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¿Y si Bergman dirigiese películas de superhéroes?

Copiando del libro de estilo del legendario cineasta sueco, Patrick Willems transforma a The Flash, el personaje de DC Comics, en un superhéroe entreñablemente mohíno

¿Qué hubiera resultado de poner al maestro Ingmar Bergman a dirigir una película de superhéroes adaptada a partir de un comic del universo DC? Esa es la pregunta que se hicieron Patrick Willens y Jacob Torpey, y el resultado es En Fläsh. Según la historia oficial de DC Comics, Barry Allen era un policía científico que tenía fama de lento, de pausado y de llegar tarde a todas partes. Una noche, cuando estaba a punto de abandonar su lugar de trabajo, un relámpago que entra por la ventana derrama sobre él una serie de productos químicos. A consecuencia del accidente, Allen descubre que goza de una velocidad y unos reflejos sobrehumanos. Así nació The Flash.

Copiando del libro de estilo del Bergman más icónico de mediados de los 50, el de filmes como El septimo sello o Fresas Salvajes, Willens y Torpey trasforman la velocidad y la vitalidad imposible del personaje original en un Flash mohíno, apesadumbrado, más preocupado por buscar respuesta a sus dudas existenciales que por combatir a los malos. El colorido del comic da paso a una fotografía en blanco y negro que desprende una cualidad onírica. El superhéroe intrépido, propenso a las aventuras, se presenta aquí atrapado en su gravedad reflexiva, esclavo de una psique tumultuosa. “¿Soy demasiado rápido, o no lo suficientemente rápido?”, se pregunta. “¿Soy simplemente un hombre después de todo?”. En el fondo, como en los personajes de Bergman, la dudas de Flash reflejan un temor religioso. Y es que, como dice el protagonista, ni siquiera el hombre más rápido en la tierra puede dejar atrás a la mano gélida de la muerte.

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