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Calcetines, calzoncillos limpios y 75.000 dólares para Steve Aoki en la noche de la tragedia del Madrid Arena

Gracias a las investigaciones judiciales sobre lo sucedido aquella noche trascienden las exigencias que la estrella de la EDM hizo en su rider

Los riders de los artistas mediáticos siempre generan una morbosa atracción. Si ese rider recoge las exigencias de Steve Aoki para la trágica noche en la que varias personas murieron aplastadas durante su actuación en el Madrid Arena el pasado 1 de noviembre de 2012, el morbo se convierte en otra cosa, mucho más malsana.

La documentación de la investigación que está llevando a cabo el juez Eduardo López-Palop en el juzgado número 51 de Instrucción de los de Plaza de Castilla ha dado a conocer que el DJ se embolsó 75.000 dólares aquella noche, presumiblemente por adelantado, por ese show de algo más de una hora, que no se detuvo pese al fallecimiento de cinco jóvenes.

Más allá de su caché y las negras circunstancias de aquella actuación, las investigaciones también han revelado el listado de caprichos que Aoki exigió en su contrato: una mastodóntica bandera española de seis pies de superficie, dos botellas de vodka de las marcas Grey Goose o Belvedere; una colchoneta hinchable de piscina para lanzarse con ella al público; tres pares de calcetines y otros tantos calzoncillos ‘cortos’; un limón y té verde con leche de soja del Starbucks que tuvo que servirse en el Mercedes que trasladaba al artista hasta el pabellón; una botella pequeña de Listerine para salvaguardar su aliento; un plato de semillas variadas y otro de vegetales crudos; un plato de fruta orgánica y una botella de champán marca Ace of Spades... También tres tartas con la enseña de Dim Mak (su sello discográfico) para estampar en las caras de sus extasiados fans. Mientras, en unos de los túneles de acceso al pabellón fallecían cinco personas por aplastamiento y axfisia.

Entre las peticiones más curiosas encontramos que el artista pidió por escrito “cuatro manos sobrias” que montaran y desmontaran su parafernalia en el escenario. Lo de permanecer sobrios no parece que vaya con él y su equipo.

Todas las demandas de Aoki ponen en evidencia los delirios de grandeza que muchos artistas, y más concretamente los nuevos héroes de la EDM, tienen tanto encima como fuera de los escenarios. Viven en un mundo de mimos y lujos constantes, en su propia burbuja hedonista, ajenos a todo lo que ocurre realmente a su alrededor. Todo se tolera en nombre del espectáculo. Y todo está enfocado a hacer dinero a costa de un público joven cuya comodidad y seguridad no siempre parece importar.

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