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Casados con el amor por el rito del anonimato

El cineasta Sébastien Lifshitz publica un libro con fotografías de parejas homosexuales del siglo pasado recopiladas en mercadillos de todo el mundo

En el siglo pasado, el anonimato era el mejor amigo de la libertad. Mujeres y hombres homosexuales se encontraban de forma clandestina para amarse y divertirse, para abrazarse y casarse en jardines traseros, bosques y salones estrechos de la gran ciudad.

Para recordar que no había sido un sueño, algunos se atrevían a inmortalizar esos momentos pulsando el disparador de una cámara, y los carretes revelados se convertían en el mayor mecanismo de visibilidad social. Al contrario de como se solía hacer en la época, estas imágenes nunca iban firmabadas por el dorso, y si había algo escrito eran pseudónimos, fechas o palabras tan íntimas como incomprensibles. Al contrario que las parejas heteroxexuales, sus dueños no podían presumir. Las fotografías habitaban en bolsillos y cajones mientras los amantes seguían con sus vidas ejemplares, con sus maridos, esposas y sus numerosos hijos.

Las diapositivas de aquellos jóvenes casados con el amor por el rito del anonimato han terminado destruidas o en mercadillos de antigüedades y de segunda mano. Sin embargo, hay quienes han ido en su busca y las han recopilado en valiosas colecciones para devolverlas a la vida, y para mostrar una parte de la historia siempre invisibilizada.

Es el caso del fotógrafo y cineasta parisino Sébastien Lifshitz, que ha vivido obsesionado con las fotografías vintage y los álbums de personas desconocidas durante los últimos 30 años. Su colección se compone de imágenes recopiladas por mercadillos de todo el mundo.

Gracias a la reciente edición americana de su libro The Invisibles: Vintage Portraits of Love and Pride, muchas historias de amor secretas, y documentos de la cultura gay de principios a mediados del siglo pasado, han visto la luz. En el libro se muestra la homosexualidad desde otra perspectiva: los protagonistas de estas imágenes no tienen miedo a ser revelados por el film, lo hacen conscientemente y se muestran orgullosos y sin inhibiciones, con las normas de género por los suelos. Son retratos de un carnaval cotidiano, una celebración libre y clandestina en la que no hay rastro de discriminación ni represión.

Todo empezó cuando Lifshitz recorría el mercado de Vanves de París con veinte años. Encontró un álbum de fotos de dos ancianas: “No podía entender la relación entre ellas”, dijo a The Guardian, “¿Eran hermanas? ¿Amigas? ¿Amantes? Le pregunté al vendedor si tenía más fotos de la pareja, y había 10 álbumes más”. El joven Lifshitz compró el lote por 50 francos. Las instantáneas de las ancianas se remontaban más de 30 años atrás, y en ellas no había ni rastro de hijos ni hombres: sólo estaban ellas dos, juntas. “Me di cuenta rápidamente de que eran amantes. La forma en que se abrazaban y se miraban la una a la otra”.

Además del libro, Lifshitz aprovechó sus viajes en busca de material para rodar un documental, Los invisibles, con el que ganó el premio César de Francia el año pasado. El film cuenta la historia de once hombres y mujeres nacidos en el periodo de entreguerras. Aparentemente no tienen nada en común, excepto su homosexualidad y el hecho de haber crecido en una sociedad intolerante. A sus 60 y 70 años, cuentan sus historias personales y las anécdotas de siete décadas de clandestinidad. Y parece que vuelvan a pulsar el disparador.

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