catalina la Grande. Catalina fue la emperatriz del Imperio Ruso entre 1762 y 1796.


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Catalina nació en Polonia, y cuando era una adolescente se casó con el heredero al trono ruso, Pedro III, que ni como marido ni como zar valía para mucha cosa, la verdad. Pedro era incapaz de mantener relaciones sexuales (al parecer por un problema de fimosis), ni tampoco parecía mostrar interés alguno por el sexo, por lo que después de años sin consumar su matrimonio le dio a Catalina permiso para tener un amante. En pocos meses Catalina estaba embarazada, y rápidamente desarrolló una gran afición a los soldados jóvenes.

Además de no cumplir en la cama, Pedro era infantil e irracional, y cabreaba bastante al personal por lo que poco después de acceder al poder el 1761, fue asesinado, y Catalina se convirtió en la cabeza del estado. Sin Pedro incordiando, por fin podía vivir su vida tal y como le daba la gana. Tenía todos los amantes que quería, y no tenía reparo en mostrarse como una mujer dueña de su sexualidad.


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Catalina fue una mujer inteligente y con gran capacidad de liderazgo que dirigió a un país inmenso durante más de tres décadas, algo que a muchos les debía tocar bastante la moral: demasiado segura y poderosa para ser una mujer. Tanto, que se llegaron a inventar historias horribles, como que la zarina falleció mientras un caballo la penetraba, cuando la realidad es que a la mujer le dio una apoplegia estando en la bañera. Slutshaming del siglo XVIII, vaya.

A Catalina le gustaba tanto el sexo que tenía una "habitación erótica", que estaba decorada de arriba a abajo con pornografía deluxe: las paredes estaban decoradas con penes de madera de todas las formas imaginables y pinturas en las que se dice que estaban representadas escenas sexuales de todo tipo (algunas bastante chungas, según se cree, como de pederastia o zoofilia, pero vaya usted a saber). Los muebles, sillas, mesas, escritorios... todos estaban adornados en referencia al sexo.



Prestemos atención a los detalles.



Vale que no es un estilo apropiado para montar una comida familiar en esa habitación, pero hay que reconocer que mola bastante. Claramente era un picadero, pero un picadero con clase.

La habitación fue descubierta por un grupo de soldados alemanes en su palacio durante la Segunda Guerra Mundial. Se quedaron tan pasmados que, en lugar de destruirla, decidieron tomar fotografías del lugar. Solo unas pocas han sobrevivido, y son la única prueba que nos queda de su existencia.

Se cree con bastante certeza que esta habitación quedó completamente destruida en la guerra, pero el artista Dominique Roitel ha reconstruido algunas de las piezas a partir de las fotografías.



Nuevo objetivo en la vida: conseguir un picadero la mitad de guay que el de Catalina la Grande.

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