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Cuando estos niños duermen, sus sueños huyen

El fotógrafo sueco Magnus Wennman retrata el frágil descanso de los niños refugiados

Una nana, un cuento, un beso antes de acurrucarse entre sábanas y mantas. Cuando un niño se va a dormir, aunque sea a regañadientes, se va contento.  Sólo es necesario un ingrediente: un hogar. Necesita su cama, su casa y su familia. Todo lo que a los niños sirios, que han tenido que huir de su país a consecuencia de una guerra, les falta.

El fotógrafo sueco Magnus Wennman (dos veces ganador del prestigioso World Press Photo), ha visitado los campos de refugiados de Oriente Próximo para c apturar ese instante en el que los párpados infantiles se cierran para huir de la pesadilla.

También ha recorrido las rutas de acceso a Europa fotografiando a niños que no pueden dormir, que parecen reflexionar, perdidos, sobre ese concepto adulto: futuro. Otros son simples bultos tapados con telas, o cadáveres vivos rendidos por el miedo.

Estos son algunos de los retratos.

Tamam, 5 años, campamento de Azraq, Jordania

Tiene miedo de su almohada, piensa que es la culpable de los ataques aéreos que vivió en Homs. Llora cada noche.

Ahmed, 6 años, Serbia

Después de medianoche, Ahmed cae rendido en la hierba. Los adultos hacen planes sentados a su alrededor. Durante el día, el niño transporta su propia mochila. Su tío dice que es muy valiente y que casi nunca llora a pesar de que su padre fue asesinado en Deir ez-Zor, el norte de Siria.

Mahdi, 1 año y medio, Serbia

Sólo ha vivido la guerra. Duerme profundamente a pesar de los cientos de personas que protestan a su alrededor porque los de policías fronterizos les impiden avanzar.

Fara, 2 años, campamento de Azraq, Jordania

A Fara le encanta el fútbol. Su padre intenta hacer pelotas atando la basura que encuentra, pero no le duran mucho. Cada noche, le promete que intentará traerle una pelota mejor.

Abdullah, 5 años, Belgrado (Serbia)

Abdullah sufre una enfermedad de la sangre. Durante los últimos dos días que ha estado durmiendo en las afueras de la estación central de Belgrado. Vio morir a su hermana en su casa, en Daraa. Según su madre, todavía está en estado de shock y tiene pesadillas todas las noches. No tiene dinero para su medicina.

Shehd, 7 años, frontera de Hungría

A Shehd le encanta dibujar, pero más recientemente todos sus dibujos sólo muestran armas. Ahora ya no le quedan papeles ni lápiz, tampoco ha vuelto a jugar. Sus padres dicen que la huida de Siria la ha convertido en adulta, y la ha llevado a estar preocupada todo el tiempo. Sus padres dicen que de haber sabido lo que les esperaba, hubieran optado por arriesgar sus vidas en Siria.

Ahmad, 7 años, frontera con Hungría

En los sueños también hay guerra, el terror se repite en ellos. Ahmad estaba en su casa de Idlib cuando una bomba impactó. La metralla le golpeó en la cabeza, él  sobrevivió pero su hermano menor no. En esta imagen, lleva dos semanas de viaje con su familia. Ha dormido en paradas de autobús, en la carretera y en el bosque.

Ralia y Rahaf, 7 y 13 años, Beirut (Líbano)

Una granada mató a su madre y a su hermano en Damasco. Ahora viajan con su padre, y llevan un año durmiendo en la calle. Siempre duermen juntas.

Walaa, 5 años, Dar-El-Ias (Líbano)

Quiere irse a casa. En Alepo tenía su cuarto propio. Antes nunca lloraba a la hora de dormir, pero ahora tiene ganas cada noche. Su madre a veces construye casitas con las almohadas para que no tenga miedo.

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