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Pokémon Go está trayendo diversión... y también cadáveres, intrusos y atracos

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Shayla Wiggins fue al río a jugar a Pokémon Go. Allí se encontró con un cadáver. Esta es una de las muchas historias siniestras que está trayendo el videojuego del momento

Juan Carlos Saloz

11 Julio 2016 11:09

Antes de comenzar, pongamos el hilo musical necesario para el tema:

Acabas de descargar Pokémon Go. Como fiel seguidor de la saga, llevas esperando esta oportunidad desde que eras un crío. Ahora puedes convertirte en entrenador pokémon mientras recorres tu propia ciudad. Encima es verano. Tienes 19 años y todo el tiempo libre del mundo para cumplir tu objetivo. Así que sales a dar una vuelta con el móvil en la mano, esperando a que el destino ponga un Dragonite en tu camino.

Es temprano y has decidido acercarte al río que está cerca de tu casa para capturar algún pokémon acuático. No te importa si es un Magikarp, cualquiera te sirve. Caminas observando la pantalla de tu móvil, siguiendo la pista de la próxima poképarada. Pero encuentras algo en la orilla.

Un cuerpo.

Un cadáver.

Esta es la historia de Shayla Wiggins.

La joven salió a jugar en Riverton (Wyoming, EEUU) cuando se encontró con el cuerpo ahogado de un hombre de mediana edad. En cuanto lo vio, llamó a la policía y estos vinieron al rescate. Pero Wiggins nunca olvidará por lo que acaba de pasar:

“Estaba muy asustada. Lloré durante bastante tiempo en cuanto lo vi”.


Shayla Wiggins fue al río a jugar a Pokémon Go. Allí se encontró con un cadáver.



El relato de Wiggins es solo la punta del iceberg del lado oscuro de Pokémon Go. La app de moda está revolucionando el mercado de los videojuegos móviles gracias a una mecánica de juego totalmente innovadora. Pero también está provocando algunas historias de lo más controvertidas.

Tal y como informan en The Guardian, Pokémon Go es oro para ladrones. En Missouri, un grupo de cuatro hombres armados utilizó el juego para llevar a cabo sus golpes. Se colocaron en una poképarada aislada, donde varios adolescentes iban para completar los objetivos de la app, y allí les comenzaron a asaltar.

“Usando la geolocalización, los ladrones pudieron anticipar la ubicación y el nivel de aislamiento de sus víctimas”, explica el sargento Bill Stringer, que finalmente los consiguió atrapar.


"Usando la geolocalización, los ladrones pudieron anticipar la ubicación y el nivel de aislamiento de sus víctimas".



Lo cierto es que Pokémon Go da bastantes facilidades para usos fraudulentos. Los jugadores siguen rutas guiadas por lugares emblemáticos a los que se asignan poképaradas o gimnasios, por lo que si vas a una zona simbólica tienes muchas papeletas para encontrarte a un grupo de chavales dándole al Smartphone.

El problema surge de los lugares que escogen para establecer las poképaradas. Aunque la mayoría están en zonas concurridas, muchas otras son aisladas y se colocan en sitios tan lúgubres como cementerios o iglesias.

De hecho, estas últimas han dado lugar a bromas de todo tipo en las redes sociales:


“Mis primeras dos paradas en Pokémon Go fueron en iglesias y pensé que Dios me estaba diciendo algo. La tercera fue en un KFC y ahí supe que Dios tenía toda la razón”.


Más allá de los robos, las poképaradas están provocando problemas de intrusismo.



En principio, la gestión de las poképaradas no tendría que suponer más que curiosidad. Pero, más allá de los robos, las poképaradas están provocando problemas de intrusismo, con muchas personas merodeando por lugares privados. Esto puede ocurrir en comisarías de policía —donde piden a los jóvenes que se queden en la puertao en tu propio hogar.

Esto último es lo que le ocurre Boon Sheridan, de Massachussets.

Tal y como explica a Buzzfeed, Sheridan decidió mudarse a una antigua iglesia fundada en 1800 junto a su esposa y sus gatos. El edificio les gustó por ser muy diferente  a todo lo que habían visto; les daba la oportunidad de vivir en una especie de castillo privado.

Pero, desde que salió Pokémon Go, Sheridan se ha dado cuenta de algo: delante de su casa, decenas de jóvenes se reúnen diariamente. Llegan a todas horas y se quedan mirando fijamente a las paredes del hogar. Él les observa desde la ventana. Son intrusos. Pequeños fantasmas que han llegado a aparecer en medio de la madrugada.

“Nadie se molestó en comprobar si era una iglesia de verdad o una casa”, lamenta Sheridan. Al principio le hizo gracia que su hogar fuera un Gimnasio Pokémon, hasta que vio lo inquietante que resultaba.


Detrás de horas de diversión se oculta un lado siniestro y hasta terrorífico.



Estas historias se suman a los accidentes que está provocando Pokémon Go. El juego se ha convertido en una adicción a los pocos días de su estreno. Todo el mundo está rodeado de pokémons, algo que llega a provocar colapsos constantes en los servidores  y una obsesión que no puede ser sana.

Muchos opinan que es una moda pasajera. Otros que es una revolución que ha venido para quedarse.

En cualquier caso, no hay que olvidar que todas estas horas de diversión también pueden tener un reverso siniestro.


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